La nueva normalidad ya ha llegado a los juzgados, donde este jueves se recuperó la plena actividad al alzarse la suspensión de los plazos procesales, paralizados desde que se decretó el estado de alarma.

Se nota en la madrileña Plaza de Castilla, sede de los juzgados de instrucción y emblema de la actividad judicial de la capital, donde cuatro trabajadores de seguridad custodian la entrada principal y comprueban que quien llega al edificio lo hace con una citación o una autorización judicial, como fue el caso de El Independiente, que el pasado jueves acompañó a María Granizo Palomeque, procuradora de los Tribunales de Madrid y vocal del Colegio de Procuradores, cuando fue a presentar algunos de los escritos paralizados durante meses.

Unos minutos antes de las nueve de la mañana, y a pesar de que llueve con intensidad, la fila de procuradores que espera ante la Oficina de Registro para presentar el «exceso de cabida» (los escritos acumulados) casi excede las dependencias de la calle Poeta Joan Maragall, a la espalda de los juzgados. Pegatinas en el suelo recuerdan la distancia de seguridad. Los saludos entre conocidos, a los que cuesta identificar con la mascarilla puesta, se limitan a cruzar cuatro palabras y algunos gestos con las manos.

María Granizo en la Oficina del Registro de los Juzgados de Plaza de Castilla

Sólo una persona puede entrar al Registro, donde algunos trabajadores llevan, además de la mascarilla, una pantalla protectora sujeta a la frente. En los puestos de recepción de documentos se han instalado mamparas transparentes, además de un cordón de seguridad de tela que impide aproximarse a menos de medio metro. La procuradora Granizo se ve obligada a extender el cuerpo y prácticamente arrojar los escritos en el mostrador de la funcionaria que la atiende. De los cientos de documentos que lleva entre manos, además de un CD, sólo puede dejar alguna demanda. «Hoy se levanta la suspensión, pero cada juez tiene sus normas. Las funcionarias tienen un listado y te dicen éste juzgado coge demandas hoy, este lo hará mañana…así que vuelvo con casi todo lo que vine», explica.

Los procuradores son un eslabón imprescindible en la Justicia, y eso se ha notado durante el estado de alarma cuando han seguido trabajando, igual que los abogados y los jueces, en las causas urgentes que no quedaron suspendidas.

Marcas en el suelo piden respetar la distancia de seguridad.

«Hemos trabajado igual que siempre y hemos arrimado el hombro pensando en el bien del justiciable. El Colegio de Procuradores tiene equipos de guardia de lunes a domingo, hemos creado un gabinete de crisis para resolver todas las dudas que les surgían a los colegiados. Ahora también esperamos que se nos tenga en cuenta y se tomen medidas para eliminar papel, digitalizar más trámites y que no tengamos que pasarnos mañanas enteras esperando», explica María Granizo. Un día después de acompañarla en su labor, el Colegio de Procuradores de Madrid presentaba una queja ante la jueza decana de los Juzgados de Madrid y la consejería de Justicia de la Comunidad de Madrid por las «colas que ya alcanzan los exteriores del edificio» para presentar demandas. Piden que se tomen medidas organizativas urgentes para evitar esta situación «anómala» que sufren.

Ni togas ni recogida de documentos

En el Salón de Procuradores de los juzgados una persona controla la entrada de quienes llegan a recoger las notificaciones que llegan a sus casilleros individuales. Sólo puede entrar con mascarilla, que es obligatoria. Los trabajadores, además, llevan una pantalla de protección y tienen delante una mampara, medidas de seguridad que ha puesto el Colegio, igual que ha hecho test serológicos a sus trabajadores y ha ajustado el precio para colegiados y sus familiares. A quien llega, le piden que se ponga gel desinfectante en las manos antes de recoger sus papeles y hacen entrega de una máscara facial a quien la necesita.

Casilleros individuales donde los procuradores recogen sus documentos

En esta nueva normalidad no pueden estar en la sala más tiempo del imprescindible para retirar documentos, cuya entrega no se admite a abogados ni particulares. En caso de tener que imprimir algún documento o realizar algún trámite urgente, hay otra sala en la tercera planta de los juzgados, junto a la del Colegio de Abogados, con varios ordenadores.

Trabajador del Salón de Procuradores tras la mampara de protección
Turno de oficio de los Juzgados de Plaza de Castilla

Allí se llega pasando por la planta del turno de oficio que ofrece una imagen inusual. Un pasillo vacío donde, durante el resto del año, decenas de personas esperan para hablar con un abogado. El silencio ha sustituido al bullicio habitual. Sólo una mujer espera sentada en un banco junto a dos letrados. Va a entrar a juicio, cuenta que es un asunto económico que se ha dilatado cuatro años y para el que ya había fecha antes del estado de alarma. «Nada urgente ni con preso», aclara su abogada.

Togas en las dependencias del Colegio de Procuradores

Una vez en la sala de trabajo de los procuradores, entre puesto y puesto, dejan un ordenador libre como medida de seguridad. Cuando una persona se va, la siguiente no puede sentarse a trabajar hasta que se desinfecta el teclado y la mesa. María Granizo cuenta que antes de la pandemia éste era un espacio con mucho trasiego de personas. Ahora, no hay nadie. Tan solo togas colgadas que ni abogados ni procuradores pueden utilizar. En la sala contigua de abogados, un trabajador cuenta desde su mesa que nadie ha pasado por allí. «Antes del coronavirus, -cuenta- los abogados se reunían con clientes, repasaban temas, imprimían documentos…Ahora, nada de nada».