«Durante la época de mi bisabuelo, la región se vio atrapada en el Gran Juego entre los imperios ruso y británico. Hoy, los jugadores han cambiado, son India y China. Lo que hemos visto ahora es una nueva edición del Gran Juego». Rinchen Norbu Wangchuk recuerda en The Better India cómo el escenario en el que esta semana se ha librado un duelo de titanes, la difusa frontera sino-india en el Himalaya, debe su nombre a Ghulam Rassul Galwan, un viajero y explorador de Ladakh, a quien el conde de Dunmore, Charles Murray, teniente coronel del ejército británico, agradeció así por haberle salvado la vida al quedar atrapado en la inhóspita región en 1892.

En el valle del río Galwan han muerto este lunes 20 soldados indios y unos 70 han resultado heridos al enfrentarse, sin un disparo, a efectivos chinos. Es el incidente más grave entre las dos potencias asiáticas desde la guerra que libraron en 1962. Cuando el mundo miraba a otro lado, exactamente a Cuba, por la llamada crisis de los misiles, India sufría una derrota histórica frente a China. El escenario vuelve a ser el mismo: el valle de Galwan.

Allí se sitúa la llamada Línea de Control Actual, que se considera de facto la frontera entre China y la India. Son 3.440 kilómetros. Tras el conflicto de hace 58 años, no hubo acuerdo para delimitar una auténtica frontera. En juego están 130.000 km2 por cada lado. Tierras hostiles.

Las dos naciones, los dos países más poblados del mundo, aceptaron la Línea de Control Actual en un acuerdo de 1993. Sin embargo, está mal definida, en parte debido a que atraviesa una de las zonas más inaccesibles del mundo, situada a más de 4.000 metros de altitud.

No es la primera vez que hay choques entre soldados indios y chinos. En 1967 hubo varios muertos en Nathu. En 1975 hubo cuatro muertos en otro incidente en Arunachal Pradesh, zona reclamada por Pekín.

Este lunes, murieron 20 soldados indios y otros 76 resultaron heridos tras unos enfrentamientos en los que estuvieron implicados unos 600 efectivos. China no ha dado balance de víctimas. Una decena de efectivos indios fueron capturados, pero ya están en territorio indio.

Ni un solo disparo

China y la India se culpan mutuamente del choque, en el que no hubo tiros. Los ataques mortales fueron con piedras o barras de hierro. Las patrullas en esta conflictiva zona se hacen sin armas, si bien los soldados las llevan si ven que se exponen a serios riesgos.

India ha acusado a China ese viernes de llevar a cabo «una acción planeada y premeditada» en la parte india de la frontera, según informa The Guardian. Las imágenes de satélite del valle de Galwan, tomadas por Planet Labas, muestran cómo en los días precedentes a los enfrentamientos dan cuenta de un incremento de actividad en el lado chino, donde incluso han hecho una presa en el río. En las imágenes queda claro que los efectivos chinos traspasaron la frontera varias veces.

Los comandantes indios y chinos se encontraron el 13 de junio y los chinos prometieron retirarse dos kilómetros. Pero los chinos, en lugar de hacerlo, plantaron una tienda cerca del Punto de Patrullaje 14. Cuando los indios volvieron, les tendieron una emboscada y como consecuencia de la monumental pelea murieron 20 soldados indios.

Los militares en la zona están negociando para mantener el statu quo. Sin embargo, el ejército indio y la fuerza aérea en Ladakh siguen en alerta. Poco después del gravísimo suceso, el primer ministro indio, Narendra Modi, dijo: «India quiere la paz, pero es capaz de dar una respuesta apropiada cuando la provocan». Y añadió: «Quiero decir al país que el sacrificio de nuestros soldados no habrá sido en vano».

Este viernes el ultranacionalista Narendra Modi señalaba en una reunión con la oposición que las tropas chinas «no cruzaron la frontera, ni capturaron ningún puesto fronterizo». También ha insistido que India «tiene capacidades que hacen que nadie pueda ni siquiera mirar una pulgada de nuestro territorio».

India quiere la paz, pero es capaz de dar una respuesta adecuada cuando la provocan… El sacrificio de nuestros soldados no habrá sido en vano», asegura Modi, primer ministro indio

Modi ha ordenado construir una carretera justo en esa disputada zona, algo que ha molestado a Pekín. Debido a la pandemia, India suspendió unos ejercicios militares en abril y a partir de ahí se han dado varios episodios de escaramuzas.

«Es un punto de inflexión, y habrá consecuencias en la relación. Lo que ha pasado, con tanta sangre derramada, hace que a partir de ahora no todo puede seguir igual», explicaba al Financial Times Nirupama Rao, ex ministro de Exteriores indio y ex embajador en China y Estados Unidos. India puede inclinarse más hacia Estados Unidos.

El juego del Go

En el juego del Go, muy popular en China, los mejores jugadores saben dejar de lado las pequeñas batallas para centrarse en la estrategia. Luego se actúa cuando el rival ha bajado la guardia. China y la India han mantenido relaciones económicas a la vez que dejaban sin resolver disputas territoriales. Y asignaturas pendientes: China no perdona que India acogiera al Dalai Lama, líder espiritual y político de los tibetanos; India ve con recelo la posición de China sobre Cachemira.

Los conflictos en la frontera entre China y la India son recurrentes. En la actualidad los dos gobiernos son muy nacionalistas y dan gran importancia al factor territorial. La prueba es la obsesión india con Cachemira, la región que se disputa con Pakistán, y el objetivo irrenunciable de China a recuperar Taiwán, o a mantener a raya cualquier movimiento separatista, como en Xinjiang.

«La relación que mantienen es ambivalente, de cooperación en lo económico, pero con tensión fronteriza. La única guerra que han librado, la de 1962, fue por la frontera, por territorio. Y China se impuso con gran facilidad», explica Rubén Campos, coordinador del programas en el Club de Madrid e investigador en el Real Instituto Elcano.

En 1962 China quería imponer su superioridad militar y de desarrollo a la India. Ya no sería posible un conflicto porque los dos países poseen armamento nuclear», dice Rubén Campos

«Ahora no podría volver a suceder. En 1962 China quería imponer su superioridad militar y de desarrollo con respecto a la India. Ya no sería posible porque los dos países poseen armamento nuclear y unos ejércitos muy potentes. Ninguno está dispuesto a ceder pero saben que saldrían perdiendo si estalla un conflicto», añade Campos.

China es claramente la gran potencia de Asia, y la India, emergente, lo sabe. Tiene muy vivo el recuerdo de la guerra de 1962, pero la retórica de Modi es mucho más nacionalista de lo que ha sido ningún otro de sus antecesores. Y no puede consentirse que se ponga en duda la soberanía nacional.

Como dice The Economist, en un artículo titulado How to end the perilous Indo-Chinese border spat, es hora de dejar estos juegos: «China es más fuerte pero la India puede buscar maneras de causar daño. Y lo último que el mundo necesitaría es una escalada entre un dragón y un elefante sobre un pedazo de tierra helada». Para ello, sería fundamental un acuerdo sobre esa llamada Línea de Control Actual, que ha de convertirse en una verdadera frontera reconocida por las dos partes.

China busca su sitio después de la pandemia

China y la India son civilizaciones milenarias que solo han perdido protagonismo global en los dos últimos siglos. «Son las civilizaciones más avanzadas, aunque desde la Revolución Industrial ha tomado ventaja Occidente y parece que siempre ha sido así. Pero es excepcional. Y cada vez el peso de estas dos grandes naciones es mayor. Son dos actores clave en el siglo XXI», asegura Rubén Campos.

A juicio de Xulio Ríos, director del Observatorio de Política China, este conflicto latente «tiene mucho que ver con la herencia colonial británica (la línea McMahon es la disputada frontera de la actualidad) y con la sensibilidad que existe en China por el tema territorial. Xi no quiere dar apariencia de debilidad».

China da muestras de una política exterior más asertiva, justo cuando intenta demostrar al mundo que ha controlado los contagios del nuevo coronavirus. A pesar del rebrote en Pekín, China aún cree que puede salir reforzada una vez superada la pandemia. Y lo muestra al aprobar la ley para acallar las protestas en Hong Kong y al plantarse frente a la India en la frontera del Himalaya.

India y China son las dos grandes potencia asiáticas que tienen al frente a dos líderes nacionalistas… En el caso chino, todo lo territorial es relevante. Han perdido mucho territorio desde la Segunda Guerra Mundial», afirma Xulio Ríos

«India y China son las dos grandes potencias de Asia, que tienen al frente dos líderes nacionalistas. Todo lo que tiene que ver en China con lo territorial es determinante. Pensemos que China ha perdido mucho territorio desde la Segunda Guerra Mundial. China quiere cerrar el círculo de decadencia histórica que se inicia con las Guerras del Opio y para ello ha de cerrar los problemas heredades del pasado», apunta Xulio Ríos, autor de La China de Xi Jinping.

«En buena parte de esos conflictos también se dilucida el enfrentamiento con Estados Unidos, que acaba de aprobar una ley para la defensa de Taiwán, por ejemplo», añade el investigador, que recuerda cómo en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2017 de Estados Unidos ya se señalaba cómo China como el gran enemigo y la amenaza para la economía de la superpotencia rival.

Modi y Xi, parecidos razonables

Este duelo de titanes asiáticos se da en un momento en que la segunda potencia económica global, China, está liderada por dos líderes carismáticos y excepcionales en sus respectivos países.

Xi Jinping se está convirtiendo en un neoemperador. Fomenta el culto a la personalidad, más de lo que gusta a muchos dirigentes del Partido Comunista Chino. Ha impuesto un régimen pragmático en lo comercial y muy apegado a los postulados comunistas en todo lo demás.

«Narendra Modi tiene orígenes humildes, su padre ofrecía té en las estaciones de ferrocarril, y sabe cómo usar las redes sociales. Es una combinación de hombre exitoso en lo económico, que fue su gran aval en las primeras elecciones, y nacionalismo. En las segundas ha fomentado el culto a la identidad, el nacionalismo a ultranza», indica Rubén Campos.

Modi y Xi tienen buena relación, a pesar de sus disidencias sobre la frontera. Modi ha visitado la región donde nació Xi Jinping y el líder chino también ha estado en Nueva Delhi. Es un factor que puede influir a la hora de controlar la tensión en la frontera. Modi, muy en línea de mantener buenas relaciones con todos, igual trata con Trump, que lo hace con el régimen iraní.

El siglo de Asia

El siglo XXI es el siglo de Asia. Asistimos a un capítulo de «una revolución geoestratégica de enormes dimensiones, y de consecuencias imprevisibles», en palabras del coronel José Pardo de Santayana, en el Panorama Estratégico 2020, del Instituto de Estudios Estratégicos (IEEE). China es la superpotencia emergente, que reafirma la multipolaridad del mundo.

A su vez, India «al final de la próxima década ya será el Estado más poblado del mundo con un perfil de nación joven y dinámica. Nueva Delhi también aspira a ser reconocida como potencia global», señala Pardo de Santayana. India siempre ha mantenido una política exterior ambigua, con guiños simultáneos a Washington, Pekín o Moscú.

En ese escenario Estados Unidos seguirá desempeñando un papel crucial, pero las naciones asiáticas no aceptarán tutela alguna. «El orden global evolucionará en función de lo que suceda en Asia y los grandes referentes que articulan la sociedad internacional incorporarán elementos de las civilizaciones asiáticas en una realidad más fragmentada que no aceptará valores universales».

La pandemia, que surge en Asia y se empieza a controlar en Asia, acelera la transformación global. Ese duelo en el Himalaya forma parte de la nueva partida de ajedrez que define las líneas maestras de la política internacional. Es el Gran Juego.