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Suecas y guiris, los focos del coronavirus que amenazan al chiringuito español

Los países de origen tradicionales del turismo en España figuran ahora en cabeza en casos y muertos en Europa

Playa Málaga

EUROPA PRESS

Spain for Sure, dice el lema de promoción de España Global en el exterior. España, por supuesto, una España segura y saludable en la nueva normalidad postpandemia. Esta semana han empezado a abrirse las fronteras a los turistas de los países de la Unión Europea, incluido el Reino Unido en pleno proceso de salida. Ni siquiera necesitan cuarentena. El turismo es riqueza en nuestro país. Supone un 12,3% del PIB, según los últimos datos del INE, de 2018. Pero este año hay temor a que aquellos que procedan de los focos europeos de la pandemia puedan traernos nuevos brotes del coronavirus.

En 2019 vinieron a España 83,7 millones de personas. Por nacionalidad, los británicos fueron los primeros en nuestro ranking: 18 millones de personas procedentes del Reino Unido visitaron nuestro país el año pasado. También fueron los que más gastaron: 17.895 millones de euros, según www.statista.com.

Los alemanes (11,18 millones) y los franceses (11,16) figuraron en segundo y tercer lugar en 2019. Es decir, la mitad de los turistas que disfrutaron de España el año pasado procedían de estos tres países. De los países nórdicos procedieron más de 5,5 millones.

Reino Unido es el país de Europa con más número de casos y de fallecidos, según los datos de la Universidad Johns Hopkins. Hay más de 306.000 positivos y se han superado los 42.000 muertos.

Francia ronda los 200.000 casos y los 30.000 difuntos. España e Italia superan a Francia. Y Suecia cada día que pasa acusa más su defensa de la llamada inmunidad de grupo, es decir, descartar el confinamiento estricto y confiar en que se contagie un buen número de población, la menos vulnerable al Covid-19.

España necesita que vengan turistas. La crisis económica en la que ya estamos inmersos será mayor si este sector vital del PIB no se revitaliza. Será imposible llegar a los datos del año pasado, pero al menos se confía en que vengan una buena parte de los turistas europeos que se decidan a salir de sus países. Por ahora son una minoría.

Sin embargo, el temor en muchos sitios turísticos sería que vinieran los más desaforados, los que no han tomado conciencia de que este verano no hay lugar para fiestas multitudinarias, ni conciertos masivos o juergas sin límite.

Los que probablemente vendrán son quienes tienen propiedades en España. También son los británicos los primeros del ranking. Hay en España entre 800.000 y un millón de propietarios británicos. De ellos, 300.000 son residentes. En ellos hay confianza. Saben a qué vienen y de dónde vienen.

En Mallorca muchos alemanes cuentan con segundas residencias también, entre ellos muchos millonarios y famosos, los llamados Promis. Han pasado el confinamiento con ganas de regresar al llamado Land número 17. En un programa piloto, la semana pasada ya aterrizaron en la isla balear los primeros turistas alemanes.

La expectación en España ha sido tal que parecía un nuevo capítulo de Bienvenido Mr. Marshall en versión Willkommen, Frau Merkel. Las autoridades de La Gomera, donde la canciller alemana ya ha estado seis veces como gran aficionada a las caminatas, han invitado a Merkel a que vuelva este verano.

Es menos esperanzador el espectáculo que hemos visto este fin de semana en París con motivo de la Fiesta de la Música. En Francia, donde el número de muertos se acerca a los 30.000, es decir, más que en España, curiosamente se prohiben las reuniones de más de diez persona, mientras que se permiten los conciertos con el llamamiento a la responsabilidad de los ciudadanos.

Si la Fiesta de la Música celebrada en París es un anticipo de lo que veremos este verano, la desescalada se frenará en seco y habrá que volver al confinamiento, como se ha hecho en varios distritos de Pekín por el último rebrote, y en la zona aledaña a la empresa cárnica alemana Tönnes, en Gütersloh, en la Renania-Westfatlia alemana.

La Unión Europea ha optado por coordinarse para abrir sus fronteras interiores de aquí al 1 de julio. En esa fecha España y Portugal han convocado un acto simbólico para marcar el inicio de una nueva etapa en la Península Ibérica, una vez superado el peor momento de la pandemia. Pero ningún país da por hecho que no haya rebrotes, como se ha visto en Alemania, modélica en la gestión de esta enfermedad.

Reino Unido, el principal foco europeo

Este martes, el primer ministro británico, Boris Johnson, anunciará en el Parlamento británico, si se reabren los pubs y la hostelería a partir del 4 de julio. También podrían relajarse la llamada distancia social, que ahora se fija en los dos metros.

El ministro de Sanidad, Matt Hancock, ha confirmado que Inglaterra avanza hacia la desescalada, pero desde el 10 de Downing Street se insiste en que se dará marcha atrás si hay rebrotes.

La gestión del gobierno británico de la pandemia ha sido muy titubeante. Empezó defendiendo la llamada inmunidad de grupo, o de rebaño, con el argumento de la protección de la economía, siempre con atención especial a los más vulnerables.

Sin embargo, los datos forzaron un giro de 180 grados. Coincidieron los peores datos de fallecidos por coronavirus, con el contagio del primer ministro, Boris Johnson. Estuvo en cuidados intensivos y se llegó a temer por su vida. Salió del hospital mucho más prudente en lo que concierne a la pandemia.

El proceso de desconfinamiento va lento en el Reino Unido, porque los datos aún son muy preocupantes. La recomendación oficial es de no salir al exterior todavía. Las compañías de seguros no garantizan los viajes al extranjero.

Desde el 15 de junio, la UE ha levantado las restricciones y cada país opta por permitir la entrada de turistas o no. Francia, Alemania, Italia, Portugal y España se han abierto a la llegada de británicos. En el caso español, sin cuarentena, a pesar de que las medidas no son recíprocas. En Grecia harán prueba del coronavirus a la llegada y si el visitante da positivo ha de guardar una cuarententa de 14 días.

El gobierno británico es partidario de establecer un sistema de «puentes aéreos» con otros países, de manera que se muevan entre países con bajo nivel de contagio por coronavirus.

La duda sueca sobre el ‘laissez-faire’

Suecia es el único país europeo que no ha aplicado un confinamiento estricto. El país escandinavo, con unos diez millones de habitantes, ha confiando en la responsabilidad individual. Así han permanecido abiertos los restaurantes (no la barra), las escuelas y los gimnasios.

Ha potenciado el teletrabajo y ha recomendado mantener la distancia social. El gran defensor de estas medidas es el epidemiólogo-en-jefe, Anders Tegnell, que goza de gran prestigio en el país nórdico. Sin embargo, el número de muertos y contagios es superior al de sus vecinos con lo que entre ellos han abierto fronteras pero han dejado de lado a Suecia.

En Suecia se han registrado casi 60.000 positivos y más de 5.100 muertos. En Dinamarca, por ejemplo, hay unos 12.700 casos y 600 muertos. En Noruega hay 5.700 positivos y 248 fallecidos. En el caso finlandés hay 7.100 personas con coronavirus y han perdido la vida por esta enfermedad 327. Es cierto que los datos son mejores que los registrados en España, Italia, Francia o el Reino Unido.

Y la economía no se resentirá tanto como en otras latitudes europeas. El PIB se contraerá cinco puntos, igual que Noruega y un punto más que Dinamarca. El paro podría llegar al 12%, el doble que antes de la pandemia. Las empresas confían en una recuperación en V.

Si nos encontráramos en la misma situación, creo que haría algo entre lo que hemos hecho los suecos y lo que ha hecho el resto de la UE», dijo Anders Tegnell

El epidemiólogo sueco ha reconocido que hay «demasiados muertos». En declaraciones a la radio pública sueca, Tegnell aseguraba: «Si nos encontráramos en la misma situación, sabiendo lo que sé actualmente, creo que haría algo entre lo que hemos hecho en Suecia y lo que ha hecho el resto de Europa».

En líneas generales, los suecos creen que lo han hecho bien con la educación, al permitir que acudieran a las aulas a los menores de 16 años. De esta manera, los niños se han visto menos perjudicados por las consecuencias de la pandemia, y no se han registrado más casos entre ellos o el sector educativo. Sin embargo, reconocen problemas en las residencias y entre los mayores. Abogan por una revisión del sistema de atención a la tercera edad, muy numerosa en este país nórdico.

El mayor temor es que el ambiente veraniego nos lleve a olvidar que hay que seguir cumpliendo las normas: la distancia social, la mascarilla y la higiene estricta, así como evitar los grupos grandes. En Portugal, uno de los países que mejor ha lidiado con la pandemia, han empezado a registrar más casos entre jóvenes en la región de Lisboa. Lo relacionan con fiestas en las playas.

Fueron las juergas en las jornadas aprés-ski en una localidad del Tirol austriaco las que facilitaron la propagación del nuevo coronavirus en Europa: desde islandeses a alemanes o austriacos se contagiaron tras unas vacaciones en este enclave alpino a principios de febrero.

Habría que aprender de ese descubrimiento: los festejos desaforados son campo de cultivo del coronavirus y empezamos una temporada de alto riesgo para la propagación porque en verano el calor no será suficiente para detener el virus si nos olvidamos de mantener la distancia social. Y los jóvenes, por mucho que lo crean, no son inmunes, y menos aún sus mayores y los más vulnerables de su entorno.

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