Polonia afronta este domingo las elecciones presidenciales más inciertas de los últimos 25 años. Desde el poder, el presidente, Andrzej Duda, avalado por el Partido Ley y Justicia, dominante en el Sejm (legislativo) defiende con uñas y dientes su bastón de mando, el que permite que la democracia en versión Kaczynski siga su vía en este país centroeuropeo. En la oposición, el líder de Plataforma Cívica, el alcalde de Varsovia, Rafal Trzaskowski, que ha logrado llegar a segunda vuelta, todo un éxito impensable hace tan solo un par de meses, cuando fue designado candidato de los liberales.

El resultado se prevé muy ajustado. En la primera vuelta, celebrada el 28 de junio, el alcalde de Varsovia logró superar el 30% de los apoyos, mientras que el presidente superó el 42% pero se quedó lejos de la mayoría que le hubiese evitado una segunda vuelta. La participación rondó el 64%, es decir, votaron 30 millones de polacos.

La campaña electoral en estas dos semanas desde la primera convocatoria ha dejado claro que Duda sabe que se la juega a una carta. El presidente en Polonia puede vetar leyes, y sería la forma de poner freno a las tendencias autoritarias del Partido Ley y Justicia, que maneja en la sombra el ex primer ministro Jaroslaw Kaczynski.

Estos comicios son los más disputados que se recuerdan en Polonia desde el enfrentamiento en 1995 entre el presidente de entonces, Lech Walesa, legendario líder de Solidaridad, y el aspirante, el socialista Aleksander Kwasnieski, quien finalmente resultó vencedor e impidió la reelección de Walesa, todo un Premio Nobel de la Paz. En segunda vuelta Kwasniewski logró un 51,72% de los votos contra el 48,28% de Walesa.

Tradición frente a modernidad

Duda ha dejado claro que defiende una Polonia soberana y proteccionista, tradicional y nacionalista. Arremete contra todo lo que significa injerencia externa, desde Bruselas o desde Berlín. En un país como Polonia, muy castigado por la Historia, este mensaje cala, especialmente en todo lo que no son las grandes urbes.

Trzaskowski, alcalde de Varsovia desde 2018, es un europeísta militante, que se presenta como un político capaz de defender los valores democráticos y de ejercer como presidente con independencia. Su gran caladero de votos son las grandes ciudades como Varsovia o Cracovia, pero es difícil ganar la Presidencia en Polonia sin convencer a los votantes de urbes más pequeñas o a los pueblos.

Para el votante de Duda Trzaskowski está dispuesto a ceder demasiado a Bruselas en detrimento de los intereses de Polonia. También sospecha de su talante intelectual. Trzaskowski es hijo de un músico de jazz y tiene una formación exquisita.

Duda también pertenece a la intelectualidad polaca (es hijo de profesores de Universidad), pero se deja ver en las poblaciones más pequeñas y trata de demostrar que es del pueblo llano, y sobre todo, que es un gran defensor de la familia y de los valores tradicionales, frente a esa revolución LGTBI, que podría llegar con Trzaskowski. Es la derecha identitaria atrincherada.

Por unos miles de votos

El actual presidente cuenta a su favor con un aparato mediático que trabaja al servicio del poder establecido. Para llegar a la Polonia rural contar con la televisión pública es un tanto muy relevante.

Parece tan reñida la contienda que no se descarta que finalmente haya que esperar semanas a saber el resultado. Si los sondeos no fallan, la victoria puede decidirse por unos miles de votos.

Para el candidato liberal ya es un gran éxito haber llegado a la segunda vuelta. Es una prueba más que indica que Polonia no es Hungría», dice Jedrzej Bielecki

«Tienen miedo de perder. Han escondido a Kaczynski y en la campaña Duda ha cargado muy fuerte. Si hay pocos votos de diferencia, podrían revocar el resultado y habría que esperar a que decidiera el Supremo. Para el candidato liberal ya es un gran éxito haber llegado a segunda vuelta. Es una prueba más que indica que Polonia no es Hungría», afirma Jedrzej Bielecki, redactor en el periódico Rzeczpospolita.

Bielecki se refiere a que en Hungría el Fidesz, liderado por el actual primer ministro, Viktor Orban, arrasa en las urnas, y domina el Parlamento. No es el caso de Polonia, donde en estas presidenciales el candidato avalado por Ley y Justicia está peleando hasta el último voto por mantenerse como jefe del Estado.

El electorado de Duda está más convencido de su candidato que los que se inclinan por Trzaskowski. Según una encuesta de Politika, la gran mayoría de los que votan a Duda (con gran respaldo entre los mayores) lo ven ideal, mientras que solo el 26% de los que votarán por el alcalde de Varsovia están plenamente convencidos. Es una muestra de lo heterogénea que es la oposición.

Ayuda a Duda el hecho de que Polonia es el país de la Unión Europea que menos sufrirá los efectos económicos de la pandemia del coronavirus. La contracción del PIB será del 4,6%, mientras que en España será del 10,9%, la mayor de la UE, después de Italia (11,2%), según las previsiones de la Comisión Europea. Polonia está cerca de sobrepasar a Italia en riqueza.

La pandemia hizo que Polonia retrasara las elecciones presidenciales poco antes de su celebración. Este hecho permitió que Plataforma Cívica buscara un nuevo líder, debido a que tenía poca esperanza en su primera opción. El paso a segunda vuelta de Trzaskowski demuestra que su designación ha sido un acierto.

«Ha sido una campaña muy polarizada. Se han cruzado líneas rojas en lo que se refiere al uso en interés partidista de los medios estatales. Por primera vez desde 2015 se enfrenta a un candidato que les plantea el riesgo de perder. Es todo un éxito», apunta Bielecki.

Si ganara Duda, se teme que la calidad de la democracia esté en juego. Habrá más control de los medios y de la oposición. También Polonia es previsible que juegue más duro en la Unión Europea. En todo caso es cuestión de tiempo. Los jóvenes están con los liberales. Pero la sociedad polaca está hoy dividida en dos.