Las próximas elecciones autonómicas en Cataluña deben servir para deshacer el sempiterno empate entre JxCat y ERC, aseguran desde diversos ámbitos del independentismo y el soberanismo catalán. Un desempate que estará, de nuevo, en manos de Carles Puigdemont y Oriol Junqueras. El primero prepara la puesta en escena de su nuevo artefacto electoral para liderar una candidatura que necesitará de un «candidato efectivo» pero contará con su tirón para imponerse en las autonómicas. El segundo afila sus argumentos recién estrenada la libertad que le concede, desde este fin de semana, el tercer grado.

Uno y otro se batirán de nuevo en las urnas, pero esta semana han abierto la precampaña escenificando un deshielo entre los dos líderes del 1-O que se antoja difícilmente creíble. El ex presidente fugado en Waterloo confirmó ayer que han recuperado el contacto, después de tres años en los que la relación, ni epistolar, brilló por su ausencia. El argumento era la prisión que retenía a Junqueras, pero el encarcelamiento nunca fue óbice para que Puigdemont mantuviera el contacto con Jordi Sánchez o los ex consellers de JxCat condenados.

Previamente, Junqueras había asegurado en TV3 que la relación entre ambos pasaba prácticamente por su mejor momento, afirmando que «habla una, dos o tres veces por semana» con Puigdemont, con quien mantiene una relación «muy cordial». Unas afirmaciones no exentas de ironía en el transcurso de la primera entrevista presencial y en directo de Junqueras en la cadena autonómica, en la que reivindicó su paso por prisión y se presentó como la principal víctima de la decisión de llevar adelante el 1-O.

La huida

Tras esa afirmación, Puigdemont reconocía este lunes una primera reunión -telemática- en solitario con el líder de ERC, a la que sumarían otras videollamadas en las que habrían participado más dirigentes de uno y otro partido. El ex presidente ha dejado claro, sin embargo, que no están en la fase de plantear una nueva alianza electoral entre sus partidos. Ni siquiera hablan, asegura Puigdemont, de una nueva coalición gubernamental en Cataluña que el resto de los actores políticos dan por sentada a la vista de las encuestas.

La recuperación del contacto con Junqueras es «muy incipiente», argumentaba Puigdemont. «Creo que la voluntad de los dos y de los que participamos es que estos contactos se vayan incrementando», aseguró el ahora eurodiputado, remarcando que el hecho de que Junqueras esté en prisión y él en el extranjero había creado una distancia insalvable.

Puigdemont hizo estas declaraciones en la presentación de su nuevo libro, «Me explico. De la investidura al exilio» en la que ha explicado que el 27 de octubre de 2017, tras proclamar la independencia de Cataluña, habló con Junqueras en el Parlament. Pero no volvió a hacerlo hasta una semana después, cuando ya se encontraba fugado en Bruselas, porque Junqueras «no pudo venir» a una reunión que el expresidente convocó el 27 de octubre por la tarde.

Puigdemont asegura que aquella reunión era «clave» para que el Govern y las entidades acordasen los siguientes pasos tras la declaración porque no consideraba que tuviera que ser una decisión unilateral suya. Otras fuentes del Govern han hablado de un encuentro posterior, el sábado, en el que Puigdemont habría anunciado su intención de fugarse y habría ofrecido al resto de miembros del Govern la oportunidad de acompañarlo. Una opción que Junqueras rechazó.

Críticas a Junqueras

La apuesta de Puigdemont por el «reencuentro» con Junqueras ha sido cuestionada desde Esquerra porque el ex presidente acusa a Junqueras de haber sido desleal con él precisamente en ese primer volumen de sus memorias del procés que presentó el lunes.

Un golpe que acusan desde Esquerra, pese a que la portavoz del partido, Marta Vilalta, asegurara este lunes que el partido no va a «entrar en una dinámica de reproches» con JxCat y «entre independentistas». Esquerra no valorará «el contenido de un libro», zanjó Vilalta.