El 68º cumpleaños del rey de Tailandia Maha Vajiralongkorn Bodindradebayavaraungkun, que subió al trono en mayo de 2019 como Rama X, ha dado una alegría al español Artur Segarra, condenado a pena de muerte por el asesinato y descuartizamiento del empresario David Bernat. Segarra es uno de los beneficiarios del perdón real con motivo del aniversario de Rama X, un monarca del que están hartos los tailandeses por su conducta disoluta y por su total pasotismo sobre la vida en Tailandia.

Este perdón real es uno de los privilegios que tiene Rama X, que debe su sobrenombre a que es el décimo monarca de la casa real Chakri. Segarra tendrá que esperar a cumplir ocho años en celdas tailandesas para que pueda aprobarse la extradición.

Primero negó los hechos, en enero de 2016, pero luego admitió el asesinato por motivos económicos en una carta al rey en la que le pedía clemencia. Segarra planeó el secuestro del empresario, al que robó unos 20.000 euros de sus tarjetas, lo mató, descuartizó y arrojó al río.

Fue detenido en Camboya, hasta donde llegó en su huida en febrero de 2016. El 20 de noviembre de 2019 el Tribunal Supremo ratificó su condena a la pena de muerte.

Un rey que vive fuera de su reino

¿Quién es el rey Rama X? Hasta que murió su padre, el venerado rey Bhumipol, apenas era conocido en Tailandia porque había pasado la mayor parte de su vida fuera del país.

Educado en Inglaterra y Australia, piloto de formación, se encuentra mejor en Alemania y Austria que en su país natal. De hecho, ha pedido que se reforme la Constitución para poder regir los destinos de Tailandia desde el exterior.

Lo primero que dispuso al subir al trono fue hacerse cargo del control de las bolsas de valores de la familia real, incluidos los fondos depositados en el Commercial Bank Siam y en el Siam Cement, valorados en 6.700 millones de dólares.

Aún vive su madre, la reina Sikirit, que acaba de cumplir 88 años, tan venerada como lo era su padre, el rey Bhumibol, fallecido en octubre de 2016. Durante tres años se respetó al monarca y su sucesor no accedió al trono hasta mayo de 2019.

La ceremonia fue majestuosamente ostentosa. Mil trescientos invitados y un desfile con elefantes que duró seis horas y media fueron el broche de oro de una coronación muy esperada.

Rama X llevaba una corona de más de siete kilos, adornado con un diamante de la India. Los actos costaron más de 30 millones de dólares, según publicó el South China Morning Post.

Tres días antes de la entronización, Maha Vajiralongkorn se casó con una de los miembros de su Guardia Real y novia desde hace un tiempo. Suthida se convertía así en la cuarta esposa de Rama X. En la ceremonia de la boda, se vio a Suthida en una actitud de sumisión propia del Medievo.

Postrada en el suelo a los pies de su esposo, le prometió lealtad, minutos de antes de firmar el acta del enlace, que se celebró en el Salón del Trono Ampornsathan de Bangkok. También el rey vertió agua bendita sobre la cabeza de Suthida.

La boda de Suthida, en la que muestra una actitud de sumisión plena. / EFE

«Un pequeño don Juan»

El día de la coronación ahí estaba Suthida, en el puesto de honor, como reina. Es la última de las cuatro esposas que ha ido acumulando el rey Rama X, de quien su madre decía en su juventud que era «un pequeño don Juan». Apenas dos meses después de su ascenso al trono, y de su matrimonio con Suthida, Rama X elevaba a categoría de Consorte Real a Sineenat Wongvajirapadk, ex enfermera del Ejército y otra compañera sentimental del rey desde hacía tiempo. También se postró ante el rey.

Según la tradición, los reyes tailandeses tienen condición divina y de ahí que haya que mostrarles subyugación. Este rito de la postración se abolió en 1873 por considerarla humillante. El rey Bhumibol, padre de Rama X, la reimpuso con la idea de fortalecer la imagen de la monarquía. Hoy se mantiene como señal de respeto al soberano. Su concubina también se postró ante él al recibir su título.

Apenas unos meses duró la armonía entre la cuarta esposa y la real concubina. Desde 1921 nadie tenía esta distinción. En octubre Wongvajirapakdi fue acusada de intentar dar un golpe contra la reina Suthida. La consorte no se conformaba con su papel y quería a toda costa ser reina. Desobedeció las órdenes del rey, y por esa razón le ha quitado su rango en la corte.

Las mujeres han mantenido muy ocupado al rey Rama X durante la pandemia. Mientras los tailandeses, como la mayor parte de los ciudadanos del mundo, estaban confinados en sus países, y más allá en sus casas, el monarca se atrincheró en un hotel de lujo de Garmisch-Partenkirchen, en Baviera, muy bien acompañado por 20 concubinas.

Según el diario alemán Bild, el hotel había logrado un permiso del gobierno regional para alojar al rey Rama X y su extraordinario séquito. El establecimiento estaba cerrado para otros clientes. El hotel Sonnenbichi pudo hacerlo con el argumento de que se trataba de «un grupo homogéneo de personas sin fluctuaciones».

El activista tailandés Somsak Jeamteerasakul alertó desde Francia, donde vive exiliado, de la forma de proceder del rey. Mientras Tailandia lidiaba con la pandemia, Rama X estaba a buen resguardo, divirtiéndose con las concubinas y montando en bici, otra de sus pasiones, por los idílicos paisajes de Garmisch-Partenkirchen, localidad conocida por sus pistas de esquí.

En el aniversario de su boda con Suthida, Rama X estaba en el hotel con sus concubinas, y la reina, confianda en otro establecimiento en la ciudad suiza de Engelberg.

A principios de agosto Rama X se ha dejado ver en Bangkok. Ha asistido al aniversario de su madre, la reina Sirikit, que ha cumplido 88 años, la mujer que mejor le conoce, a su pesar. El actual rey es su único hijo varón, destinado desde el nacimiento para reinar.

Hasta ahora Rama X contaba a su favor que en Tailandia, donde desde 2014 gobiernan los militares, cualquier crítica contra el monarca puede castigarse hasta con 15 años de prisión según las leyes de lesa majestad.

Protestas insólitas en Bangkok

Pero los tailandeses han superado el miedo y han empezado a salir a las calles, no a pedir una república, sino una monarquía constitucional. Quieren que el rey tenga menos poderes. Aunque la monarquía absoluta se abolió en 1932 en Tailandia, el régimen dista mucho de ser una monarquía con limitados poderes.

En un país donde cualquier conversación sobre el rey hace temblar a los interlocutores ha despertado una población valiente, sin miedo y con mucho arrojo. Una mayoría de jóvenes, muchos de ellos estudiantes, llevan días diciendo «basta» a un rey que vive como un crápula e ignora a su pueblo.

Miles de personas se concentraron el domingo pasado en la capital tailandesa para presionar en favor de recortar los poderes al rey, suprimir la ley de lesa majestad, separar la riqueza personal del monarca de lo depositado en el Registro de Propiedad de la Corona. Quieren, en suma, democracia, y un rey que aporte y no que se esconda a miles de kilómetros de donde están sus obligaciones.

El primer ministro de Tailandia, Prayuth Chan, ha salido a escena para insinuar que el movimiento obedece a los tejemanejes de una potencia extranjera. «La mayor parte de la gente no está de acuerdo (con las protestas)… Hay mucho dinero implicado», asegura «Lo tailandeses no dejarán que nadie acabe con lo que ha creado con tanto ahínco».

A pesar de los riesgos, los tailandeses se lanzaron a las calles desde las redes sociales, donde muchos se preguntaban «¿Para qué necesitamos un rey?», como ya lo hicieron cuando se supo que Rama X se había confinado a miles de kilómetros de distancia con 20 huríes. Al parecer, no estaba la reina Suthida entre ellas.

Lo cierto es que el rey lleva tiempo haciendo méritos para hartar a los tailandeses, que se han unido en torno a eslóganes como «No Dios, no reyes, solo personas». El temor ahora es que la revuelta pacífica se ha reprimida con violencia, como ya ocurrió 1073, 1976, 1992 y 2010. Han despertado al elefante y ahora no hay vuelta atrás. O sí, pero con derramamiento de sangre.