«En el nombre de Dios». Así empieza su comparecencia el embajador del al República Islámica de Irán en España, Hassan Ghashghavi (Babol, 1957), que lleva un año en nuestro país. En el contexto de la reciente tensión entre Estados Unidos y la República Islámica, Hassan Ghashghavi comparece por primera vez ante los medios españoles, ante quienes recuerda al héroe, caído cerca de las inmediaciones del aeropuerto de Bagdad, general Qassem Soleimani, y rinde homenaje a las víctimas del avión de Ukranian Airlines, alcanzado por error por un misil iraní.

Para el embajador está claro que Estados Unidos, en concreto, el presidente, Donald Trump, es culpable de que Irán derribara el Boeing 737-800. «Si no hubieran matado al general Soleimani, y si no nos hubiesen llevado a ese ambiente de guerra, Irán jamás habría derribado ese avión por error».

Precisamente este martes el presidente iraní, Hasan Rohani, ha instado a que se forme «un tribunal especial con un juez de alto rango y decenas de expertos» para investigar el caso del Boeing. Rohani ha calificado como «error imperdonable y doloroso» lo sucedido con el Boeing de la compañía ucraniana.

Como consecuencia del derribo del avión, murieron las 176 personas que viajaban rumbo a Kiev, incluidos los nueve tripulantes. La mayoría de los pasajeros eran iraníes y canadienses de origen iraní. El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, demandó una investigación desde el primer momento y exigió que se compensara a las víctimas. Irán ha anunciado varias detenciones.

Estados Unidos atacó el convoy en el que viajaba el general Soleimani en la madrugada del 3 de enero. Irán respondió con el bombardeo de dos bases en Irak, en las que había soldados estadounidenses en la madrugada del 8 de enero. Una hora después un avión de Ukranian Airlines sufre lo que primero se calificó de accidente.

Finalmente, el régimen iraní, que no entregó las cajas negras a la compañía fabricante, la estadounidense Boeing, reconoce el 11 de enero que el avión había sido derribado debido a «un error humano». Cientos de iraníes salieron a las calles enfurecidos con los dirigentes, quienes, a su juicio, habían estado ocultando lo que había sucedido.

Irán es el primer país del mundo que en tan poco tiempo ha reconocido el error y la responsabilidad sobre el derribo del avión ucraniano», afirma Hassan Ghashghavi

«En este tipo de accidentes no pueden determinarse las causas en un solo día. Irán es el primer país del mundo que en tan poco tiempo ha reconocido el error y la responsabilidad. En otros casos han tardado más días, incluso meses o años. El accidente ha sido revisado en el sistema de defensa antiaérea, luego al mando mayor de las Fuerzas Armadas y finalmente las conclusiones han sido remitidas al Consejo Superior de Seguridad Nacional. Por eso tardamos tres días. Ya se han empezado a estudiar los aspectos judiciales de la cuestión. Irán ha ofrecido su cooperación a Canadá, Ucrania y todos los países relacionados para realizar una investigación completa», señala el embajador en la legación en Madrid.

Los iraníes han salido a las calles indignados por el hecho de que las autoridades iraníes no reconocieran de inmediato el derribo del Boeing. Hubo protestas en las universidades de Teherán.

Protestas en las universidades

«Las protestas empezaron en las universidades porque algunos estudiantes perdieron a sus compañeros. Dentro de las universidades no ocurrió nada. La policía no puede entrar en los recintos académicos. Hubo intentos de llevar esas protestas a otros lugares de manera ilegal. En estas manifestaciones sí hubo actos violentos de manera parcial. La policía siempre está ahí para controlar la situación. Pueden ver en YouTube cómo nuestra policía actúa con contención», añade el diplomático.

Hassan Ghashghavi recuerda cómo no son muchos los que asistieron a estas protestas: no fueron más de mil personas, según su estimación. «Ha habido exageraciones sobre la presencia en las protestas. Fueron mil personas a estas protestas y a los funerales por Soleimani acudieron millones en Teherán. No es nada comparable la presencia de la gente en el adiós al general y en las protestas», señala el embajador y recuerda que la despedida al general fue retransmitida en vivo al mundo.

Hassan Ghashgavi nos cuenta cómo ha sido periodista, editor jefe de El Mensajero de la Libertad, en sus inicios profesionales. Estudió Derecho. También fue diputado, embajador en Suecia y en Kazajstán, portavoz en el Ministerio de Asuntos Exteriores, y viceministro en este departamento. Presentó sus credenciales ante el rey Felipe VI en febrero de 2019.

Sostiene el embajador iraní que la realidad en su país es muy distinta a cómo la dibuja el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien en su Twitter habla de que el cambio ha llegado a Irán, e incluso lo escribe en farsi.

«Nosotros claramente reconocemos el dolor de la protesta estudiantil, porque esos jóvenes han sentido la muerte de sus compañeros. Los entendemos. Los iraníes están preparando para celebrar el acto religioso de los 40 días del asesinato del general Soleimani. Mi previsión es que habrá entre 40 y 50 millones de personas, digamos millones de personas asistirán a este homenaje. Habrá más personas que en el funeral», remarca el diplomático. Con ironía señala que está a la espera de qué tuit escribirá entonces el presidente Trump.

Soleimani, «promotor de la paz»

El general Soleimani, que estaba a cargo de la fuerza Al Quds, era de facto el número dos del régimen de los ayatolás. Desde que llegó al poder el ayatolá Jomeini, el general Soleimani estuvo del lado de la Revolución Islámica. Estaba a cargo de la expansión de la Revolución Islámica en el exterior.

El embajador ha explicado cómo el general Soleimani había sido invitado por el primer ministro iraquí. Su visita era de carácter civil, según el diplomático.

Tenía previsto verse con el jefe del gobierno de Irak horas después de aterrizar en Bagdad. «Había llegado a Irak para promocionar la paz y ayudar a la distensión», señala el representante de la República Islámica de Irán en España.

La tensión llevaba ya al máximo entre Estados Unidos e Irán, y el escenario del pulso era Irak, un país cuyo control se disputan los ayatolás y los aliados de EEUU en la zona. Perdió la vida un contratista estadounidense en un ataque de las Brigadas de Hezbolá, los aliados de Irán en Irak. EEUU respondió con cinco bombardeos en Irak y Siria en los que murieron 25 personas.

Después del entierro de estas víctimas, miles de milicianos y civiles iraquíes arrojaron el 31 de diciembre piedras, hicieron fuego y profirieron gritos de «Muerte América» ante la embajada de EEUU en Bagdad. Incluso irrumpieron en el recinto. Aquello encendió las alarmas en Washington.

El recuerdo del ataque a la legación en Trípoli ante el que se quedó impávida Hillary Clinton, secretaria de Estado, actuó como un resorte para Mike Pompeo, actual jefe de la diplomacia de EEUU, y gran defensor de la política de puño de hierro contra Teherán.

EEUU aseguró que el general Soleimani preparaba el ataque a varios objetivos estadounidenses. Incluso el presidente Trump se refirió a cuatro legaciones. Sin embargo, el secretario de Estado de Defensa, Mark Esper, reconoció que no había datos en este sentido. Irán mantiene que el general Soleimani fue asesinado en un acto contrario al Derecho Internacional.

El Acuerdo Nuclear como una paella

Esta crisis entre Irán y Estados Unidos data de antes de la llegada del Sha al poder. Pero el último capítulo en este siglo XXI empieza cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decide abandonar en mayo de 2018 de forma unilateral el Acuerdo Nuclear, suscrito por su antecesor, Barack Obama. Alemania, Francia y el Reino Unido mantienen la importancia del pacto alcanzado con Teherán.

Sin embargo, justo este martes Francia, Alemania y el Reino Unido, los tres países europeos que suscribieron el acuerdo en 2015, junto con Rusia y Estados Unidos, han activado por primera vez el llamado mecanismo de resolución de disputas, lo que puede concluir con el abandono del acuerdo y la vuelta a las sanciones, si no se resuelven las diferencias. Irán también anunció, tras el asesinato del general Soleimani, que dejaría de respetar sus compromisos, sobre todo los límites fijados para el enriquecimiento de uranio.

El embajador ha confesado que tiene un vínculo personal con el Acuerdo, ya que fue testigo de cómo se fraguó en el sultanato de Omán, cuando él era viceministro de Asuntos Exteriores. Pone como ejemplo del efecto económico del levantamiento de sanciones el caso de España: el balance comercial entre España e Irán pasó de 600 millones de euros a 2.600 millones.

Según expone Trump, el objetivo de esa ruptura del Acuerdo Nuclear es debilitar la capacidad defensiva de Irán. Sin embargo, aclara el diplomático, el efecto es de unos 200.000 millones dólares anuales, es decir, va mucho más allá de los 13.000 millones dedicados a defensa en la República Islámica. «Sufre especialmente el sector privado, industrias necesarias como la farmacéutica», señala Hassan Ghashghavi.

El embajador iraní no descarta que el Acuerdo Nuclear pueda reeditarse de alguna manera, o mantenerse, pero la clave ahora es Trump.

«El Acuerdo Nuclear es como una paella. Tenemos la paella, la paellera, pero nos faltan los ingredientes. Los ingredientes los tiene todos Trump», afirma el diplomático.

Lamenta Hassan Ghashghavi que los europeos estén tan preocupados por que Irán cumpla los compromisos. «Si la otra parte los cumple, Irán lo hará. El Acuerdo Nuclear no es un callejón sin salida, es una autopista», añade.

«Política con los derechos humanos»

Los iraníes se han quejado en las calles por la pasividad del régimen iraní, en contraposición a la rápida reacción del primer ministro canadiense, Justin Trudeau. «Todos los gobiernos tienen presión de la opinión pública. Es algo natural», señala.

Y el embajador da una pista muy relevante sobre la mentalidad de los iraníes. «Ninguna presión externa hará que Irán cambie de posición. Jamás el gobierno de Estados Unidos va a lograr eso».

Los iraníes vieron, según relata el embajador, cómo el presidente Trump amenazaba con destruir 52 enclaves culturales de Irán. Podría ser Persépolis o la tumba de Ciro El Grande. «Si alguien amenaza con destruir la Alhambra, por ejemplo, imagine la reacción de la población española, y de los dirigentes», apunta hábilmente.

En ese clima de tensión prebélica, los iraníes cometieron un error «imperdonable», según dijo ayer el presidente Rohani. «Si no hubieran matado a Soleimani, no se habría creado ese ambiente de guerra. Fue ese ambiente de guerra, originado por Trump, lo que nos llevó a cometer un error que de otra manera jamás habríamos cometido», remarca Hassan Ghashghavi, quien culpa «al aventurerismo de Donald Trump» del derribo del Boeing de Ukranian Airlines.

Al no reconocer de inmediato la verdad de lo sucedido, hubo protestas. Las vigilias por los muertos se transformaron en gritos contra el régimen de los ayatolás. En una concentración en la universidad de Teherán, detuvieron durante media hora al embajador británico, en un acto que el Foreign Office calificó como una violación de las leyes internacionales.

Según Tehéran, estaba participando en las protestas. El embajador asegura que fue a la vigilia (hay tres británicos entre los fallecidos del avión). Al ver que se proferían gritos contra el régimen, quiso marcharse cuando fue arrestado.

Sobre la represión de estas protestas, y sobre todo de las que tuvieron lugar en noviembre, el representante de la República Islámica de Irán en España afirma que su gobierno está interesado en que se esclarezcan los hechos, a la par que atribuye a Estados Unidos los datos manejados por la agencia Reuters, que cifraba en 1.500 los muertos violentamente en noviembre, y Amnistía Internacional que señala que fueron más de 300.

«Ningún país cumple de forma estricta con el respeto a los derechos humanos. Ninguno lo hace con los derechos de las mujeres. Todos tenemos que esforzarnos. Pero hay que separar los derechos humanos de los juegos políticos. No pueden utilizarse los derechos humanos para hacer presión política», sentencia el embajador, quien apunta que fue miembro de la Comisión de Derechos Humanos en el Parlamento de Teherán.

Incluso justifica que los iraníes protestaran contra la subida del combustible en noviembre pasado. Era una indignación que tiene su origen en las consecuencias de las sanciones, a su juicio. «Pero luego hay gente que busca otros objetivos».