Donald Trump aún puede ser presidente de Estados Unidos. El sprint final de esta carrera electoral está siendo de infarto, y de ahí el maratón que libraron los dos candidatos en el final de campaña. Las últimas encuestas dan una ligera ventaja a la candidata demócrata, Hillary Clinton, en voto popular, pero esta vez la Casa Blanca se juega en un tablero de ajedrez formado por 11 swing states, esos estados que varían al decantarse por uno u otro partido según la elección. Los estadounidenses del este ya han comenzado a votar, entre ellos Hillary Clinton, que lo hizo en Chappaqua, Nueva York, junto a su marido, el ex presidente Bill Clinton. «Espero ganar… Hay una gran responsabilidad en juego», dijo la ex senadora.

También el candidato republicano ha depositado su voto en Nueva York acompañado por su mujer, Melania Trump. El empresario ha sido recibido entre abucheos a la entrada del colegio electoral en Manhattan, donde ha votado entre estrictas medidas de seguridad poco después de que dos mujeres protestaran contra el magnate neoyorquino quitándose la camiseta. El candidato republicano confía en dar la sorpresa y alzarse con la victoria y ha dicho sentirse «muy bien» con los datos que comienzan a recabarse ya en los distintos colegios electorales.

El equipo de campaña de Donald Trump ha presentado una denuncia por supuestas irregularidades en Nevada, uno de los estados que puede resultar decisivo. En concreto, por una supuesta prolongación del periodo de votación durante la fase previa. La denuncia, que ya ha sido rechazada, iba dirigida contra el registrador de votantes del condado de Clark, Joe P. Gloria, a quien los republicanos acusan de mantener abierto la semana pasada un centro de votación «dos horas más del tiempo designado».

Si el millonario neoyorquino consigue Florida, donde el resultado es muy ajustado aunque ligeramente favorable a Clinton, y Ohio, que parece claramente bajo dominio republicano, aún tendrá esperanza de llegar a la Casa Blanca, y habrá que estar atentos a Michigan, New Hampshire, y Pensilvania.

Si fuera Trump el más votado en los mismos estados en los que ganó Mitt Romney en 2012 y además vence en Florida (29), Ohio (18) Colorado (9) Iowa (6) y New Hampshire (4), tendría opciones. En Ohio y Iowa es fácil que se imponga Trump, pero no lo será tanto en Colorado y New Hampshire, uno de los estados más disputados a última hora.  Así conseguiría 272 votos electorales.

Florida es una pieza imprescindible para el millonario neoyorquino si quiere dar jaque mate a la reina Hillary

En otro escenario que le daría como vencedor, Trump conseguiría Florida y New Hampshire, pero perdería Carolina del Norte. Necesitaría ganar en Wisconsin, Iowa, Colorado, Nevada y por supuesto Ohio. Tendría en este caso 273 votos electorales.  Otro escenario curioso sería el empate a 269 votos electorales. En ese caso decidiría la Cámara de Representantes, que tendría mayoría republicana, por lo que ganaría Trump. El vicepresidente sería elegido por el Senado, de modo que podría darse el caso de que cada uno fuera de un partido.

Las posibilidades de Trump para lograr la Presidencia pasan de este modo por ganar en Ohio, Florida y también Carolina del Norte. Si suma Iowa y logra Virginia o Michigan, donde intensificó sus actos en la recta final, tendría al alcance de su mano la Presidencia. Sus posibilidades son menores que las de Clinton: según Nate Silver, quien ha sido el barómetro de esta campaña, Clinton cuenta con un 70% de posibilidades de victoria y Trump con un 30%.

En todos los escenarios Florida es una pieza imprescindible para el millonario neoyorquino si quiere dar jaque mate a la reina Hillary. Y en el llamado estado soleado podríamos revivir aquella pesadilla que fue noviembre del año 2000. Too close to call».  «Demasiado ajustado para decidir un vencedor». La letanía se repetía una y otra vez durante horas. El recuento en Florida se eternizó y finalmente se decidió por 500 votos, y muchas suspicacias, en favor del candidato republicano, George W. Bush, frente al demócrata Al Gore, que había sido vicepresidente de Bill Clinton. Los 25 votos electorales de Florida -ahora son 29- dieron entonces la Presidencia a Bush, hijo del presidente George Herbert Walker Bush, que precedió a Bill Clinton en la Casa Blanca. Gore consiguió medio millón de votos populares en todo el país más que el gobernador de Texas, quien superó por un voto los 270 votos necesarios para llegar a la Casa Blanca.

Florida, clave para conquistar la Presidencia, ha sido uno de los escenarios que más han pisado los candidatos en la recta final de su campaña. Es el más significativo porque cuenta con 29 votos electorales, junto a California (55, demócrata), Texas (38, republicano) y Nueva York (29, demócrata) de los más poblados. Conquistar Florida sería para Trump un hito (votó por Obama en 2008 y 2012, tras la derrota de Al Gore por la mínima en 2000, volvió a ganar Bush en 2004). Para Hillary Clinton sería una de las llaves a la Casa Blanca. El voto anticipado da esperanzas a la candidata demócrata, ya que se ha visto incrementada la participación entre los hispanos respecto a años anteriores. Según los sondeos, los puertorriqueños, inmigrantes de nuevo cuño, en su mayoría jóvenes, pueden ser vitales en el recuento a favor de la ex senadora.

En la última predicción de YouGov, en Florida vuelve a darse un «too close to call«, con un empate al 45% entre Trump y Hillary. Aún así en esta última encuesta previa a la jornada electoral, Clinton lograría imponerse a Trump, aunque perdiera Florida y Ohio porque ganaría, entre los llamados swing states, o estados péndulo, Nevada, Wisconsin, Colorado, Carolina del Norte y Pensilvania. New Hampshire, donde ha cerrado la campaña Trump, es un estado con datos muy ajustados, y sería vital para la victoria de Clinton.

Si se diera un empate a 269 votos electorales, sería la Cámara de Representantes quien decidiera y la mayoría es republicana

Otra de la últimas predicciones de la víspera electoral fue la de Larry Sabato, director del UVA Center for Politics, que anticipaba que Hillary Clinton sería la primera mujer presidenta de EEUU con 322 votos electorales y Donald Trump lograría 216. Sabato incluso apostaba por que los demócratas recuperarían la mayoría del Senado por el voto de calidad del vicepresidente tras un empate a 50 senadores. Nate Silver también apuesta en su página fivethirtyeight por la victoria de la ex senadora por Nueva York por 3,5 puntos porcentuales en el voto popular. Según Nate Silver, a última hora se decantan por Hillary Clinton Nevada, Carolina del Norte y Florida. Nevada es la más claramente decantada por Clinton.

De acuerdo con los datos de Larry Sabato, Clinton lograría finalmente Florida. Según Sabato, autor de The Kennedy Half Century, «Florida nos indicará si la noche será o no larga. Cerca de dos terceras partes han votado por anticipado de modo que el recuento no tiene por qué durar mucho. Si Clinton gana por dos o tres puntos, y declaran su victoria pronto, a Trump se le pondrán las cosas difíciles.

El fin de semana, víspera electoral, estuvieron en Florida Trump y Hillary Clinton. El presidente Barack Obama también ha apoyado la campaña de la candidata demócrata con mítines en el llamado estado soleado. Curiosamente de Florida procede Marco Rubio, que aspira a revalidar su puesto como senador y que fue rival de Trump en las primarias republicanas. Rubio representaba la opción de la América conservadora más moderna y conectada con la gente más joven.

Junto a Florida, otro estado cuyos resultados son muy significativos es Ohio con 18 votos electorales. Desde 1964 quien llega a la Casa Blanca ha ganado en Ohio. Puede ser la primera vez en 52 años que se rompe esta dinámica electoral. La vez anterior fue en 1960 cuando Ohio votó por Richard M. Nixon frente a J.F. Kennedy. En las escasas ocasiones que este estado no ha acertado ha sido porque ha optado por un candidato republicano y ha ganado un demócrata. Los sondeos indican que Trump cuenta con una ligera ventaja en Ohio, un punto en la última encuesta de YouGov.

Puede ser la primera vez en 52 años que Ohio rompe con su dinámica electoral y no vota por quien gana finalmente la Presidencia

Las elecciones es donde mejor se ve cómo esta nación es una confederación de 50 estados y el Distrito de Columbia, cuya población acude a las urnas para designar al presidente de todos ellos. Cada estado tiene asignado un número determinado de electores según su población y son ellos los que deciden quién será el presidente. Salvo en En Maine y Nebraska, todos los electores se asignan a quien gane la mayoría de los votos asignados. De ahí que puede darse el caso de que un candidato logre más votos populares en todo el país pero no sea presidente porque no logra superar los 270 votos electorales. El Colegio Electoral se compone de 538 electores, en virtud del número de senadores (100) y de miembros de la Cámara de Representantes (435) más tres votos del distrito de Columbia.

El sistema es indirecto, aplica la norma según la cual el ganador se lleva todos (the winner takes it all) y el recuento es por estados, no a nivel nacional. Mañana, día laborable en Estados Unidos, es la jornada final de este proceso porque en muchos estados se puede acudir a las urnas de forma anticipada. Además, está en juego la mayoría en el Senado, toda la Cámara de Representantes y una serie de referendos, algunos curiosos como el uso de preservativos en películas porno en California. Es la madre de todas las batallas electorales. Y este año ha sido una auténtica batalla campal, que ha dejado el país con una fractura como no se recuerda en décadas.

Si las redes sociales escogieran candidato, Hillary Clinton sería la próxima presidenta de EEUU, según los datos recogidos por SpredInsights, suyo análisis destaca los mensajes positivos de la candidata demócrata superan los de su oponente republicano. Sólo en los estados de Ohio y Florida los datos son parejos.

Clinton gana puntos con el voto nacional

En el voto nacional la candidata demócrata, Hillary Clinton, ha ido recuperando fuelle en las últimas jornadas sin llegar a despegarse del republicano Donald Trump más de seis puntos en la mejor de las opciones. Se sitúa entre tres y seis puntos, en las principales encuestas nacionales de las que se hace eco Politico. A mediados de octubre llegó a estar a 11 puntos. El escándalo de los correos electrónicos, que ha sido su talón de Aquiles toda la campaña, dañó seriamente sus opciones cuando el 28 de octubre el director del FBI, James Comey, anunció a los congresistas que había nuevos correos electrónicos relacionados con la ex jefa de la diplomacia que la agencia consideraba pertinente analizar. El impacto de la noticia tuvo eco en los sondeos que registraron empates e incluso una ligera ventaja del millonario neoyorquino en el voto popular.

El domingo por la noche Comey reconoció que no habían encontrado nada en los mails que inculpara a la candidata demócrata. Aún así Trump siguió acusando a Clinton de ser la candidata más corrupta de la Historia y amenazó de nuevo con que irá a la cárcel si es presidente. «Es culpable. Ella lo sabe. El FBI lo sabe», sentenció el domingo Trump.

El candidato republicano seguirá dando la batalla, pase lo que pase tras la jornada electoral. Si gana, ha prometido que Hillary Clinton pagara por el uso de su servidor privado y su dirección particular en el escándalo de los correos electrónicos. Si pierde, es capaz de no reconocer la derrota, lo que generaría una incertidumbre insólita. Trump ha creado un movimiento, el trumpismo, que puede marcar un antes y un después en el Partido Republicano. Querrá mantener vivo el movimiento pero será demasiado arriesgado poner en peligro los cimientos de la estabilidad democrática. Si hay algo en lo que coinciden los estadounidenses, después de esta agotadora campaña electoral, es que quieren que acabe ya. Según un sondeo del Huffington Post, el 81% de los estadounidenses se declaraba «harto» de la campaña ya en octubre. Otra encuesta de Gallup revelaba que lo más determinante a la hora de votar no es la orientación política o la experiencia del favorito sino el rechazo al otro candidato.

El 81% de los estadounidenses se declaraba ya «harto» de la campaña en octubre

El lunes el magnate cerró campaña primero en Manchester, New Hampshire, donde también estuvo el presidente Obama. «En este país no tienes que nacer rico para cambiar el curso de la Historia… el mundo nos está mirando. Hemos de demostrarles que no somos mezquinos», dijo Obama, antes de salir hacia Filadelfia, donde presentó a quien fuera su rival en las primarias en 2008. Después Trump concluyó la jornada en Michigan, y allí volvió a insistir en que su rival nunca debería haber sido candidata porque es «la más corrupta de la historia». Hillary Clinton pasó el día en un maratón de estados y se despidió en el Independence Hall de Filadelfia, en un guiño histórico a los Padres Fundadores, arropada por Barack y Michelle Obama, su marido Bill Clinton y su hija Chelsea. Obama clamó: «Si me votasteis a mí, hacedlo ahora por Hillary».  Su ultimísimo acto tuvo lugar poco después en Carolina del Norte, uno de los codiciados swing states.

Decía Benjamin Franklin que «un camino de mil millas empieza por un solo paso». Hillary Clinton ha recorrido más de mil millas para alcanzar la Casa Blanca. «Los mejores días están por delante… Hagamos historia, Filadelfia», clamó la candidata demócrata. Si hoy es elegida presidenta, será la primera mujer en la Casa Blanca en 240 años. Ex primera dama, ex senadora, ex secretaria de Estado, Hillary Rodham Clinton hará historia, si las urnas, y Donald Trump, lo permiten.