Ceuta lleva casi un mes intentando recuperar la normalidad después de la entrada masiva de personas que se produjo entre el 30 de julio y el 1 de agosto. Aquella situación obligó a desplegar a cientos de agentes de la Guardia Civil y Policía Nacional y a movilizar también a las Fuerzas Armadas para apoyar el dispositivo. Desde entonces, las organizaciones profesionales denuncian que quienes están sosteniendo la respuesta sobre el terreno lo hacen en condiciones de elevada exigencia, con jornadas prolongadas, problemas de alojamiento y alimentación y, ahora, una alerta sanitaria por casos de sarna.
El pasado martes 4 de agosto, el ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, cifró en 72.000 personas la entrada masiva de migrantes por Ceuta. La dimensión del episodio llevó a adoptar medidas extraordinarias sobre los propios efectivos. La Guardia Civil suspendió la concesión de nuevas vacaciones, permisos y licencias en las comandancias de Ceuta y Melilla para garantizar la cobertura de los servicios, mientras que la Comandancia General de Ceuta ordenó cancelar los permisos de sus militares destinados en la ciudad desde el 13 de agosto, salvo excepciones justificadas.
El dispositivo no se limita a vigilar la frontera. La Guardia Civil ha tenido desplegados al Servicio Fiscal y de Fronteras, Servicio Marítimo, Policía Judicial, USECIC, GRS, unidades territoriales y refuerzos llegados de otras comandancias. Según la AUGC, estos efectivos están realizando tareas de “contención, canalización, rescate en el medio marino, identificación, filiación, custodia, traslado y atención inicial” de las personas llegadas a Ceuta.
Militares "extenuados y reventados" y sin alimento
Los militares, por su parte, están desempeñando fundamentalmente una función de apoyo. Marco Antonio, representante de la Asociación de Tropa y Marinería Española (ATME), explica a El Independiente que los soldados se encargan de recoger a los grupos de inmigrantes, trasladarlos en vehículos del Ejército y ponerlos a disposición de la Policía Nacional y la Guardia Civil. “La labor de nuestros compañeros desplegados es la de recoger a esas personas y llevarlas ante los agentes. Nada más y nada menos", explica.
Una tarea que, según relata, se ha llegado a producir durante jornadas especialmente largas. “Han estado a 14 y 16 horas continuadas”, señala Marco Antonio. Algunos militares, añade, apenas dormían cuatro o cinco horas. La situación llegó a tal punto que ATME reclamó el envío de refuerzos desde la Península porque los efectivos estaban “extenuados, estaban reventados” confiesa.
La asociación asegura que posteriormente, y tras la aparición de informaciones sobre el estado en el que se encontraban los militares desplegados, la situación comenzó a aliviarse con la llegada de nuevos contingentes. También mejoró la alimentación, ya que la asociación denunció que las raciones de alimentos para los desplegados era insuficiente. “Ahora la gente está comiendo bien dignamente, o sea, está comiendo dentro de la normalidad”, explica el representante de ATME.
"Un retrete para setenta policías"
Además, durante los primeros días el alojamiento se convirtió en uno de los principales problemas. El acuartelamiento de los militares que habitualmente residen fuera de las instalaciones provocó que los cuarteles tuvieran que absorber de golpe a un número de personas muy superior al habitual.“¿Dónde metes a dormir a 500 personas cuando tienes camas para 100?”, se pregunta Marco Antonio.
El problema no fue exclusivo del Ejército. La Confederación Española de Policía (CEP) ha denunciado las condiciones en las que fueron alojados los policías nacionales desplazados a Ceuta para reforzar el dispositivo. Según la organización, algunos agentes fueron instalados en dependencias del Regimiento Mixto de Artillería número 30 que estaban previamente sin uso y fueron acondicionadas de manera apresurada.
La CEP denunció que había funcionarios durmiendo en pequeñas estancias o directamente en el suelo, rodeados de literas, taquillas, maletas y material. En una de las plantas, según su denuncia, había unos 70 policías y “un retrete para que lo compartan más de 70 compañeros”. También denunció problemas en las duchas, suministro intermitente de agua caliente, falta de climatización, ventilación insuficiente y ventanas deterioradas o rotas.
Para las asociaciones, el problema de fondo es que el Estado ha exigido a los efectivos un esfuerzo extraordinario sin haber acompañado siempre ese despliegue de los medios necesarios. Y ahora la preocupación ha saltado del descanso y el alojamiento a la salud.
Un "riesgo biológico"
El 19 de agosto, la AUGC registró ante la directora general de la Guardia Civil un escrito de “comunicación formal de riesgo” por la exposición a agentes biológicos que, según denuncia, están soportando los guardias civiles desplegados en Ceuta. La asociación describe contacto físico directo y prolongado durante sujeciones, cacheos, auxilios y traslados; contacto con sangre, vómitos, heces, orina, saliva y secreciones respiratorias; trabajo en espacios saturados; manipulación de ropa, mantas y efectos personales potencialmente contaminados; intervención en el medio marino y recuperación de cadáveres.
La AUGC reclama EPI, protocolos específicos, vigilancia dela salud, vacunación y medidas de higienización. Y advierte de que “la prevención de riesgos laborales no consiste en reaccionar cuando ya hay contagiados: consiste en evitar que los haya”.
La sarna entre los militares: "Nos ven como animales"
El problema se ha hecho especialmente visible con la sarna. El Ministerio de Defensa ha confirmado 24 militares contagiados en Ceuta, pertenecientes al Grupo de Regulares número 54. Las asociaciones militares cuestionan las condiciones de las instalaciones donde se alojaron y piden explicaciones sobre el origen de los contagios.
Marco Antonio es especialmente crítico con la explicación oficial que desvincula los casos del contacto con las personas llegadas a la ciudad. “Nosotros no hemos dicho en ningún momento que el contagio venga directamente de los inmigrantes, pero alguien tiene que dar explicaciones”, sostiene.
Su argumento es que también se han registrado casos entre policías y guardias civiles que no habrían dormido en esas instalaciones. “¿Dónde se han contagiado los policías nacionales y el Guardia Civil? Porque ellos no han estado durmiendo en instalaciones en desuso. Entonces, no cuadra, no cuadra por ningún sitio”, afirma. ATME ha pedido por escrito saber “dónde, cuándo, cómo y de qué manera” se contagiaron los militares.
La asociación sostiene además que las condiciones de las instalaciones merecen una explicación propia. Marco Antonio denuncia que se trata de dependencias en desuso y cuestiona que los militares hayan tenido que permanecer allí en esas condiciones. “Usted me está diciendo que los militares somos —y me van a perdonar la expresión— como animales, que nos pueden tirar donde les dé la gana y tratarnos como les dé la gana”, afirma.
Las mafias intentan traficar con migrantes
Mientras los agentes intentan sostener el dispositivo, las organizaciones dedicadas al tráfico de migrantes también han encontrado una oportunidad de negocio en el nuevo escenario. La Policía Nacional ha desarticulado dos redes que presuntamente se dedicaban a trasladar a personas desde Ceuta hacia la Península.
En una de las investigaciones, los integrantes de la organización ofrecían los viajes clandestinos por hasta 9.000 euros por persona. En otra, siete migrantes fueron trasladados en una embarcación de apenas cinco metros de eslora y dos de manga, sin chalecos salvavidas ni medios adecuados de seguridad. El precio del trayecto habría ascendido a 8.000 euros por persona, según la investigación.
La Guardia Civil también ha detectado intentos de salida directa por mar. Según AUGC, una patrulla frustró en los acantilados de La Sirena la salida de una embarcación con siete migrantes y dos presuntos patrones que pretendían poner rumbo a la Península.
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