“El populismo no decapita, desangra”. Lo dice en el documental El pueblo soy yo. Venezuela en populismo, que se estrena este jueves 11 en Madrid, el intelectual mexicano Enrique Krauze, productor de la obra. Carlos Oteyza, director de esta reflexión audiovisual sobre el líder bolivariano, y Krauze han buscado en el origen de Chávez claves que puedan servir de guía a quienes buscan antídotos a un fenómeno que amenaza los cimientos de la democracia en el mundo. Las calles de una Venezuela en la miseria prueban cómo efectivamente el populismo engendra la destrucción incluso en países inmensamente ricos.

La imagen que mejor revela en qué se convirtió Chávez es su rostro reproducido en todas las cadenas de televisión venezolanas. “Me gusta la cadena. Estaría todo el día en cadena”, decía en una ocasión en Aló Presidente, su programa dominical. Aquel general que intentó llegar al poder con un golpe fallido en 1992, pasó dos años en la cárcel y luego vio que había un camino en las urnas. Logró ganar las elecciones en 1998. A partir de ahí se fue transformando en un autócrata hasta su muerte en marzo de 2013. Su sucesor, Nicolás Maduro, siguió su estela y terminó de hundir a uno de los países con mayores recursos petrolíferos del mundo.

Decía que él era su pueblo y su pueblo era Dios. Chávez se presentaba como un Dios para su pueblo. Un Dios ubicuo que repartía pisos o expropiaba, según su voluntad. En el documental Oteyza nos muestra un líder carismático, mesiánico, dotado de grandes dotes escénicas, a quien el pueblo veneraba como una figura divina.

Chávez, abrazado a una anciana, como un Cristo con la Virgen, parecía en trance. Mientras tanto, la estructura productiva del país se iba desmantelando. Con el precio del petróleo alto hubo para repartir, cuando bajó, sobre todo con Maduro, no quedó nada y el pueblo tuvo que huir. “Maduro es el sepulturero del sistema que crea Chávez”, señala Krauze.

Oteyza y Krauze han asistido en Madrid al estreno mundial del documental. Han tardado tres años en gestarlo y no lo han hecho en la clandestinidad, pero sí “calladamente por la cábala”, confiesa Oteyza. Confía en exhibirlo en Venezuela. Oteyza, historiador, cuenta en su haber con una trilogía documental titulada Caracas. Crónica del siglo XX, El Reventón, y los largometrajes Tiempos de Dictadura y Tiempos de Marcos Pérez Jiménez.

Chávez llega en un momento de necesidad de cambios pero ofrece un discurso simple para problemas complejos”, dice Oteyza

Explica Oteyza que Venezuela, como país petrolero, es más proclive al populismo. “El petróleo es un factor de riesgo para la democracia. Muchos países petroleros son autocracias. Venezuela era uno de los pocos países petroleros democráticos. Chávez llega en un momento de necesidad de cambios pero ofrece un discurso simple para problemas complejos. Además tiene para repartir gracias al petróleo. El dinero de la corrupción lo daré, dice. Como si no hubiera un problema cultural, de ciudadano que paga impuestos y demanda al Estado”.

Ernesto Krauze y Carlos Oteyza, productor y director de 'El pueblo soy yo', en Madrid.

Enrique Krauze y Carlos Oteyza, productor y director de ‘El pueblo soy yo’, en Madrid.

Chávez promete redención y la vuelta a una época dorada de la independencia. “Reivindica al pueblo, como populista. El pueblo soy yo. Es el líder que no hace necesaria la participación ciudadana. Chávez representa la épica de la nación”, añade el director venezolano.

De ahí su culto a Simón Bolívar, hasta el punto de cambiar el nombre del país, República Bolivariana de Venezuela, o la propia imagen del Libertador, como si fuera un antecesor de Chávez, según expone el documental. También Chávez ordenó la exhumación de los restos de Bolívar para investigar si había muerto asesinado, como era su teoría.

Las conspiraciones también son terreno abonado para el populismo. Al morir Chávez de cáncer, también se difundió desde el régimen bolivariano la tesis de que había sido envenenado.

“Hay un problema real de crisis de la democracia. El cambio económico, los avances tecnológicos, desubican al ciudadano. Por eso los que llaman a regresar a lo que se perdió porque las élites se apoderaron de todo. Los populistas achacan el problema de los cambios a las élites, de nuevo respuestas simples a problemas complejos”, remarca el director e historiador venezolano.

Recuerda el documental aquel primer intento de asalto al poder del comandante Chávez, en 1992, contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez. “Un golpe nos parecía del siglo XIX. Habíamos vuelto a la democracia en 1958. Pero la democracia hay que cultivarla todos los días y regarla con agua distinta porque cambian las condiciones. Muchos se ilusionaron con un militar que iba a poner orden, y luego le apoyaron en las elecciones”.

En Cómo mueren las democracias Steven Levitsky y Daniel Ziblatt explican precisamente cómo ya no son golpes militares los que acaban con las democracias sino líderes que ascienden al poder en las urnas y desde el poder socavan las instituciones. Chávez, que se dio cuenta de que necesitaba las urnas para legitimarse al principio, es uno de los referentes del populismo en el mundo.

Españoles con el chavismo

En la época dorada hubo reparto y se elevó el nivel de vida, explica Oteyza, pero se sabía que aquello terminaba con la bajada de precios del crudo. “Muchos españoles vieron cómo se elevó el consumo y el reparto, pero sabían que aquello venía de los altos precios petroleros y que se acabaría. Esos españoles que apoyaron al chavismo saben que el salario de un profesor ahora es de 20 dólares, y que si tienes una enfermedad, no grave, puede ser letal”.

Según Oteyza, los líderes de Podemos participaron en una Venezuela que ya no existe. “Vivieron el nuevo auge, un auge que no invirtió, no se incentivó al empresariado, se expropió y eso atemorizó a la gente, a unos porque perdían lo que tenían y otros porque no iban a invertir”.

Ya en los 70 sufrió Venezuela la llamada enfermedad holandesa, la crisis de los Estados que dependen de un solo recurso. “Con la siguiente crisis Chávez se hizo fuerte y demonizó a los opositores, se apoderó de las instituciones democráticas, los medios de comunicación y llevó al país al colapso”.

El éxodo

El modelo del chavismo ya se había visto que no era válido. Con los precios bajos del petróleo era inviable mantenerlo. Maduro en lugar de rectificar el curso, insistió en el error. “Todos los venezolanos, también el pueblo que apoya al chavismo, sufren la carestía,  no encuentran medicamentos… Algunos de los que han huido creían en el chavismo, pero como no podían sobrevivir se fueron”.

En Yo soy el pueblo pueden verse las interminables colas de venezolanos, los supermercados con escasos productos, la gente buscando en la basura y comiendo lo poco que encuentran. Son escenas que Oteyza y su equipo han rodado con paciencia y discreción en los últimos tres años.

El chavismo alude a la guerra económica para explicar la actual deriva. “Nadie fracasa en su negocio para hundir al país. Es una ecuación insostenible. La guerra económica la creó el propio gobierno al crear inseguridad al inversor”, señala Oteyza.

El director venezolano se ve incapaz de atisbar una salida a la crisis actual que vive su país. “Lo que sí creo es que ha de estar unida al reencuentro de los venezolanos. La experiencia que hemos vivido hemos de asumirla como un error compartido, en la que unos han tenido más responsabilidades que otros. La reconstrucción del país requiere la unión de los que apoyaron al régimen, los opositores, los militares, la iglesia, y de los que han salido, que han realizado un máster de competencia fuera”.

En Venezuela necesitamos más ciudadanos que pueblo. La ciudadanía es la célula de la democracia”, dice el director

“El discurso populista trae votos. Lo vemos en todas partes. La democracia exige reexaminarse. En el caso de Venezuela, necesitamos ciudadanos más que pueblo. La ciudadanía es la célula de la democracia”, concluye Oteyza, con ganas de que su obra se exhiba en Venezuela, como todas sus películas hasta ahora.

Yo soy el pueblo es una llamada a esos ciudadanos, no solo venezolanos, también españoles que tendrán la posibilidad de ver el documental antes que en otros países, para que estén atentos a la llegada de salvadores de la patria y para que actúen como garantes de la democracia. Quien dice que encarna el pueblo, en Venezuela, Estados Unidos, España, Italia o Hungría, usurpa al ciudadano sus derechos y deberes a cambio de una protección basada en mentiras.


‘El pueblo soy yo. Venezuela en populismo’ se estrena el jueves 11 de octubre en los cines Yelmo Ideal y Plenilunio en Madrid. También estará en salas en Barcelona, Tenerife y Gran Canaria.