// TODO: Revisar qué hace the_post_thumbnail_creditos Colas de venezolanos en los supermercados de Caracas.

Los venezolanos aguardan horas en colas para abastecerse en los supermercados de Caracas. EFE

Política

Sálvese quien pueda de la Venezuela de Nicolás Maduro

El 'paquetazo rojo', o las reformas económicas del presidente, siembran el desconcierto y empujan a más familias al éxodo

Los venezolanos sobreviven este mes de agosto de susto en susto. Empezaron el día 4 con un intento fallido de golpe contra el presidente Maduro con drones, rodeado de misterio. Siguieron con un paquete de medidas económicas, mágicas para Maduro y enloquecidas para la oposición. Y esta semana vieron temblar la tierra como si ni siquiera las fuerzas telúricas aguantaran tanta presión.

La broma macabra que circula en las redes sociales es que el seísmo que se sintió en gran parte del país tiene que ver con los miles de ciudadanos venezolanos que abandonan a pie, en autobús, o como pueden el país. El llamado paquetazo rojo de Maduro, en especial la creación del bolívar soberano con cinco ceros menos que el llamado bolívar fuerte, el incremento del 3.000% del salario mínimo y el ajuste del precio de la gasolina, ha creado desconcierto, parálisis y por último desconfianza.

“Nadie se lo esperaba. Cada vez que anuncian nuevas medidas, entramos en tensión… Tenían la estrategia preparada hace meses porque los billetes tienen fecha de enero. Primero dijeron que quitarían tres ceros, luego cinco. El aumento de sueldo provocará cierres masivos. Van a controlar las nóminas de las empresas, con la excusa de hacerse cargo de los pagos, pero lo que harán es intervenir y expropiar”, nos cuenta desde Maracaibo Nando Urdaneta, editor de video.

Coincide con este punto de vista María (nombre ficticio por temor a represalias) quien subraya cómo el gobierno “apuesta por el caos para hacerse con el control de todas las empresas”. A su juicio, “el anuncio más importante es que el Estado se hace cargo de las nóminas durante 90 días para cubrir la diferencia con el salario antiguo. Es una puerta abierta a la expropiación. Y todo se va a la ruina cuando ellos entran en las empresas”.

Para muchos, como María, que aún puede abastecerse con divisas, la cuestión de la salida se impone por la falta de seguridad y de una salud y una educación para sus hijos con unos mínimos básicos. Le pesa enormemente convertirse en emigrante como lo fueron sus padres y abuelos. En su entorno profesional, de unos 5.000 trabajadores quedan unos 300. En su familia, de origen español, ya apenas quedan miembros allí. Su hermano ya tiene casi las maletas hechas para establecerse en Valencia en otoño.

Les conviene mucho la diáspora; así se va la gente pensante, que es una piedra en el zapato del régimen”, afirma una venezolana

El Gobierno de Maduro va a hacerse con las nóminas y también va a exigir a los empleados tener el carné de la patria. “Incluso se ha dicho que para salir del país habrá que tenerlo. Es una forma de presionar para que la gente se vaya lo antes posible. Les conviene mucho la diáspora; así se va la gente pensante, que es una piedra en el zapato del régimen”, añade María.

Otros no han tenido suerte y han vuelto con mayor desesperanza. No es fácil empezar de nuevo en otro país y menos aún si se parte pasados los 50, o sin raíces y contactos. También ha quienes no se plantean salir porque han perdido en el camino a alguien muy querido y desean seguir su lucha para conseguir una justicia que nunca llega.

Un éxodo imparable

Pero desde que está Maduro en el poder, en 2013, cada vez son más los que salen de Venezuela, de tal manera que comienza a hablarse del mayor desplazamiento forzoso de personas en la historia de América Latina. Según la ONU, son 2,3 millones en los últimos años. Oficiosamente se habla de cuatro millones, de una población de 30. Aún el símil con Siria, de donde salieron seis millones de personas de una población de 20, es exagerado pero va camino de no serlo tanto.

Ecuador acaba de convocar una cumbre de migración el 17 y 18 de septiembre. Quito ha invitado a Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Chile, México, Perú, Paraguay, Panamá, República Dominica, Uruguay y también Venezuela. Ecuador empezó a pedir pasaporte pero un tribunal ha revocado esta decisión y ha dado 45 días a Exteriores para buscar una solución.

Comienza a brotar la xenofobia en algunas zonas más pobres, en Brasil, por ejemplo, donde ya hay 50.000 venezolanos. La diputada de Voluntad Popular Gaby Arellano pide que se hable de “crisis de refugiados”, no de éxodo. La ONU ha formado un equipo para abordar la crisis de forma multilateral.

Venezolanos salen del país con sus pertenencias rumbo a los países vecinos.

Cientos de venezolanos se desplazan a pie por la Panamericana. EFE

Los cálculos oficiosos hablan de cuatro millones de venezolanos que ya viven fuera de su país, más del 10%. En Colombia, el país más cercano con el que comparten más de 2.300 kilómetros de frontera difusa, hay más de un millón. Y ahora Colombia es el punto de partida hacia otros países latinoamericanos como Ecuador o Perú.

Este flujo no va a parar con el paquetazo rojo de Maduro, sino que se va a acelerar. Ecuador empezó a exigir pasaporte el 18 de agosto, decisión ahora revocada durante 45 días. Desde el sábado 25 lo hace Perú.

La víspera, miles se encaminaban hacia Perú desde Ecuador por la Panamericana para entrar con los papeles de identidad. Venezuela hace meses que no expide pasaportes, sino que entrega a los que lo solicitan un justificante que indica que está esperando la renovación. María, madre de dos hijos, quiere salir del país antes de que expiren los pasaportes de sus hijos, el verano próximo. Así les ocurre a muchos venezolanos, atrapados por un sistema cada vez más controlador.

“Las medidas económicas son inconstitucionales. Usurparon las funciones de la Asamblea Nacional y del Banco Central de Venezuela, con lo que agregan incertidumbre a la situación. Anclar la moneda al petro, una moneda inexistente que nadie reconoce en el mundo, es una locura”, señala Tomás Páez, autor de La voz de la diáspora venezolana.

“La devaluación y el control de precios llevará a un cierre de empresas más grande aún y va a disparar el éxodo a ritmos más rápidos”, prevé el experto. Paéz dice que los bolivarianos también salen del país, que se marchan confundiéndose con la auténtica diáspora.

En una encuesta llevada a cabo a finales de 2017, la mitad de los venezolanos de edades comprendidas entre los 18 y los 29 años y el 55% de los que aún pertenecen en la clase media dicen que quieren dejar el país. De los que desean marcharse, dos terceras partes aluden razones económicas para hacerlo, según se hace eco The Economist.

David Smilde, experto en Venezuela de la Universidad de Tulane en Nueva Orleans y asesor principal de la Oficina de Washington para Latin America, organización no gubernamental de derechos humanos, apunta que “el éxodo que estamos viendo ahora es causada principalmente por las condiciones económicas y sin duda este nuevo fracaso va a aumentar la migración”.

Saben que la huida de gente de clase media opositora les facilita consolidarse en el poder, pero da una imagen de Estado forajido”, dice David Smilde, del WOLA

Si bien Smilde no cree que sea algo buscado por el Gobierno venezolano. “Por un lado, saben que la huida de gente de clase media opositora le facilita consolidarse en el poder. Por otro lado, el éxodo le está causando muchos problemas. En términos de imagen, les debilita y les muestra como un Estado forajido. También se quedan sin muchos funcionarios y dejan el aparato del Estado a medio gas. A todo gobernante le interesa, aunque sea autoritario y viole los Derechos Humanos, le interesa tener población, de la que extraen valor y poder. Que se vayan millones les debilita”, explica el experto.

A la asfixia económica se suma la represión política, recrudecida desde el intento fallido de golpe, y la criminalidad. Venezuela es el país que no está en guerra con mayor índice de muertes violentas. La purga que se preveía tras el ataque con drones del 4 de agosto ha convertido al diputado Juan Requesens, de Primero Justicia, en el objetivo a mano del régimen bolivariano.

En prisión desde hace más de dos semanas ni sus abogados ni parientes pueden verle. Hay otras 42 personas implicadas, según el régimen, que apunta al ex presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, y al ex presidente colombiano, Juan Manuel Santos, como autores intelectuales.

Maduro, el ‘mago’ de los números

Sin haberse superado la conmoción de este nuevo giro político, llegó el abracadabra de Maduro con los números. Nada más anunciarse las medidas la semana se inició con una jornada festiva y los bancos cerrados, el lunes 20. A continuación tres partidos opositores, la Causa R, Voluntad Popular y Primero Justicia, convocaron un paro. Sin embargo, era tal la confusión que nadie sabía si los comercios estaban cerrados en protesta por las medidas o por no saber qué hacer. Este sábado convocó una marcha de protesta el Frente Amplio.

Reina una tensa calma pero han echado combustible a una llama encendida”, comenta un venezolano que saldrá en breve

“Los empresarios no tienen ni idea de cómo afrontar el tema del salario. Algunos han decidido quedarse a la espera y no abrir. Reina una tensa calma. No soy economista pero han echado combustible a una llama encendida. Habrá más escasez y más inseguridad. Yo ingreso en dólares, pero aún así no siento que mi familia esté a salvo. Lo hago por mis hijas”, señala Manuel (nombre ficticio), quien podrá salir con facilidad gracias a su pasaporte español por ser descendiente de emigrantes.

Los transportistas no sabían qué precios aplicar a los viajeros. Pararon los primeros días a la fuerza. Finalmente, el jueves el gobierno fijó los precios en un bolívar soberano. Antes costaba el equivalente a 10 céntimos de dólar soberano, pero ahora la moneda más baja es de 50 céntimos y pocos venezolanos la han visto. El billete de menos valor es de dos bolívares soberanos (200.000 bolívares fuertes).

La devaluación respecto al dólar en mercado secundario ya se ha hecho notar. En el mercado oficial el dólar soberano se anclaba al petro, criptomoneda cuyo valor es el precio del barril de petróleo, 60 dólares ahora, pero a finales de esta semana ya se vendía a 90 dólares o incluso más de 100.

Una imagen muy gráfica de la devaluación del bolívar desde que llegó Maduro al poder en 2013 la ofrece el economista Girish Gupta en su cuenta de Twitter. Si usted hubiera comprado un millón de dólares en bolívares en 2013, ahora tendría el equivalente a 3,4 dólares.

El salario mensual era hasta ahora de un dólar. Quienes no reciben remesas o cobran por algún trabajo para empresas extranjeras en dólares están condenados a pasar hambre. Cáritas lo ha suscrito en sus últimos informes con datos alarmantes de desnutrición infantil. En muchas familias, un 60% de los casos observados, “son las mujeres la que sirven de amortiguador del deterioro alimentario familiar”.

Los jubilados, entre los más empobrecidos en el país, ahora también han recibido con sorpresa el anuncio de que no recibirán su pensión esta semana sino el 1 de septiembre. Para muchos, es vital ese ingreso para medicamentos o alimentos básicos. En declaraciones a Venepress, muchos pensionistas aseguran que han de gastarse más de lo que perciben como jubilación en fármacos, y que este retraso les perjudica seriamente.

Hay mucha gente confundida, y los pensionistas aún más. Muchos van con una lista de equivalencias para entenderse con el marasmo del llamado nuevo cono monetario. Estos días de gran inquietud muchos han esperado horas para pagar en las cajas de los supermercados con el fin de abastecerse mínimamente. Prevén que pronto las estanterías estarán aún más vacías.

David Smilde subraya cómo las medidas anunciadas por Maduro son contradictorias y por ello, aunque por sí solas podrían ser aplicables, en su conjunto no harán más que acentuar el proceso hiperinflacionario y el desabastecimiento.

“Cambiar la moneda podría ser clave para superar la hiperinflación, siempre y cuando se genere confianza y no se financie el déficit emitiendo dinero no respaldado por reservas o algún otro bien. Si el respaldo es el petro, moneda no reconocida, respaldada por el petróleo, que fluctúa en dólares… Difícil imaginar que no van a emitir dinero inorgánico con esa descomunal subida del sueldo mínimo”, afirma.

Esa subida de sueldo con un déficit enorme aumenta más el déficit, así que fácilmente recurrirán a emitir más dinero no respaldado en reservas o un patrón fiable. Y sobre el ajuste del precio de la gasolina, según Smilde, “sería una politica positiva, ya que mantener la gasolina subsidiada es altamente regresivo. Pero parece que será una forma de control político porque la gente que registre su coche y tenga el carné de la patria accederá a subsidios. En un contexto de hiperinflación, a menos que se ajuste el precio diariamente, esto no va a ayudar”.

Hacia la catástrofe alimentaria

Maduro se ha limitado a sacar un conejo de la chistera, pero con él poco más se puede esperar, según un artículo tajante de The Economist. “Con otra persona en la Presidencia, habría posibilidades. Un presidente competente salvaría parte de la terapia de Maduro, como la devaluación, y añadiría nuevos remedios. Las empresas han de poder fijar los precios y tener garantías jurídicas. El bolívar debe estar respaldado por un banco central independiente, o quizá reemplazado por el dólar. Así ganaría credibilidad y lograría apoyo financiero para negociar un ajuste con el FMI. Podría renegociar su deuda”, señala el semanario británico. “Nada de esto es imaginable con Maduro al frente. Venezuela necesita reformas reales, no un abracadabra”, sentencia.

Con otra persona en la Presidencia, Venezuela tendría posibilidades… de emprender reformas reales”, dice ‘The Economist’

Es algo que percibe el venezolano en su día a día, cada vez más difícil de afrontar. “En dos o tres semanas habrá una catástrofe alimenticia aún mayor. Ahora hay poco pero pronto no habrá nada de nada. Los comercios no podrán abastecerse”, señala Nando Urdaneta, de 34 años. En Maracaibo donde reside son frecuentes los cortes de luz. Durante semanas puede haber una sola hora de electricidad.

“Pensar en salir. Cada año me pongo de meta diciembre para decidir. Llevo así dos años. Pero nos buscamos excusas para no irnos”, señala el joven editor, que vive con su madre y una hermana. En su caso se va arreglando con algunos ingresos en divisas y la casa propia. Muchos, como Nando, aluden a que los venezolanos siempre esperan a que suceda algo que les salve y todo cambie de un día para otro. Y, como si formulara un sueño, concluye: “Esperamos y esperamos, no ya a que caiga, a tumbarlo…. Y a festejarlo”.

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