“Es un narcisista que solo mira por su propio interés”. Es el dictamen del juez Michael Snow que ha declarado culpable de violar la libertad condicional a Julian Assange, el fundador de WikiLeaks, la organización que pasará a la Historia por difundir informaciones clasificadas sobre la guerra de Irak y Afganistán en 2010.

Quien fuera el gran quijote global en lucha contra los grandes poderes ocultos ha salido a la fuerza de su guarida tras casi siete años de encierro en la embajada de Ecuador en Londres. Julian Assange (Townsville, 1971) gritaba “resistencia, resistencia” cuando fue arrestado el jueves por la policía británica. “Su detención prueba que nadie está por encima de la ley”, aseguraba el Gobierno de May.

Hay una orden de extradición por conspirar contra el Gobierno cursada desde EEUU y en Suecia puede reabrirse un caso de violación, inicio de una huida que le ha llevado al límite, a una autodestrucción incontrolable.

De destapar abusos y torturas en Irak y Afganistán, o ayudar a las primaveras árabes, ha pasado a creerse en un ser superior capaz de avalar causas, que suelen beneficiar a Rusia y su presidente, Vladimir Putin.

La acusación por conspirar, por la que le reclama EEUU,  puede llevarle a cinco años de cárcel. Pero Assange teme que, si le juzgan allí, le acusarán de espionaje y alta traición, con riesgo de que le ejecuten.

Ni siquiera Julian Assange podía imaginar aquel 19 de junio de 2012 que ese edificio de Knigtsbrigde donde se ubica la embajada ecuatoriana sería su cobijo durante casi siete años. Llegó, con el pelo teñido de rojo, disfrazado de mensajero, y el Gobierno de Rafael Correa le permitió quedarse.

Como publicó El Independiente, el diputado de Podemos Txema Guijarro facilitó las gestiones para que Assange encontrara protección en la legación ecuatoriana en Londres.

Desde que se difundieron los miles de cables sobre la guerra de Irak y Afganistán, en 2010, con ese arranque que puede verse en el video Collateral Murder, vivía con temor a que le espiaran y le atraparan.

El soldado Manning, hoy Chelsea Manning, fue condenado a 35 años por la filtración que facilitó a WikiLeaks, aunque luego fuera perdonado por el presidente Obama. Manning ha vuelto a ser condenado por no colaborar con la Justicia en la investigación sobre WikiLeaks.

En 2006 Assange creó WikiLeaks, “un proyecto de educación masiva”, en sus propias palabras. Su objetivo era desvelar “cómo se comportan en realidad las instituciones humanas modernas”, según aseguraba en una entrevista en noviembre de 2015 en El País.

Nómada digital

De formación autodidacta, Assange pasó gran parte de su infancia como un nómada por Australia. Sus padres trabajaban en un circo ambulante. Con su madre huía de su padrastro de un lugar a otro. Frecuentó decenas de colegios y universidades.

A los 18 años fue padre y reclamó la custodia de su criatura. En 1995 fue acusado varias veces por sus actividades como hacker.

Despertó el interés de Suelette Dreyfus, una investigadora sobre el poder de internet, y juntos publicaron Underground, que se convirtió en un best-seller entre los interesados en programación. Para Dreyfus, Assange era un investigador “dotado de gran talento y con un gran interés por la ética y la justicia”, según publica BBC.

Su misión al frente de WikiLeaks en 2010, sin embargo, se vio alterada por dos acusaciones de dos mujeres suecas, una de acoso y otra de violación. En agosto, cuando estuvo en Estocolmo para impartir una conferencia, habría cometido estos delitos.

Uno ha prescrito pero el de violación se dejó de lado por cuestiones logísticas y puede reabrirse. Si Suecia cursa una euro-orden tras rendir cuentas en el Reino Unido, Assange podría acabar en Suecia, si bien antes Londres ha de definir si toma en cuenta la demanda de EEUU.  Y el Brexit puede afectar al proceso.

Lo que más teme es que en Estados Unidos le apliquen la pena de muerte, si le acusaran de espionaje, o bien acabe asesinado por alguno de sus muchos enemigos. El líder laborista, Jeremy Corbyn, ha pedido que no le extraditen a EEUU.

Raffi Khatchadourian, que le entrevistó en varias ocasiones, explica en un artículo en The New Yorker, cómo “Assange suele describirse como un activista temerario pero su personalidad es complicada y muy marcada por su considerable poder”.

Muy contradictorio, Assange resulta más personaje que persona para cualquiera que logre acercarse a él. Difícilmente tolera a nadie que no le muestre devoción.

Es héroe y a la vez sicario, villano y al tiempo referente. El gran divulgador de secretos que siempre tiene algo que esconder. Solo difunde lo que puede contribuir a su halo de héroe incorruptible.

Un ejemplo de su arte como relaciones públicas es su gato, con el que ha convivido, y que tiene cuenta de Twitter. Lo empezó a llamar Michi o Cat-stro, por Fidel, pero luego recapacitó y dijo que era para sus hijos, que viven en algún lugar de Francia.

Finalmente aseguró que iba a hacer un concurso para que los niños ecuatorianos pusieran nombre al minino. En las redes es conocido como el embassy cat o gato de la embajada. Parece que hace tiempo que se lo llevaron de la legación.

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“Es el tipo de persona que puede llevar calcetines con agujeros y que se irritara si alguien habla de agujeros en público. Puede ser desconfiado hasta la paranoia pero hablar de manera muy franca. Considera al ser humano como guiado por el propio interés, una voluntad de poder nietzscheana, pero fundó una organización basada en individuos que pueden ser valientes y desinteresados. Puede ser un gran táctico pero un nefasto estratega”, señala el autor de A man without a country.

Esa falta de estrategia muestra para sus defensores cómo no actúa en su propio beneficio. Pero también es un reflejo de cómo ha perdido el sentido de la realidad.

Siete años, 2.547 días, en esa peculiar “estación espacial” cercana a Harrods, le han recluido en su mundo, un mundo donde solo existen los incondicionales. Sin luz solar y con un espacio físico muy reducido, su condición física se ha deteriorado mucho. Mentalmente parece fuerte pero sus paranoias en esas condiciones se han reforzado.

Más de 2.500 días recluido

Desde el 19 de junio de 2012 hemos experimentado un cambio de gran envergadura. Las coordenadas geopolíticas ya no son las mismas, sobre todo desde la crisis de los refugiados en el verano de 2015, el triunfo del Brexit en junio de 2016 y la victoria de Donald Trump en noviembre de 2016.

Fue justo la difusión de los correos electrónicos de la campaña de Hillary Clinton por parte de WikiLeaks lo que marca un punto de inflexión en la trayectoria de Assange, y sobre todo, en su credibilidad y prestigio.

Con ese acto se inmiscuyó en una campaña electoral e inclinó la balanza hacia Donald Trump. “Amo WikiLeaks”, dijo entonces el actual presidente de EEUU.

“No sé nada de WikiLeaks”, señalaba ahora tras el arresto de Assange en Londres. Una vez que el informe del juez especial Mueller no ha encontrado pruebas de colusión con Rusia, Trump puede distanciarse. Para su secretario de Estado, Mike Pompeo, WikiLeaks es “una organización no estatal de espionaje hostil”.

“Assange siempre ha sido incómodo en este nuevo paradigma que algunos llaman guerra fría posmoderna. Es un activo incómodo para EEUU. Y se ha hecho un activo incómodo para Europa por su adhesión a Putin y a los nacionalismos de extrema derecha. También para el Reino Unido por el caso Skripal (puso en duda la versión oficial sobre el envenamiento del ex espía ruso por el Kremlin)”, señala Ernesto Pascual, profesor de Estudios Políticos en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

De huésped a indeseable

Su anfitrión durante estos años, Ecuador, también ha experimentado un cambio de gobernante muy relevante. Correa desplegó la llamada Operación Huésped para alojar a Assange en la embajada en Londres. Mantener al fundador de WikiLeaks como refugiado ha costado a Ecuador unos 5,5 millones de euros solo en seguridad.

Lo cierto es que en la época de Correa se desplegó un sistema para proteger a Assange pero también para tenerle bajo estricta vigilancia, según desvela una investigación de The Guardian. Correa estaba al tanto no solo de sus visitas, desde Yannis Varoufakis, el ex ministro griego, hasta Pamela Anderson, pasaron a ver a Assange. Anderson, al igual que Lady Gaga, han presumido de mantener una relación especial con el fundador de WikiLeaks.

Para Pamela Anderson es una especie de David en lucha eterna contr los Goliats que dominan el mundo. En su red social estalló con furia y acusó al Reino Unido de «ser la puta de EEUU» y buscar excusas para esconder «la mierda del Brexit».

También Correa vigilaba su comportamiento y es posible que de sus indagaciones. El ex presidente ecuatoriano siempre ha estado cerca de Putin, y colabora habitualmente con Russia Today, un medio afín al Kremlin.

A Correa le sustituyó en 2017 Lenin Moreno, de su partido Alianza País, un dirigente con un talante más centrado. En un principio Moreno aseguró que Assange podría seguir bajo la tutela de Ecuador, siempre y cuando no se inmiscuyera en la política de otros Estados.

En noviembre de 2017 Assange recibió en la legación a Oriol Soler y Arnay Grinyo que le dieron su versión sobre la cuestión catalana en un informe de diez páginas. Ese mismo día ya impartía su doctrina en Twitter sobre Cataluña.

Hubo jornadas en las que llegó a publicar un tuit cada 13 minutos sobre el procés. En uno de sus mayores disparates conocidos comparó el referéndum ilegal del 1-O con la represión en Tiananmen. El presidente Moreno le advirtió entonces: “Sabremos cómo actuar si vuelve a hablar de Cataluña”.

Pero han sido las revelaciones de WikiLeaks, que ahora tiene al frente al periodista islandés Kristin Hranfsson, sobre el presidente Moreno y su familia lo que ha colmado la paciencia del gobernante ecuatoriano. Son los llamados Ina Papers, una bomba que ha acabado estallando contra Assange.

El presidente Moreno ha decidido actuar cuando ha creído que no tendría costes políticos», dice Pascual

“El detonante final es que Assange se vuelve en contra del actual gobierno de Ecuador. En los Ina Papers se implica a la familia del presidente en evasión de capitales a paraísos offshore. También se arremete contra el Vaticano. Todo esto influye en que Ecuador decida deshacerse de Assange. Lo achaca al comportamiento en la embajada, pero eso no había variado”, señala Ernesto Pascual.

“Moreno ha actuado cuando ha decidido que no tendrá costes políticos. A los ecuatorianos no les importa Assange, sí le importa mucho al ex presidente Correa”, añade.

El presidente Moreno ya había ordenado cortar la conexión a Internet en la embajada, se habían obstaculizado las visitas y la convivencia se había hecho insostenible. Assange acusaba al embajador actual, Jaime Marchán, de ser un espía al servicio de Estados Unidos, incluso delante de testigos. Así lo relata la periodista Cassandra Fairbanks en Gateway Pundit.

Moreno ha argumentado que el fundador de WikiLeaks había puesto en peligro a Estados extranjeros desde la embajada y que además mostraba un comportamiento hostil. “Es potestad de Ecuador levantar el asilo”, aseguró Moreno.

Ante el Parlamento, el ministro ecuatoriano de Exteriores, expuso el jueves nueve razones para dejar de dar asilo a Assange, entre ellas, que se inmiscuya en las relaciones de Ecuador y otros Estados o que falte el respeto a los representantes diplomáticos. Además, consideró que la concesión de su ciudadanía fue irregular.

Sin embargo, Correa esgrime que Assange, desde diciembre de 2017, es ciudadano ecuatoriano y que entregarlo a la policía británica “es una traición, la mayor de la historia latinoamericana, y una humillación”.

El gobierno del Reino Unido siempre ha mantenido que la cuestión de la ciudadanía ecuatoriana no le eximía de dar respuesta ante la Justicia.

Los abogados de Assange, entre ellos Baltasar Garzón, señalan que es “víctima de una persecución política”. Garzón, que fue clave para que en 2016 la ONU considerara que era objeto de una detención arbitraria, ha prometido hacer lo posible por defender su causa. Garzón y Assange son los protagonistas del documental El juez y el rebelde, de Clara López Rubio y Juan Pancorbo.

En esta cinta Garzón mantiene que “Gran Bretaña tendría que atender el derecho de asilo, porque es un derecho humano. Assange está perseguido por revelar abusos de poder”.

Ha destapado las vergüenzas de muchos poderosos pero ha dejado a salvo al presidente Vladimir Putin, que acogió a Edward Snowden, uno de sus primeros hackers. Todo nómada necesita un lugar donde encender su ordenador.

Cuando Assange fue detenido tenía en sus manos un libro, Gore Vidal: Historia del Estado de Seguridad Nacional, una recopilación de entrevistas de Paul Jay con el intelectual estadounidense. Gore Vidal reconoce: “Soy un acorazado, destinado para la guerra. Pero no sé si podré librar alguna más”.