Para el Gobierno ruso, Bill Browder (Massachusetts, 1964) es un agente, bien de la CIA o del MI6, un multimillonario que ha sobornado a políticos de todo el mundo, y forma parte de una conspiración sionista que tiene como objetivo dominar el mundo, y reducir a la mínima expresión el poder de Moscú y de su presidente, Vladimir Putin. Para quienes creen en su lucha, es un emprendedor entusiasta que lleva diez años empeñado en hacer justicia por la muerte de su auditor, el abogado Serguei Leonidovich Magnitsky (Odesa, 1972).

Esta semana Bill Browder y la familia Magnitsky han recibido un gran espaldarazo del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (ECHR), con sede en Estrasburgo. Es la primera vez que la Justicia europea avala su versión sobre la muerte del abogado, que fue víctima de abusos, de falta de tratamiento médico adecuado y estuvo en prisión un año sin juicio. Murió en la cárcel el 16 de noviembre de 2009.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos dictaminó el martes 27 de agosto que Rusia violó «el derecho a la vida» de Serguei Magnitsky, a quien encerraron en la cárcel acusado de fraude fiscal cuando él estaba investigando un caso gigantesco de corrupción estatal. Magnitsky trabajaba para Bill Browder, presidente y cofundador de Hermitage Capital Management, quien había sido deportado en 2005.

Después de casi una década impulsando su fondo de inversión,que llegó a ser el más importante de Rusia, había tenido que salir del país para instalarse en el Reino Unido, aunque conservaba oficina y actividad en Moscú. Magnitsky defendía sus intereses y lo hacía con una entrega sin límites.

«La decisión del Tribunal Europeo de Derechos Humanos es importantísima. Si bien la compensación económica a la familia es pequeña, supone un apoyo muy significativo en nuestra campaña en busca de justicia», afirma Bill Browder en una entrevista telefónica desde Londres con EL INDEPENDIENTE.

Vladimir Putin considera a Bill Browder su enemigo número uno. «Putin lleva diez años intentando cambiar la versión sobre lo que le sucedió a Magnitsky. Los hechos son tan graves que le hacen parecer como un líder corrupto y criminal. Ha hecho un gran esfuerzo en todo el mundo intentando modificar los hechos para que se imponga su versión. La mayor parte de la gente no le cree, pero esa propaganda es muy fuerte», señala Browder.

«Si alguien tiene dudas, ahora tenemos una decisión judicial adoptada por unanimidad que nos avala. Incluso el juez ruso votó por este dictamen, que concluye que la versión verdadera es la que hemos defendido desde hace diez años, es decir, que Rusia fue responsable de la muerte de Magnitsky y que la versión rusa es una mentira», remarca con satisfacción.

Los hechos sobre Magnitsky son tan graves que muestran un Putin corrupto y criminal… Si alguien tiene dudas, ahora tenemos una decisión judicial adoptada por unanimidad que nos avala», dice Browder

Efectivamente la corte europea es muy clara: Magnitsky fue encarcelado durante casi 12 meses injustamente, no le dieron la atención médica precisa y fue maltratado. Asimismo señala que Rusia violó su derecho a la libertad y a la seguridad al mantenerlo 358 días en prisión sin juicio. Justo tenía que haberlo liberado unos días después de su muerte.

Estipula la Corte que el Estado ruso ha de pagar 34.000 euros como compensación a la viuda de Magnitsky, Nataliya Valeryevna Zharikova, y a su madre, Natalia Nikolayevna Magnitskiya. Ha tomado esta resolución por unanimidad. James A. Goldston, director ejecutivo de Open Society Justice Initiative, ha representando a la familia Magnitsky. El abogado tenía dos hijos, Stanislav y Nikita. «Magnitsky era un hombre íntegro. Podría haberse rendido. Era un hombre bueno. Nunca le olvidaré», dijo Browder en The Guardian.

«Con este dictamen a Putin le va a resultar difícil frenar la aplicación de la Ley Magnitsky«, explica Browder, que, junto a la familia del abogado, han convertido el nombre de Magnitsky en sinónimo de la lucha contra los abusos de derechos humanos.

Curiosamente, Browder apoyó al principio a Putin, a quien nunca llegó a conocer personalmente. «Tenía la impresión equivocada de que era honesto y de que quería luchar contra la corrupción y gobernar contra ellos. Es lo que prometía. Pero luego se hizo un oligarca. Creo que es el hombre más rico del mundo. Es increíble el dinero que tiene. Imposible calcularlo», nos cuenta.

Putin no puede dimitir, o dejar el poder, porque si lo hiciera, tendría que ir a la cárcel. No tiene salida. Cuanto más tiempo permanezca en el poder, la ira será mayor», dice el inversor británico

«Putin tiene una serie de atributos que le hacen muy peligroso, una bomba de relojería: no es capaz de desarrollar empatía, es un sociópata, es decir, no le importa el sufrimiento de la gente. Además, está desesperado por mantenerse en el poder y seguir vivo. Y en tercer lugar tiene bajo su control un armamento poderoso y armas nucleares. No ha matado 30 millones de personas como Stalin pero lo haría fácilmente presionando un botón. Esta combinación de factores sus atributos psicológicos, desesperación y las armas le convierten en el hombre más peligroso del mundo», comenta desde su oficina en Londres.

Considera imprevisible saber si Putin logrará su objetivo de mantenerse en el poder mientras viva. La oposición está en las calles, como vemos en Moscú con motivo de las elecciones locales, pero muy cercada. «No sé qué puede pasar con la oposición, y Putin tampoco lo sabe. Está en una posición difícil. Lleva 20 años y hay hartazgo. Pero no puede dimitir, o dejar el poder, porque si perdiera el poder, tendría que ir a la cárcel. Tratará de estar en el poder todo el tiempo que pueda. No tiene salida. Cuanto más tiempo permanezca, la ira popular será mayor. Por eso la situación puede estallar en cualquier momento».

El calvario de Magnitsky

Durante el calvario de Serguei Magnitsky, sobre todo en la cárcel de Butyrka en Moscú, Bill Browder sentía cómo «la culpa» le «envolvía como una capa de alquitrán». Así lo relata en Notificación roja. El enemigo número uno de Putin (Capital Swing Libros, 2016), un best-seller en el que relata su trayectoria vital y detalla quién era Magnitsky, cómo trabajaba y por qué murió. Magnitsky fue arrestado el 24 de noviembre de 2008 y su primera reacción fue de total tranquilidad. Les dijo a su esposa Natasha y a su hijo Nikita: «No te preocupes. No he hecho nada malo. No me pueden hacer nada».

Magnitsky estaba equivocado. En el verano de 2009 su salud se había deteriorado en extremo. Los médicos le diagnosticaron pancreatitis, cálculos biliares y colecistitis. Fue entonces cuando le trasladaron a Butyrka. Allí no había instalaciones médicas donde pudieran tratar sus enfermedades.

Desde su celda, Magnitsky seguía defendiendo su investigación sobre el fraude financiero y el encubrimiento en el que estaban implicados funcionarios de alto rango. Envió documentación precisa al Ministerio del Interior. De forma macabra a Magnistky y a Browder en ausencia les acusaron del mismo delito que el abogado estaba investigando: fraude fiscal.

En su última comparecencia ante la juez Elena Stashina, Serguei Magnitsky acusó a la justicia rusa de violar sus derechos. Realizó un valiente alegato y concluyó: «Me niego a tomar parte y a escuchar la vista de hoy porque todas mis peticiones para defender mis derechos han sido sencillamente ignoradas por este tribunal». Ni siquiera pudieron verle su familia y su abogado.

Cuatro días más tarde, el 16 de noviembre, su abogado acudió a Butyrka a verle pero le dijeron que estaba «demasiado mal para salir de su celda». Le trasladaron a una celda de aislamiento en el centro médico Matroskaya Tishina. Lo esposaron a la cama. Ocho guardias le dieron una paliza y una hora después murió.

Mantenerme detenido es un castigo, impuesto por el hecho de defender los intereses de mi cliente y los intereses del Estado ruso», dejó escrito Serguei Magnitsky

Según relata Bill Browder en Notificación roja, Magnitsky dejó escrito en su diario de prisión: «Mantenerme detenido no tiene nada que ver con el propósito legal de la detención. Es un castigo, impuesto simplemente por el hecho de que yo defendí los intereses de mi cliente y los intereses del Estado ruso».

Sus guardianes querían que testificara contra Bill Browder. No lo hizo. Pero ya había sufrido castigos imposibles de ocultar. Y sabía mucho que no debería saber. Al desaparecer Magnitsky, se cumplía con una máxima de Stalin: «Si no hay hombre, no hay problema».

El inversor, nacido en Estados Unidos, nacionalizado británico, explica cómo pudieron reconstruir las últimas horas de Magnitsky gracias a la investigación realizada por la ONG Moscow Public Oversight Comission que accedió a los testimonios de otros presos y algunos funcionarios de prisión. La legendaria activista rusa Ludmila Alexeieva, del Mosco w Helsinki Watch Group, también se volcó con el caso. Realizaron un informe detallado. A su vez, Magnitsky dejó su testimonio en su diario de la cárcel.

Desde entonces Bill Browder está empeñado en que se haga justicia. Sabe que en Rusia es imposible una investigación independiente. Magnitsky fue condenado post mortem en julio de 2013, algo insólito ya que el reo no puede defenderse. A Browder le condenaron en ausencia. No han culpado a nadie de la muerte del abogado. La versión oficial dice que murió de un ataque al corazón.

Una vida de película

Después de este tremendo golpe, Bill Browder, cuyo fondo de inversión llegó a ser el más importante de Rusia, canalizó toda su energía en buscar la manera de conseguir que la muerte de Magnitsky no fuera en vano. Su experiencia vital le ayudó a dibujar un plan que ha puesto en marcha en esta década: haría daño a los déspotas y corruptos allí donde más daño les hace, en sus finanzas. Muchos tenían su dinero colocado fuera de Rusia así que si lograba que los países destino les bloquearan los fondos conseguiría que pagaran por su crimen. Así puso en marcha el plan para impulsar la llamada Ley Magnitsky.

Empezó por el país donde nació, Estados Unidos. Sabía que su objetivo era ambicioso, pero si lo conseguía el impacto sería enorme. Su trayectoria indica que Bill Browder es un hombre que no conoce límites.

La vida de Bill Browder daría para una película, aunque no se hubiera convertido en el enemigo número uno de Putin. Es nieto del fundador del Partido Comunista Americano, Earl Browder, sindicalista de Wichita, Kansas. Fue dos veces candidato a presidente, en 1936 y 1940, y en 1938 la revista Time le dedicó una portada: El camarada Earl Browder.

En mi familia si no eras un prodigio no tenías lugar en este planeta», escribe Bill Browder en su best-seller ‘Notificación roja’

Earl Browder se casó con una abogada judía rusa, Raisa Berkman, a quien conoció en Moscú. Había sido reclutado para formarse allí. El padre de Bill Browder, Félix, nació en Moscú. Al regresar a Estados Unidos, se dedicó a la política primero y luego fue condenado por violación de pasaportes. Luego fue absuelto. Estas penurias hicieron que la abuela se empeñara en que sus hijos se inclinaran por la tradición académica.

El padre de Bill era un superdotado que entró en el MIT con 16 años y a los 20 años era doctor en matemáticas. Ejerció como docente en Yale, Princeton y en Chicago. En 1999 el presidente Clinton le otorgó la Medalla de las Ciencias. Su madre, Eva, era hija de madre soltera judía, que primero la dio en adopción a una familia estadounidense de Massachussets por temor a la persecución nazi. Accedió al MIT con una beca y allí conoció a Félix.

Creció Browder en un ambiente académico que despreciaba el mundo de las finanzas. Su hermano mayor, Thomas, estudió Físicas y es una eminencia en física de partículas. «En mi familia si no eras un prodigio no tenías lugar en este planeta». Por reacción se convirtió en capitalista. Comenzó invirtiendo 2.000 dólares y en Rusia llegó a manejar una cartera de 4.500 millones de dólares.

Así que Browder sabía cómo funcionaba el mundo de las finanzas y tenía importantes contactos. Puso en marcha toda su maquinaria para conseguir que el Congreso de Estados Unidos aprobara la Ley Magnitsky. Contó con la gran ayuda del fallecido senador republicano John McCain y el demócrata Benjamin Cardin. Juntos propusieron una ley por la que se congelaban los bienes y se suspendían los visados de los implicados en la muerte de Magnitsky. Después de años de empeño, el presidente Barack Obama la firmó el 14 de diciembre de 2012. Rusia respondió con la prohibición de adopciones a familas rusas. Aunque no reconocieron que fuera una represalia.

Magnitsky no fue torturado. Murió de un ataque al corazón. No era un defensor de los derechos humanos, sino un abogado que trabajaba para el señor Browder, sospechoso de haber cometido delitos económicos», dijo Putin en 2012

Seis días después, Vladimir Putin daba su conferencia anual en Moscú. Le preguntaron sobre la Ley Magnitsky y llegó a perder el control cuando le inquirieron directamente por los 230 millones de dólares (203 millones de euros) que habrían ido a parar a manos de la policía. Sentenció: «Magnitsky no murió a consecuencia de la tortura. No fue torturado. Murió de un ataque al corazón. Además, como saben, no era un defensor de los derechos humanos, sino un abogado que trabajaba para el señor Browder, el cual es sospechoso, según nuestras agencias defensoras de la ley y el orden de haber cometido delitos económicos en Rusia».

Fue la primera vez que Putin mencionó el nombre de Browder. «Nunca dignifica a sus enemigos llamándoles por su nombre», escribe el inversor, que reconoce que pensó que su vida «cambiaría para siempre».

Primero pusieron en marcha un juicio póstumo contra Magnitsky y Browder, en ausencia, para poder responder a quienes creyeran su versión que eran personas que habían violado la ley en Rusia. El 22 de abril emitieron una orden de arresto y a mediados de mayo hicieron llegar a la Interpol una solicitud para ponerle una notificación roja, con la que se difunde una orden de arresto internacional. Le impediría viajar y así seguir con los contactos necesarios para que se aplicara la Ley Magnitsky en otros países. Interpol rechazó la solicitud rusa el 24 de mayo de 2013. En julio les condenaron en Rusia.

A Putin le exaspera el caso Magnitsky porque le afecta directamente. «Lo que descubrimos con los Papeles de Panamá en 2016 sobre el caso Magnitsky es que su mejor amigo, el violonchelista Serguei Roldugin es el beneficiaro de unos 2.000 millones de dolares de fondos de oligarcas rusos y del Estado ruso, es decir, de Putin. Roldugin recibió fondos de la red de corrupción que denunció Magnitsky. A Putin le espanta esta investigación porque le implica directamente. La Ley Magnistky le afecta», apunta Browder. Roldugin es padrino de una hija de Putin y fue quien le presentó a su ex esposa. El hermano de Serguei Roldugin fue compañero de Putin en su época en la KGB.

Conexión española

Bill Browder sabe que no está seguro en ningún país del mundo. «Tengo que aceptar que existe una posibilidad real de que Putin o los miembros de su régimen me maten algún día… Si me asesinan, todos sabrán quién ha sido», escribe en Notificación roja.

Ni siquiera en el Reino Unido, donde vive y donde fue envenenado el agente Serguei Skripal, está totalmente a salvo. «En el Reino Unido me siento legalmente protegido. No me van a entregar a Rusia. Pero conocemos su historia de asesinatos fuera de sus fronteras», afirma.

El 30 de mayo de 2018 fue arrestado durante dos horas en Madrid. Era la sexta vez que Rusia intentaba abusar de Interpol al hacer pasar una notificación roja. El secretario general de Interpol aclaró que Bill Browder no era reclamado porque la orden de arresto se hacía «por motivos políticos». El inversor estaba en Madrid para entrevistarse con el juez José Grinda, que investiga el blanqueo en España de 35,13 millones de euros procedentes de un fraude masivo en Rusia.

Bill Browder explica a EL INDEPENDIENTE cómo en España ha optado por librar la batalla en los tribunales. Por un lado, su gran reto ahora es conseguir que la Unión Europea aplique la Ley Magnitsky. Además de Estados Unidos, donde la ley ahora tiene alcance global, no solo se refiere a Rusia, se aplica una legislación similar en el Reino Unido, Canadá, y Lituania, Letonia y Estonia.

«Nuestro gran desafío ahora es conseguir una Ley Magnitsky en la Unión Europea. Sabemos que los funcionarios al servicio del Kremlin que son corruptos viajan por Francia, España, Italia… y allí tienen villas y terrenos en Marbella, Saint Tropez, Eslovenia, Roma… Para nosotros es una gran oportunidad que la Unión Europea apruebe una Ley Magnistky».

Ya se han dado algunos pasos. En diciembre de 2018, más de 40 diputados y eurodiputados europeos, a instancias de la eurodiputada liberal holandesa Marietje Schaake, reclamaban a la UE que diera este paso. Entre los españoles firmantes estaban los liberales Beatriz Becerra, Javier Nart y Fernando Maura.

El Parlamento Europeo va en vanguardia gracias al empeño del grupo liberal ALDE. El 14 de marzo aprobó promover una Ley Magnitsky europea. «Es una victoria para la verdad y la justicia. Y una significativa derrota para Putin y los suyos», decía entonces la eurodiputada liberal Beatriz Becerra.

La resolución, que insta a que se impongan sanciones a los Estados y actores no estatales responsables de graves violaciones de derechos humanos, se adoptó por 447 votos a favor, 70 en contra y 46 abstenciones.

El autor de Notificación roja (Red Notice) reconoce que en España la gente ve más lejos Rusia que otros países como Alemania, donde sí mantiene contactos políticos. Pero sí está volcado en nuestro país con las acciones legales.

En abril de 2019 la Fiscalía Anticorrupción interpuso una denuncia de la Audiencia Nacional contra el alto cargo ruso Vladimir Aryakov, la ciudadana rusa Anna Kurepina y otras 60 personas por su presunta implicación en el blanqueo de 230 millones de dólares (203 millones de euros) procedentes de un fraude masivo por fraude fiscal que habría sido realizado por funcionarios rusos, entre ellos policías, y por miembros de la mafia, según informaba InfoLibre.

A Serguei Magnitsky le mataron por sus ideales, porque creía en la ley, porque amaba a su gente, y porque amaba a Rusia», mantiene Browder

Es el caso de Hermitage Capital Management, que habría sido víctima de una apropiación indebida de 230 millones de dólares a cargo de un mafioso llamado Dimitri Klyuev. En connivencia con funcionarios de Hacienda y policías habrían creado una trama para robar la identidad de la empresa y hacerse con el dinero correspondiente a una devolución fiscal. Parte de ese dinero, unos 35 millones de euros, se habría canalizado hacia España.

De ahí que sea de vital importancia para Browder que se avance por la vía judicial y a la vez que los Veintisiete sigan el camino que les marca el Parlamento Europeo y aprueben la Ley Magnitsky contra los déspotas y oligarcas rusos, y del resto del mundo. Magnitsky es sinónimo ahora de lucha contra los abusos sobre los derechos humanos. Es el homenaje póstumo a un hombre con coraje.

«No hay sentimiento tan satisfactorio como conseguir algo de justicia en un mundo tremendamente injusto», dice Browder en su libro. Recordemos qué le mueve: «A Serguei Magnitsky lo mataron por sus ideales, porque creía en la ley, porque amaba a su gente y porque amaba a Rusia. Tenía solo 37 años».