Conozco a Javier Vega de Seoane desde hace ya más de veinte años y hay una cualidad que lo representa por encima de todas las otras claves de liderazgo que también posee: la coherencia.

Este asturiano nacido en San Sebastián hace 67 años vive en Madrid desde los 14, pero sigue muy vinculado a sus raíces. Es ingeniero de minas y diplomado en Administración de Empresas en la Universidad de Glasgow. Es imposible resumir en un currículum su larguísimo y exitoso recorrido como directivo, pero destacaría su capacidad de trabajar en diferentes sectores: acero, automoción, rodamientos, energía, química, consultoría, tic… y su firmeza en buscar un equilibrio entre beneficios para las empresas y mantener un ambiente excelente para sus empleados. Actualmente preside DKV Seguros, Fujitsu y el Círculo de Empresarios. Concilia su vida profesional con muchas aficiones entre las cuales destaca el mar y una dedicación importante a la familia.

De todos sus proyectos, el que quizás más representa su vocación humanitaria y de gran líder es DKV Integralia, proyecto solidario que empezó como un sueño para convertirse muy pronto en una exitosa realidad que él destaca: «Las personas que forman parte de Integralia son extraordinarias. Yo creo que las personas como yo, sin aparente discapacidad, somos ordinarias, y las personas que tienen discapacidades diferentes, nos demuestran cada día que pueden hacer cosas extraordinarias. Además de realizar un trabajo excelente, con la máxima calidad, su capacidad de superación es un ejemplo para el resto de la sociedad. Nos enseñan a una gran lección: hay que mirar siempre hacia delante».

Justamente con el objetivo de mirar hacia delante, Javier nos da en esta entrevista algunas claves de cómo enfrentarnos con éxito a este año de retos en el mercado laboral y empresarial.

Pregunta.- ¿Cómo definirías, Javier, la situación de la empresa española?

Respuesta.- Tendríamos que hacer una pequeña segmentación. En España tenemos grandes empresas y en los últimos treinta años ha habido un gran desarrollo de multinacionales que gozan de buena salud y que tienen la mayor parte de su negocio fuera de España, en el mercado global, que aportan mucho valor también. Luego tenemos un grupo de medianas empresas muy buenas, y tanto las grandes como las medianas, comparadas con sus homólogas en Europa, según hemos visto en un reciente estudio realizado por el Círculo de Empresarios, son igual de competitivas o más aún que las alemanas, las británicas, las austriacas o las francesas. En esa parte, grandes y medianas, han hecho muy bien sus deberes. Pero la mayor parte de las empresas españolas son pequeñas. Ése es el gran problema. El 95% de las empresas españolas tienen menos de diez trabajadores. Y un 4% tienen entre diez y cincuenta. Éste es el factor diferencial del tejido empresarial español. Y ésa es la diferencia con otros países europeos. Creemos que uno de los grandes esfuerzos en España es el de favorecer el crecimiento de la empresa para ser mediana y grande porque estamos en un mundo globalizado en el que, sin eso, sin dimensión, es difícil contratar el talento y retenerlo, como bien sabes porque es parte de tu oficio. También es muy difícil obtener financiación adecuada para innovar e internacionalizarte.

P.- Javier, yo he sido siempre muy crítico en los medios y en mi trabajo porque una de las limitaciones enormes que existen en este país es la del sistema educativo. Muchos consideramos inaceptable el hecho de que cada Gobierno se sienta con derecho a cambiar la ley educativa. Eso no pasa en otros países, ni siquiera en el mío, Italia, un país inestable que ha tenido la alucinante media de 67 Gobiernos en 70 años. Allí, el sistema educativo, con matices, se mantiene estable en el tiempo. Pero en España se utiliza como elemento de poder. ¿Qué habría que hacer? ¿Qué consejos darías tú al Gobierno acerca de este problema, ahora que se ha comprometido a tener lista en seis meses una ley educativa aceptada por todos?

R.- El futuro dependerá de qué aptitudes tengan y de cómo estén formados los jóvenes que se incorporan al mundo de la empresa. Es fundamental, por lo tanto, que en este asunto, como en otros, haya Pactos de Estado que den estabilidad. Y aún más importante, que no se endogamicen los políticos, que vean el ejemplo de otros países, que observen cuáles lo están haciendo mejor y que sigamos ese camino. Al margen de que, además de buscar las mejores prácticas, el mundo que viene va a ser muy diferente. Hay que hacer un esfuerzo, no sólo por conectar nuestro sistema educativo con el mundo laboral actual sino con el que viene. Estamos viendo que el 60% de los chicos que estudian ahora Primaria trabajarán en profesiones que hoy aún no existen y hay que tener una visión innovadora por tanto en la educación para que estos jóvenes que están estudiando puedan aportar valor a la sociedad y aportar también esas actitudes emprendedoras y solidarias que requiere el mundo que viene.

Empresarios y comunicación

P.- Javier, voy a lanzarte una pregunta crítica. ¿Qué estamos haciendo mal los empresarios y directivos, a nivel de comunicación, respecto a la población? Hace algunos domingos, Salvados hizo un programa bonito pero muy limitado en las opiniones que en él escuchamos. Fue sobre Mercadona y Roig (su presidente) no estuvo en él porque sabemos que no concede entrevistas a los medios. Fue una decisión suya, personal. ¿Es bueno que ejemplos de éxito en este país no hablen de cómo conseguir el éxito? Hubo un clamor negativo en redes sociales y también de ex empleados, mal pagados y de clientes… ¿Es bueno que no hablen los líderes empresariales de lo que piensan de la vida, de sus relaciones con los sindicatos, con la sociedad? ¿No te parece negativo que algunos de los mejores empresarios españoles no concedan entrevistas?

Sería bueno que empresarios de éxito, aunque no participen en programas de televisión, dieran señales a la sociedad con su ejemplo»

R.- El empresario por lo general es prudente. Discreto. Está concentrado en su proyecto. No cabe duda de que, en este mundo al que vamos, el empresario debe tener también, cada vez más, un espíritu de mayor responsabilidad y participación. Cuanta mayor sea su responsabilidad, más importante es que tenga una actitud activa para contribuir a resolver los problemas de la sociedad y ayudar a ese cambio de mentalidad que necesitamos en este mundo en transformación. Sería bueno que empresarios de éxito, no sólo Roig, hay muchos ejemplos en España como Amancio Ortega, aunque no participen en estos programas, dieran muchas señales a la sociedad con su ejemplo. Porque han sido personas que han hecho las cosas muy bien, han sido muy innovadores, están comprometidos con su proyecto y con la sociedad y dan mensajes de manera implícita de qué es lo que hay que hacer. Pero sí sería bueno que hablaran más a la gente.

P.- Sí, Javier. Conocemos perfectamente lo que han hecho estos empresarios, también en pro de la marca España, de la que luego hablaremos, pero estamos en un mundo en el que, a diferencia del de hace años, la gente quiere saber y quiere informarse. Que le demos información de cómo se hacen las cosas. Hoy opina todo el que quiera, con altavoces diferentes, pero las redes sociales son un altavoz de la sociedad. Ahora mismo, todos los que tenemos una responsabilidad en empresas, tenemos la obligación de que la gente sepa lo bueno y lo malo, de hacer un poco de pedagogía y todos deberíamos tener algo más de responsabilidad social, ¿no crees?

R.- Yo opino lo mismo. La sociedad civil debe de movilizarse y debe tener una actitud activa, sobre todo en un proceso de cambios. Los empresarios tenemos un elemento diferencial que es el de que en este mundo global estamos viendo lo que se hace en otros países y tenemos una visión más completa. Los políticos, que tienen mucho mérito y hacen una labor con vocación de servicio en la mayor parte de los casos tienen una visión más local, necesitan de nuestra ayuda. Nosotros podemos abrir un poco más las puertas a lo que está pasando, aportar ideas útiles en este proceso de transformación y predicar con el ejemplo. Pero también hay que respetar a los empresarios, lógicamente, porque todo depende de la personalidad de cada uno. Ojalá tengamos cada vez más empresarios de éxito, aunque sean discretos, que también den ejemplos con sus actos y con sus proyectos empresariales.

P.- Vayamos a otro asunto. La marca España. Yo, como italiano, vivo mejor y he emprendido mejor aquí que en mi país, pero si miramos la marca España en comparación con el made in Italy, o con la marca británica o la de Estados Unidos, tiene muchos defectos y muchos fallos en el camino. ¿Por qué?

Hay tres países que no tienen una buena imagen de los españoles: Argentina, Venezuela…¡y España!»

R.- Yo le he dado recientemente un premio a la trayectoria profesional a Carlos Espinosa de los Monteros, buen amigo mío y que está haciendo un gran trabajo con muchas dificultades. Es cierto que tenemos un país fantástico y que en los últimos años hemos tenido un éxito sin parangón, al margen del bache que pasamos, pero Carlos me comentaba que hicieron una gran encuesta por el mundo de la que se extrajo la conclusión de que la mayoría de los países tienen una imagen buenísima de los españoles, pero había tres que no. Uno, Argentina, derivado sin duda de los problemas de relación que atravesamos hace algunos años; otro era Venezuela, con el que coyunturalmente estamos en la situación en la que estamos y el otro era… ¡España! Cuando tú tienes una mala imagen de ti mismo pues es difícil potenciarte. Los españoles solemos ser demasiado autocríticos con nosotros mismos, casi autodestructivos.

P.- Pero, y yo aquí te pediría un titular, ¿qué está haciendo mal el Gobierno, al igual que los anteriores? ¿Qué hacen mal los políticos –por cierto, es llamativo que en España no se hable nunca de milagro económico cuando sí que lo ha habido- para que el orgullo de marca no sea mayor?

R.- Tenemos una historia detrás que pesa. Hasta 1959 España ha estado aislada y hasta 1977 no hemos tenido una democracia formal. Y eso nos ha acomplejado un poco. Teníamos la sensación de que éramos diferentes, pero en negativo. Los jóvenes de ahora no tienen este complejo y son más ciudadanos del mundo pero tienen el inconveniente de que, como no les ha costado nada, no valoran lo que tienen y lo menosprecian. Y no pelean por mantenerlo y mejorarlo. Pero yo creo que estamos en una línea positiva. Este último Gobierno, con esta secretaría de Estado que es el Alto Comisionado de la Marca España, está haciendo cosas muy positivas. Yo recuerdo la última crisis -porque los españoles tenemos tendencia a la euforia y a la depresión- y los años más duros, 2011 y 2012, en que estuvimos a punto de ser intervenidos, en los que salieron de repente algunos informes muy positivos que ponían de manifiesto que España era un gran país con grandísimas empresas. Otro hecho extraordinario es que vienen 70 millones de extranjeros a visitarnos cada año y el 85 % repite, por algo será. Tampoco hay que olvidar que en general tenemos tendencia a pelearnos entre nosotros. La historia lo demuestra, Goya lo pintó muy bien en su famoso duelo a garrotazos.

El liderazgo en la política

P.- ¿Cómo has visto estos 319 días de Gobierno en funciones? ¿Qué le ha faltado a estos cuatro señores –por cierto, ninguna señora- para no haber llegado a un acuerdo?

R.- Pues sí, quizás debería haber habido alguna señora porque parece que ha sobrado testosterona. Ha habido un problema de actitud, porque los españoles dimos ya el 20 de diciembre del año pasado un mandato a los políticos para que se pusieran de acuerdo porque no quisimos mayoría. Y ha llegado la hora de los consensos. Como en la Transición. Estas grandes reformas es importante que sean consensuadas para que sean estables y para que duren.

P.- ¿Y tenemos el mismo tipo de liderazgo, el mismo tipo de líderes que en la Transición? Porque, además, no es más complicada la situación ahora que en aquella época.

Entre los políticos hay de todo. En general son gente buena pero están un poco ensimismados, son demasiado endogámicos»

R.- Evidentemente el liderazgo no es el mismo. También entonces la situación era otra, muy diferente. Era más complicado y difícil entonces que ahora. Hoy pensamos que ya estamos en Europa y que ya está todo hecho. Está el problema de esa endogamia de la que hablaba, de no mirar lo que está pasando fuera. Y el que no haya, como en la Transición, un proyecto común, asumido por todos, dificulta mucho los consensos. Entre los políticos hay de todo. En general son gente buena pero están un poco ensimismados, son demasiado endogámicos, como digo. Y presos de un sistema que sobrepondera el corto plazo. Siempre hay unas elecciones próximas, ya sean generales, autonómicas o europeas.

P.- ¿Puede ser que no estén bien asesorados? Se dice que contratan más a pelotas que a personas que les digan lo que hay en realidad, que les asesoren con objetividad.

R.- Yo soy persona optimista. Hablábamos antes de la educación, y tengo que decir que yo valoro mucho el gran trabajo que está haciendo Íñigo Méndez de Vigo, que es una persona de primera división y un gran comunicador, además de un hombre de mundo, que relativiza bien, que es algo que les falta a veces a nuestros políticos. Creo que algunos signos que estamos viendo son esperanzadores. Pasa lo mismo con Cataluña, que es el gran problema que tiene planteado España ahora mismo. Pero yo ahí también veo signos, pequeños gestos, pero que indican que estamos emprendiendo un camino esperanzador.

Cuotas y corrupción

P.- Y ¿cómo crees que está España, a nivel de diversidad, de inclusión, no sólo con las mujeres sino con otros colectivos relevantes? ¿Crees que estamos como en otros países?

R.- Aquí no hay signos de xenofobia, como en otros países. Somos un país muy hospitalario. España, como sabes bien porque lo conoces desde hace mucho tiempo, tiene una gran diversidad, lo cual es muy positivo en este mundo. Y respecto a la mujer, estamos avanzando. La sociedad es cada vez menos machista y todos pensamos que la mujer debe aportar mucho valor a la sociedad.

En una sociedad libre hay unos que son mejores que otros y la desigualdad es un concepto que está muy ligado a la libertad

P.- ¿Estás de acuerdo con las cuotas?

R.- No. No estoy de acuerdo. Nosotros defendemos más el concepto de igualdad de oportunidades, más que la igualdad en sí misma, porque en una sociedad libre hay unos que son mejores que otros y la desigualdad es un concepto que está muy ligado a la libertad. El gran ecualizador de nuevo es el sistema educativo. Cuando empieza la carrera, cuando finaliza el sistema educativo, las mujeres salen mejor preparadas que los hombres. Empíricamente esto es constatable. Pero luego hay muchas mujeres que se van quedando atrás porque el sistema social que tenemos hace que se vayan dedicando más a la familia que los hombres. Yo tengo tres hijos y en mi casa cocinan los hombres y se ocupan mucho del hogar. Esa mentalidad antes era impensable, pero hoy esto es más natural. La sociedad se está concienciando de que esto es muy importante, no sólo porque la mujer aporta mucho valor al mundo laboral y empresarial, sino porque además debemos revertir la dinámica de natalidad que tenemos porque la sociedad está envejeciendo.

Tenemos un índice de fecundidad de los más bajos del mundo, de 1,30 y deberíamos tenerlo de 2,2 para mantener la población como la tenemos. Y no sólo es un problema económico, a nivel de pensiones o de sanidad, que crecen exponencialmente con la edad, sino de que también necesitamos una sociedad rejuvenecida e innovadora, capaz de adaptarse a este mundo que viene. Es importante tratar en serio el tema de la natalidad, con una red de guarderías para que las mujeres tengan las mismas oportunidades que los hombres y no sólo por una cuestión ética y de igualdad sino por una cuestión económica y de interés general.

P.- Cuando escuchas que la corrupción es parte de la naturaleza humana, ¿qué opinas?

R.- Yo defiendo con datos que España no es un país corrupto. Tenemos casos de corrupción muy lamentables y muy llamativos, pero España no es un país corrupto. Yo recomiendo a la gente que lea los informes de Transparencia Internacional. Ellos hacen una diferenciación entre el índice de corrupción percibida y el barómetro de la corrupción. El primero sale de una encuesta donde preguntan a la gente si perciben que hay mucha corrupción y siempre se responde que sí, que la hay. Ahí estamos en el puesto número 36 en un conjunto de 160 países. Pero luego, en el barómetro de la corrupción, a la pregunta de si a usted le han intentado corromper en el último año, o un familiar o alguien cercano ha tenido algún episodio de corrupción, que es la corrupción vivida, ahí estamos en el 5% de entre los países menos corruptos. A nadie se le ocurre en España, cuando le ponen una multa, intentar sobornar al policía o al maestro para que nuestro hijo apruebe o al médico para que nos atienda con rapidez en el sistema público de salud. Es que no se nos ocurre, porque por fortuna nuestro tejido social no es corrupto.

P.- ¿Pero estás de acuerdo en que ese gap se da porque hay mucha corrupción en política y eso hace que la percepción de la ciudadanía sea mucho mayor? ¿Por qué hay tanto político corrupto?

R.- Yo no creo que haya tanto político corrupto, porque al final, de nuevo, creo que la curva de Gauss funciona en todos los colectivos. La corrupción se concentra sobre todo en la política local y autonómica, no en el Gobierno central. Y en la contrata. Ahí estamos muy concentrados. Pero cuando hay un caso, los medios de comunicación -y hacen bien- ponen el acento en él. Pero luego la justicia es muy lenta y los asuntos se eternizan y todos los días te pasan el mismo caso. Yo siempre pongo el ejemplo de Madoff. A los dos meses estaba en la cárcel y se dejó de hablar de Madoff. Y aquí llevamos años hablando de Gürtel. Y eso genera más percepción de impunidad y de que hay más casos de los que realmente existen.

Una de las frases con las que me quedo de Javier Vega de Seoane, que usa a menudo con sus equipos y que hace parte de su día a día de trabajo en las empresas es: «The sky is the limit», el cielo es el límite. El optimismo es siempre una de las claves del éxito de los directivos y como presidente del Círculo de Empresarios una garantía para que los empresarios de España puedan contagiar a todos de un tsunami de buenas ideas que puedan pronto contribuir a reducir una tasa de paro que sigue siendo vergonzosa en comparación con el resto de Europa.