Es un político de los que no deja indiferente a nadie. En su caso no es un tópico sino que es la pura realidad. Miguel Ángel Revilla (Salceda, 1943), es Cantabria, olor a mar, honestidad al estado puro, un animal de la comunicación y ya un referente transgeneracional. Preside el PRC y su comunidad autónoma con mano de hierro en guante de seda.

Es de los que dice siempre lo que piensa, lo cual en su oficio es de agradecer. Su primer contacto con las cámaras fue con el presentador de La Clave, José Luis Balbín, que al verle y después de una pequeña charla le dijo que las cámaras le querían mucho y tendría futuro comunicando en público. Desde entonces es conocido por sus intervenciones televisivas y sus libros, que se han vendido como rosquillas en los últimos años; tiene la rara virtud en un político de expresar en voz alta lo que una gran mayoría de ciudadanos piensa. Incluso los que no le votan. Y sus juicios sobre la corrupción y el deterioro de la calidad de nuestra democracia son, cuanto menos, inmisericordes.

Duras pero a la vez trasversales, nunca hirientes, sus opiniones llegan siempre directas al corazón de la gente. Todos le quieren e incluso sus detractores se rinden a su popularidad y capacidad de proyectar honestidad y humildad. Eso sí; siempre enfatiza que él no es un político como los demás. El jamás se ha dejado corromper porque, aunque haya muchos que no lo crean, sigue habiendo políticos honrados y decentes. Él es una prueba de ello.

Pregunta.- Señor Revilla, es conocido que usted le ha dado a su comunidad un éxito turístico espectacular, pero… ¿qué más méritos pueden atribuírsele?

Respuesta.- Lo más importante que yo le he dado a mi comunidad es el nombre. El primer territorio que nombran los romanos, es Cantabria. No es Cataluña, ni Euskadi, no es Madrid, ni Castilla. Ya en el 193 a.C. Catón escribió que «el río Ebro nace en la tierra de los Cántabros».  Una tierra que participa en la conquista de Sevilla, con la armada de Cantabria; aquellos siete barcos que ayudaron a Fernando III El Santo en la gesta. Y podría recordarle literatura, como la de Plinio y su obra La Guerra contra Cantabria. ¿Qué pasó luego para que nos negaran la montaña de Burgos, las cuatro villas de la costa, las Asturias de Santillana o la provincia de Santander?

Mire, yo llego en el año 1960 a Bilbao a estudiar económicas. Y para mí aquello fue como descubrir, no sé, Nueva York… ¡Y eso que sólo estaba a 100 kilómetros! El primer día, en la cafetería de la Universidad, conocí a uno de Legazpia, Pío Echeverria, que hoy sigue siendo amigo mío, y me pregunta que de dónde soy. Yo le contesté que de Cantabria. Y entonces me dice que dónde quedaba eso… ¡uno que era de San Sebastián!

P.- ¿Por qué llega a meterse en política?

R.- Yo jamás hubiera aspirado a entrar en política. Ya en 1975 era una persona de éxito. Era director de un banco y por las tardes profesor de Economía Aplicada. Tenía mi barquito, un buen coche y, al volver a mi tierra, tenía dinero suficiente para comprarme un chalecito. En 1975, año en el que muere Franco, me invitan a un coloquio en la cámara de comercio de Torrelavega y yo allí digo que hay que cambiar el nombre de la provincia de Santander por el de Cantabria y ser una autonomía del Estado español.

Me tomaron por un separatista. Incluso me llamó el presidente del Banco de Santander, el abuelo de Patricia Botín, y comencé a sufrir el rechazo de los poderosos

Me tomaron por un separatista. Incluso me llamó el presidente del Banco de Santander, el abuelo de Patricia Botín, y comencé a sufrir el rechazo de los poderosos. Tanto que dejé de ir a pescar. ¡Me sentía rechazado! Pero luego me encontraba con alguno por ahí que me decía: «Yo simpatizo contigo». Entonces decidí hablar con la gente de mi pueblo, fui a verlos uno por uno y acabé por encontrar a cien que firmaron un manifiesto, tan revolucionario para la época, en el que se decía: «Que la provincia de Santander se llame región de Cantabria y que sea una autonomía dentro del Estado español». Hoy, ni en el colegio a los niños se les ocurre decir Santander… se dice Cantabria que además fonéticamente, suena muy bien.  Ya sólo esto, colmó mis expectativas.

P.- La corrupción, señor Revilla, esa gran lacra de nuestra vida política que la ha convertido en un lodazal que apesta. ¿Qué sentimientos le genera?

R.- Me pregunta usted por algo que me da asco. Yo concurrí, en las elecciones de 1977, con un partido en el que llevábamos una foto mía y un eslogan en el que se pedía: «Que gobierne la honradez». La razón era que entonces, en Cantabria, había una gran corrupción. Gobernaba Juan Hormaechea. Y la gente me decía que cómo ponía ese eslogan. Fui condenado a seis años y un día de cárcel y a inhabilitación perpetua. Fíjese si no tenía ya razones para pedir que gobernara la honradez.

Nos interesa, como ciudadanos que no tenemos propensión al robo y al pillaje, que sean condenados inocentes. Yendo más allá, yo, como ciudadano, a lo que tengo miedo es a que no haya una división de poderes. Lo más importante de una democracia es esta división porque si no, se pueden cometer tropelías. Es importantísimo que no haya unos legisladores o un Gobierno que hayan puesto a los fiscales o a los jueces. Y que esa Justicia esté muy apoyada económicamente, con medios. Porque si los juicios salen a los doce años, el dinero ya no está, en el 90% de los casos…

P.- Yo de hecho pregunté hace algunas semanas al ministro de Justicia, Rafael Catalá, por qué no se asignaba una mayor dotación presupuestaria para la digitalización al Ministerio que más lo necesitaba, precisamente ese. Y me contestó que se estaba avanzando mucho, pero es verdad; el Ministerio que menos invierte en informática es el de Justicia. ¿Cree entonces usted por tanto que no existe esa auténtica división de poderes y que la corrupción en España es, o puede llegar a ser, sistémica?

R.- Si no se corrige esto, por supuesto. Hace cuatro años me contaron que se planteó -y ahora de nuevo hace unos días- lo siguiente: No se ponían de acuerdo en la renovación del CGPJ, el máximo órgano de la Justicia en España… no el Tribunal Supremo o el Tribunal Constitucional, no… el Consejo General del Poder Judicial, que es el que determina qué juez asciende, qué juez va al Supremo y cuál al Constitucional.

Pues como le digo, se fueron a cenar, a un restaurante de los de postín de Madrid, cuyo nombre conozco, casi el máximo responsable del PP y casi el máximo del PSOE. Y tras degustar los platos que tocaban, después de las angulas y de la merluza a la vasca, sacaron, en los cafés, las fichas y los papeles dijeron: «Estos son los cuatro que te tocan y estos son los seis -tenían la mayoría- que me tocan a mí». Y pactaron algo más: «¿No estaría bien, dentro de que el PP conserve la mayoría, que cedamos a tres para involucrar al PNV con uno, a CiU con otro y a IU con otro? Luego lo llevamos al Parlamento y tenemos el 85% del respaldo». Así ocurrió.

Y yo luego no dudo de que los jueces, uno por uno, sean independientes. Pero si a un juez, que está en un pueblo, por ejemplo Solares, ganando un sueldo de 6.300 euros, de repente una mano política le dice que le lleva a Madrid al Supremo o al Constitucional, con ciento y pico mil euros de sueldo, con despacho, coche oficial y secretarias… ¿tenemos derecho a pensar que ese juez va a ser un hombre agradecido? O cuando se adelanta, como estamos viendo, lo bueno que va a ser un fiscal para una causa política. Y a convertirse, más que en un fiscal, en un muro de contención para que no se investigue a corruptos que todos conocíamos que lo eran. Esto me tiene a mí indignado porque a los que no hemos robado nunca ni tenemos esa tendencia genética o esa propensión nos hace daño.

P.- ¿Y por qué la gente les sigue votando, señor Revilla? Hemos visto estos días las lágrimas de cocodrilo de Esperanza Aguirre tras la detención de Ignacio González y las evidencias contra él y eso le habrá a usted indignado… ¿Tiene todo esto una explicación?

R.- Todo tiene una lógica. Mire hay un 70, o al menos, un 65% de españoles indignados. ¡Eso son millones! Yo lo sé porque salgo a tomar mi café, hago la compra, conduzco mi coche… aunque ahora a eso le llamen ser populista, pero yo lo he hecho toda la vida. Y le digo, ¿por qué sigue habiendo un partido que tiene un 30 o un 35%? Seguramente por qué los españoles no ven algo mejor, algo viable enfrente, en los que están en la otra órbita ideológica, para que la derecha sea derrotada y sustituida, cuando ya se ha acabado el bipartidismo y además todos están diciendo lo mismo. Todos los demás, Rivera, Iglesias, la gestora del PSOE, todos dicen: ¡corruptos! Pero Mariano sabe que esta guerra de los que están enfrente da como prioridad que se enfrenten entre ellos, y eso hace imposible que se articulen contra él. Podemos odia casi más a Rivera que a Rajoy, el PSOE, está dividido… en fin, van cada uno por su sitio. Y Rajoy está, plácidamente, viendo cómo se hacen la guerra en vez de enfrentarse a él.

Rajoy está plácidamente viendo cómo se hacen la guerra unos partidos a otros en lugar de enfrentarse a él

P.- Claro, y mientras Rajoy se fuma un puro. En Italia, en 1992, Tangentopoli empezó por cosas mucho menos graves que las que están ocurriendo aquí. ¿Usted no cree que estamos en un punto de inflexión en España, por el coste de la corrupción, para los políticos y para la democracia? ¿Cree que puede haber un fenómeno parecido en España? En Italia pudo ocurrir porque la justicia, jueces y fiscales eran independientes. ¿Puede haber limpieza parecida en España? ¿Podrían desaparecer o reorganizarse PP y PSOE?

R.- Yo no sé si Rajoy llega a captarlo, porque igual sólo le llegan los corifeos que tiene alrededor. Todos saben y ven que va a pasear siempre con el mismo amigo, a veranear siempre al mismo pueblo, que escucha sólo a Casado, o a Hernando, o a Soraya o al otro y al otro que le dicen: «Mariano, que grande eres, Mariano, Mariano, Mariano, Mariano…»

Y yo, estoy tan de acuerdo con lo que dice usted que, como creo que lo que ha salido es la punta del iceberg, un hilo tirará de otro, y frente a los mamporreros recién nombrados, habrá un montón de jueces y fiscales que no van a tragar. Y van a salir tal cantidad de cosas que, a menos que haya una catarsis en el partido, yo si fuera Rajoy no estaría tan contento y tranquilo. Ni tampoco si fuera esta señora de Madrid a la que ahora están sacando en los altares como si fuera la virgen María, la señora Cifuentes. No saben el cabreo que hay. Que entren en las redes; yo tengo la mejor encuesta que hay en España, que son un millón cincuenta mil amigos en Facebook, esa es mi media. Ahí mando vídeos y hace poco he colgado uno de dos minutos con 16 millones y medio de visualizaciones, ocho millones y medio de reproducciones y ochocientos mil comentarios. Si yo cojo eso, el 99% -y es la mejor encuesta- ¡están cabreados! Que no se olvide que hay 13 millones de españoles parados o que ganan menos del salario mínimo y que si no salen a la calle es porque tienen miedo, porque hay gente en este país que no se ha manifestado en la vida, pero el cabreo se ve y es brutal.

Un partido que hace dos años no existía tiene hoy cinco millones de votos y otro, de una derecha liberal, tiene un 14%. Y un PSOE y un PP que tenían más del 70% de los votos, ahora están en caída libre. Algo está pasando y más que va a pasar en la medida que haya jueces y fiscales que digan: «Yo no soy como ellos». Yo pregunto a jueces y fiscales qué ganan, y me contestan que 3.100 euros… y yo les digo: ¿No les indigna que pasen por sus manos gente que no han ganado nunca una oposición o que no tienen carrera terminada y tengan cientos de millones en bancos y paraísos fiscales? Y entonces te dicen: «Voy a por ellos».

Por eso, poner a un Catalá o a un Moix tampoco es tan fácil. Ya en 2007 había denuncias vecinales, que eran de libro para un juez, en las que se decía que el Canal de Isabel II había privatizado un terreno para un campo de golf y el Consejo de Administración, en el que estaba Ignacio González, lo había adjudicado a una sociedad de su familia. Todo para que luego haya una resolución de Moix, a los tres días, diciendo que no se aprecian pruebas y quede desechado. Claro, luego no es de extrañar que en las conversaciones grabadas que hemos conocido digan que Moix «es bueno».

P.- Esto señor Revilla es obsceno y más saber que al final con unos cuatros años de cárcel todo se soluciona.

R.- No sólo eso Euprepio, el problema es que estos políticos que han robado, nunca llegan a devolver el dinero que han robado. Con dos, tres años de cárcel salen a la calle y seguirán estando forrados con su dinero calentito en paraísos fiscales.

P.- ¿Y qué opina de la guerra fratricida en el PSOE y de los tres candidatos a su liderazgo?

Creo que ganará Susana porque controla el aparato, los resultados serán más o menos 60 contra 40

R.- El PSOE va a tardar años en recuperarse. Porque gane quien gane, y yo digo que ganará Susana porque controla el aparato, los resultados serán más o menos 60 contra 40. Y aunque quien pierda diga esa misma noche que se pone al servicio de la ganadora o el ganador, eso no se lo cree nadie. Aquí no se van a restañar heridas porque están muy divididos y tienen unos planteamientos radicalmente contrarios. Si gana Pedro Sánchez tratará de acercarse a la izquierda de Podemos, como única manera de ganar a la derecha y Susana Díaz eso no lo hará nunca porque cree que el objetivo de Podemos es engullir al PSOE.

Aquí han estado ya esta semana los dos con sus respectivos mítines y yo, no debía decir esto (se sonríe) pero envié un espía a cada lado, como es lógico, para ver; y Pedro tenía 1.050 personas, contadas y Susana 180. Por tanto, Díaz, tendrá sus territorios, pero en el norte, fuera de Andalucía, no preveo que tenga apoyos tan grandes. Lo va a tener complicado.

P.- Por lo tanto, no le ha sorprendido que en la recogida de avales no haya habido tanta diferencia entre Pedro Sánchez y Susana Díaz. Sólo unos 6.000 votos de diferencia.

R.- No, ninguna sorpresa. La batalla será muy reñida.

P.- Y por volver a la corrupción, ¿qué sensación, supongo que también de asco, le da lo que ha ocurrido con los Pujol, que según la investigación estaban también constituidos, supuestamente, casi como una trama mafiosa en las manos de Don Vito Corleone, perdón Don Jordi?

R.- Pienso lo mismo que todos, me da asco.

P.- ¿Y a usted le han intentado corromper?

R.- Mire, en 1987, tenía yo cinco diputados y era la llave para darle la mayoría y el Gobierno a Juan Hormaechea. Y en esa circunstancia, me viene un amigo del colegio y me dice que tengo que ir a comer para presentarme a otro amigo. Y me ponen 100 millones encima de la mesa en billetes fraccionados, o si no, me ofrecen una cuenta en el extranjero. Como quisiera. Y ello para que le aprobáramos los presupuestos a Hormaechea porque tenían un constructor con obras pendientes por cientos de miles de millones. Me levanté de la mesa y me fui a Madrid a denunciarlo. Llamé a mi amigo Miguel Ángel Aguilar, que era el director general de la Agencia Efe, y le dije lo que me había pasado. Le conté que, como aquí en Cantabria nadie querría organizármelo, yo quería que me dijera cómo podía convocar una rueda de prensa en Madrid. Y él me indica que en el Hotel Convención se alquilaban salas para eso. Costaban 25.000 pesetas, las pagué de mi bolsillo y allá que salí en mi coche, a las cinco de la mañana a Madrid, con un amigo.

Miguel Ángel Aguilar me garantizó que estaría, y de hecho llegó media hora antes. Pasaba el tiempo y yo salía a ver si veía venir a gente con pinta de periodistas. Al final, el único que la cubrió fue el propio Aguilar. Y se publicó, «La corrupción en Cantabria». Aquello acabó costándome tres operaciones de riñón, pintaron los colegios de mis niños y encima a mí me tiraban piedras… ¡porque aquél corrupto era Dios! En la calle me llamaban de todo. Hasta me costó el divorcio. Recuerdo reseñas de prensa, pegadas, en las que decían, «Revilla, sucio de aspecto, comunista, fuera de Cantabria». Firmaba el presidente, que era Juan Hormaechea. En mi libro lo cuento todo. Nombres, apellidos, día y hora. Nunca más me plantearon nada semejante porque ya sabían lo que se iban a encontrar

P.- Pero muchos otros sí se han dejado corromper…

R.- Claro. Porque vivir bien le gusta a todo el mundo. Todos tenemos un gen egoísta, y además estas cosas, se suelen hablar en familia. Yo me imagino como empezó Bárcenas. En la primera etapa le dirían: «Oye, vas yendo a las empresas y luego nos das la dirección del que ha pagado para darle las obras». Hasta que llega un día y le dice a su señora: «Oye, es una riada tal de dinero la que entra que no sé qué hacer con ello». Y llega otro día, en el que, en vez de llevarlo a la caja B, empieza a llevar algún billete a casa. Después llega el momento en el que, ya tiene una buena casa, más incluso de lo que da su buen sueldo, pero claro, a uno le gusta el esquí y al otro la playa y se compran una casa en Baqueira y otra en la milla de oro de Marbella. Mucho más aún de lo que da ese mismo sueldo. E incluso llega a pensar: «Si yo recaudo cien para el partido… ¿por qué no me puedo quedar con cinco?».

Yo, Euprepio, tengo la convicción íntima de que el partido lo sabía. ¿Sabe? La mayor inversión que yo haría si fuera ministro de Justicia en España sería meter a 1.000 personas más en la UCO, de estos que han acabado económicas o derecho y a otros 1.000 fiscales nuevos, con la carrera recién terminada, que salen con bríos y ánimos de acabar con esto.

Tengo la convicción íntima de que el partido conocía la caja B

E introduciría en España lo que hay en todo el mundo, al menos en 80 países, la figura legal del enriquecimiento injustificado. En España, no puedes ir a ver a un señor, salvo que haya una causa abierta o una referencia colateral en otra y pedirle: «Oiga, explíqueme cómo ha pagado esta mansión». En América sí. Yo se lo enseñaba a mis alumnos cuando les explicaba las maneras de detectar el fraude: los signos externos. Es fundamental. El que roba lo hace para gastárselo. ¿Cómo se caza a Bárcenas? Pues por su casa en Baqueira, por ejemplo.

P.- ¿Qué opina sobre el Rey? El anterior monarca, Juan Carlos I, fue muy querido en mi país porque había vivido en Italia, pero… ¿podía haber hecho más de lo que hizo para que el país no estuviera tan lleno de chorizos de cuello blanco?

R.- Lo primero que debía haber hecho es dar ejemplo y ser coherente con el privilegio de ser Rey. Se ha codeado con cantidad de corruptos, hay fotos con Blesa, con Rato. Todos sabían que su entorno no era trigo limpio. Yo le agradezco lo que hizo en el 23-F, pero su vida en los últimos años no es ejemplar para nada. Esa señora rubia ha sido un escándalo. Con todos los comisionistas que había detrás de su melena rubia…

El actual Rey no tiene en eso ningún parecido con su padre. Está haciendo las cosas muy bien. Pero por eso su padre tuvo que dimitir. Y estuvo a punto de cargarse la monarquía. Yo no soy monárquico ni creo que ningún demócrata lo sea… tuvimos a Fernando VII o a otros y podríamos llegar a tener a Froilán. Lo del hijo, el nieto está bien para la vida o la hacienda privada pero ya. Ahora, Juan Carlos podía haberlo hecho mucho mejor, sin duda.

P.- ¿Va a durar mucho este Gobierno?

R.- La moción de censura de Podemos no se va a apoyar. Yo he participado en muchas y sé que no se hace así. Antes de anunciarla se supone que has cenado, te has reunido discretamente, has tanteado… y esta, tendrá un efecto propagandístico, pero (Podemos) se quedará solo. Dicho lo cual, el resultado político será bueno para él (Iglesias) porque podrá estar dos días hablando y dejará en evidencia a los que no le apoyen. Y sobre si hay razones para una moción de censura… razones para una no, ¡hay razones para 20! Imagínese que Hoover, siendo presidente de los EEUU, le hace llegar un mensaje a Al Capone, al que al final detienen por delito fiscal, en el que le dice: «Sé fuerte, hay que aguantar»…

P.- ¿Le ha dado usted algún consejo a Rajoy?

No hay razones para una moción de censura, hay razones para veinte

R.- Mira, un secretario general de un partido, de lo que más conoce es de dinero. Y la relación con el tesorero es como la que tienes con tu mujer. Puedes delegar en el nombramiento del alcalde de… Ciempozuelos, por ejemplo. En esto no. Todos los tesoreros hacían lo mismo y los secretarios generales lo sabían. Se lucraban, ganaban dinero… ejemplos ha habido. Los Matas compraban con billetes de 500 euros la fruta y en Castilla y León pasaría otra cosa, y allí, y en otro lado… Y yo estoy convencido, además, de que ha habido un pacto de no agresión entre los Gobiernos de España y los Pujol. Y, probablemente, eso siga así. Porque cuando se llega al patriarca, es sospechoso y muy feo que Moix se proponga cesar a los tres fiscales a la vez. Eso es pésimo.

Y ello porque él (Pujol) es el que sabe cómo ha funcionado todo. Aquella comparecencia en la que hablaba de «las ramas del árbol»… y hasta Maragall, que denunció, se calló. Yo no voy a callar. Mientras me pongan micrófonos.

P.- Usted es muy mediático, sube las audiencias exponencialmente… y la gente le quiere. ¿Por qué otros no tienen su valor para denunciar todo?

R.- Yo ya cuando era profesor era ya el más valorado por mis alumnos. A mí han venido periodistas a decirme, «bueno, algunas preguntas a lo mejor son muy duras…» Y yo contesto: «Hágamelas todas». Yo no soy Pujol, que decía: «Hoy no toca» . Yo doy mi opinión hasta del Papa. Contesto todas las preguntas. A mis 75 años he cubierto todas mis vanidades. A mí lo que me gusta es ir a pescar con mi hija… y si a mí me dicen que vaya a las Bahamas, pues me aburro. Prefiero ir a San Glorio. Por eso soy un tío difícil de controlar.

¡Yo digo todo y seguiré haciéndolo! Esto a los medios le gusta porque a la gente le gusta. La audiencia sube porque reflejo el sentir de la mayoría de los españoles.