Basada en la serie de novelas de Villanelle de Luke Jennings, Killing Eve, que llega esta noche a TVE, es una historia de espías que, a primera vista, se parece a algo que ya hemos visto antes. La serie de HBO que salta a la televisión pública está protagonizada por Sandra Oh (Anatomía de Grey), una oficial del MI5 empleada en tareas administrativas, a la que finalmente le encargan una investigaicón sobre una asesina a sueldo, capaz de sonreír mientras raja la garganta de un hombre con una horquilla transformada en daga, interpretada por Jodie Comer (My Mad Fat Diary).

El hecho de que la creadora de Fleabag, Phoebe Waller-Bridge, actúe como productora ejecutiva y escritora de varios episodios agrega inteligencia adicional, ingenio oscuro y toques idiosincráticos que aumentan aún más el nivel de calidad. Esta es una televisión deliciosa, instantáneamente adictiva, tanto que BBC America, antes del estreno de la segunda temporada, ha decidido la renovación de la serie, por una tercera y cuarta temporadas. Esto se debe a que Killing Eve tiene todas las condiciones para convertirse en la nueva Orphan Black de BBC America.

El primer episodio, escrito por Waller-Bridge y dirigido por Harry Bradbeer, que también dirigió cinco de los seis episodios de Fleabag, comienza presentándonos a Villanelle (Comer). Villanelle está sentada en una heladería en Berlín disfrutando un postre mientras mira a una joven que está haciendo lo mismo. Llama la atención de la niña, sonríe y luego sale del restaurante, arrojando el plato sobre la niña mientras sale por la puerta. Villanelle, quien luego descubrimos que es una audaz asesina rusa, todavía no ha matado a nadie. Sin embargo, esto está a punto de cambiar.

Después de la presentación del papel de Jodie Comer, llega un primer plano de Eve Polastri (Sandra Oh), que aparece durmiendo y gritando de terror como si ya estuviera teniendo pesadillas sobre Villanelle. Su esposo, Niko (Owen McDonnell), la agita y logra despertarla. De inmediato, sabemos que Eve es propensa al pánico y que, a pesar de estar trabajando como oficial del MI5 ayudando a su jefe, Bill (David Haig), tiene un gran instinto criminólogo y muchas ganas de ponerlo en práctica.

En una reunión convocada de forma apresurada por Carolyn Martens (Fiona Shaw) jefa de la sección de Rusia de la agencia de espionaje, Eve descubre que un político ruso conocido por su participación en el tráfico sexual, fue asesinado en Viena la noche anterior, después de que su arteria femoral fuera seccionada  en público, sin que nadie lo notara. No está claro quién fue el autor, pero Eve llega a su propia conclusión, «probablemente era una mujer», exclama.

Haciendo un análisis de las dos protagonistas, Sandra Oh se mete sin problemas en la piel de Eve, que tiene más bien poco parecido con la Dra. Cristina Yang de Anatomía de Grey, aunque muestra algunas cosas en común con ella. Eve es ambiciosa, obsesiva y terriblemente incapaz de mantener un estilo de vida saludable. No puede contener la lengua, a veces está desorganizada y tiene un cerebro que no se apaga.

Por su parte, Jodie Comer, que no resultará tan familiar como Oh al público, se está haciendo hueco entre las grandes estrellas del mundo de las series gracias a su papel de Villanelle. Villanelle, que se parece un poco a Ivanka Trump pero en una vertiente letal, aterroriza con su mirada y coqueteos, pero también es eficiente. Es el tipo de asesino que le dice a la víctima: «Te voy a matar muy bien. Pero luego haré un desastre con tu cuerpo para que se vea peor de lo que ya es. Solo quería que lo supieras, ¿de acuerdo?»

La misión de Eve no es solo atrapar a Villanelle, sino descubrir para quién está trabajando y cuál es su misión, un proceso que implica desentrañar una tremenda cantidad de hilos interconectados. Sin embargo, en un nivel más amplio, la serie cumple otra misión: tomar un género generalmente impregnado de masculino y feminizarlo.