Cuando los medios técnicos y las facilidades se reducen, al mundo le toca reinventarse. En esta ocasión, todos los sectores se han visto afectados de alguna forma. Sin embargo, la televisión ha tenido que hacer malabares para continuar, fundamentalmente, con los programas en directo. Colaboradores vía Skype, tertulianos con distancia de seguridad y programas realizados únicamente con la webcam o móvil de los periodistas. Estos son algunos de los elementos imprescindibles que han tomado como punto de apoyo las cadenas de televisión para crear nuevos formatos y seguir con sus labores de informar y entretener.

Pero a pesar de utilizar la misma fórmula, los resultados no parecen ser equitativos entre los diferentes espacios. Es por ejemplo uno de los afortunados el programa Lo de Évole en La Sexta. El periodista en este caso realiza el programa desde el salón de su casa, a través de videollamadas con diferentes invitados de rostro muy conocido para los telespectadores. Parece ser que el público ha recibido el cambio con los brazos abiertos, ya que sus audiencias han superado a las de los especiales anteriores de Évole, en exteriores y de compleja producción y realización.

Mientras que a algunos los datos les animan a continuar, a otros les avisan de que deben probar fortuna de otra manera. Este es el caso del programa de TVE Todos en casa, presentado por Ion Aramendi desde su salón. A pesar de seguir exactamente la misma estructura que el programa de La Sexta, con Aramendi desde su casa en directo, junto a su familia y entrevistando a famosos por videollamada, las audiencias no han reflejado en sus tres semanas de emisión el aprobado por parte del público y ha sido cancelado. Alguna teoría apunta al rostro del conductor, que no habría resultado lo suficientemente conocido o polémico para este formato tan ‘íntimo’.

Cambiando totalmente de tercio toca mencionar a los dos auténticos vencedores de esta carrera por la innovación y adaptación. En primer lugar, se encuentra el programa de Cuatro pilotado por Risto Mejide, Todo es mentira. Un seguimiento de más de un millón de espectadores y un 6,8% de share regalan al satírico informativo la emisión más vista de su historia. En un momento tan complicado como el actual y con su pilar fundamental conectado vía Skype resulta todo un logro para la cadena.

Así triunfa también Cuatro al día, con Joaquín Prat al frente, que batió también su récord absoluto con 933.000 espectadores y un 6,5% de cuota de pantalla. Desde la llegada del Covid-19, el programa ha conseguido cautivar a los espectadores y ganarse adeptos gracias en gran medida a los espacios dedicados a resolver dudas cotidianas sobre la excepcional situación y a la voz crítica y directa de Prat.

Por su parte Sálvame mejora sus audiencias tras sufrir un pequeño desnivel, ocasionado por la excesiva atención fijada en el coronavirus. Su audiencia busca un tiempo de desconexión, humor y banalidad que les ayude a huir de la trágica realidad, y como ellos mismos suelen decir: «La audiencia es soberana», y el espacio de Jorge Javier se ha vuelto a empapar de su esencia habitual.

La Semana Santa con mayor consumo de televisión de la historia, con 310 minutos por espectador y día, despeja las dudas sobre los vencedores y vencidos de los nuevos formatos televisivos y corona a Telecinco como la cadena más vista y un promedio del 11,4% de share.