Más de siete meses de noticias negativas, datos alarmantes y miedo diario. Una ristra de informaciones que, por desgracia, no cesan, y no son más que la representación ilustrada de una realidad atípica, pandémica y preocupante.

Precisamente por ello, hay determinados grupos de la población que en estas últimas semanas han acusado un mayor cansancio, hartazgo y en algunos casos temor ante dicho aluvión de informaciones. La televisión se sigue viendo, la prensa leyendo y la radio escuchando, pero probablemente con un mayor nivel de “desasosiego y desinterés”, según la psicología.

Respecto a esta desidia o temor, según el caso, los expertos advierten que sumirse en un estado de evasión de la realidad con la intención de ‘proteger’ la salud mental y emocional no es la mejor de las soluciones.

“Hay que regular las emociones de forma correcta. Si tu forma de regularlas se basa en desactivar la alarma, esta deja de darte la lata sí, dejas de sufrir ansiedad y malestar fisiológico, pero estas mucho menos protegido. Y en este caso, no solamente estás tú desprotegido, sino que desproteges a quien te rodea, y puedes provocar incluso que se muera alguien”, explicaba el catedrático en psicología, Antonio Cano.

En este sentido, la ansiedad y el “malestar fisiológico” ante las informaciones recibidas sería “necesario” para mantenernos lúcidos en la lucha contra el virus. “Las emociones son puramente adaptativas. Que tu cuerpo se ponga alerta y sentir esa emoción de ansiedad, aunque sea algo incómodo, es adaptativo y necesario porque realmente te juegas algo importante”, aclaraba.

Si evitas la realidad, la vas olvidando, y comienzas a comportarte como si de verdad no pasara nada

Por lo tanto, los medios de comunicación estarían actuando durante la pandemia como alarma. Sus datos, imágenes y testimonios serían de esta forma una vía de permanente contacto con la realidad que azota a la ciudadanía. “Si evitas ver la realidad, la vas olvidando, y comienzas a comportarte como si de verdad no pasara nada”, añadía Cano, “tú puedes apagar la televisión, pero el peligro sigue existiendo”.

Por otro lado, para el psicólogo, uno de los mayores problemas y peligros reside en la “habituación”, y es que, es algo palpable que la población ya no percibe la cifra diaria de muertes como lo hacía en abril o mayo. Ahora los fallecimientos son reinterpretados por las conciencias de una manera más fría y distante porque “nos hemos acostumbrado”.

El psicólogo afirma que “el miedo provoca o que tengas más miedo o que te vayas olvidando progresivamente de que algo es peligroso”. A consecuencia, las emociones “se bloquean”, y “cuando te olvidas del peligro ocurren los accidentes”. “¿Cómo se explica si no que haya personas que con los datos terribles de infección que hay en España lleguen a una terraza y se guarden la mascarilla y actúen como hace diez meses?”, planteaba el experto.

A su vez, parece que la televisión cuenta con más papeletas para ser el medio que antes tienda a esa “evitación”. “La televisión aporta una representación más cercana a la realidad que por ejemplo otros medios, como la prensa escrita. Al tener imágenes es probable que provoque más emociones, y a su vez mecanismos de defensa más radicales, como la negación”, apuntaba Cano.

Respecto a esto, durante la pandemia, y especialmente en los primeros meses de confinamiento, la televisión fue diana de críticas que apuntaban a una “cultura del miedo” y “sensacionalismo” en lo que a noticias ‘negativas’ sobre el Covid se trataba.

Es probable que la TV provoque más emociones, y a su vez mecanismos de defensa más radicales, como la negación

Sin embargo, Carlos del Amor, responsable del área de Cultura de los Servicios Informativos de RTVE, por lo tanto, afectado directo de esta tendencia, apuntaba que “la situación es alarmante. Estamos ante el peor año de nuestras vidas, el peor año de una generación, en el que cada día mueren cientos de personas… Y lo estamos normalizando”.

“Cuando las noticias son malas, son malas y no se pueden maquillar. Es más, maquillar las noticias malas es un acto de irresponsabilidad informativa. No creo que sea lo que debamos hacer”, zanjaba.

Por su parte, el catedrático en psicología se mostraba de acuerdo con dicha reflexión y exponía un ejemplo comparativo con dos situaciones trágicas que la ciudadanía ha vivido en España.

“Una cosa es que los medios saquen por ejemplo continuamente imágenes de un atentado que ya ha sucedido, porque ahí haces sufrir a la gente, en especial a las víctimas, como pasó en 2004 con los atentados terroristas. Pero otra cosa es no sacar imágenes, testimonios ni información de los 730 muertos por cada millón de habitantes que hay en España, información de las secuelas que también tienen los jóvenes, o rebrotes continuos, porque eso no es exageración, sí es real y sí está sucediendo todos los días”.

En esta línea, Antonio Cano propone «descansar» pero no «desinformarse», porque «estar un tiempo tan prolongado como el que llevamos, y el que nos queda, con niveles de ansiedad tan elevados va a provocar un goteo de problemas emocionales, y algunos se convertirán en trastornos emocionales».

«Está bien que nuestro cuerpo esté en estado de alarma, porque hay un peligro que mata, pero hay que descansar. No podemos estar fisiológicamente activados todo el tiempo porque al cabo de tres días sin dormir te mueres. Pero, tampoco podemos vivir sin alarma no es una solución, es una evitación, y en este caso, puedes llegar a morirte», zanjaba.