Series y Televisión HUGO TOMÁS | DIRECTOR DE PROGRAMAS DE ENTRETENIMIENTO

"No hay géneros basura, hay momentos para cada historia"

«Para mí un genero no es mejor ni peor que otro. No es mejor un documental que Sálvame o que La Isla de las Tentaciones y viceversa. El consumidor de Sálvame, o de Semana puede leer también un libro de autoayuda o Hamlet«

Hugo Tomás ha dirigido realitys de gran éxito como Supervivientes, La Isla de las Tentaciones 1, Masterchef o Perdidos en la tribu, entre otros y ahora es responsable del área de entretenimiento en la productora Mediacrest. En esta nueva etapa se encuentra inmerso en proyectos como El cazador de TVE y explica que ahora el entretenimiento televisivo es «más importante que nunca».

«Creo que durante el confinamiento el hecho de vivir otras vidas se hizo necesario para la salud mental y la salud emocional y desde luego ratificó la importancia del entretenimiento en la vida de las personas», explicaba el director, «hizo una labor de evasión y también de acompañamiento para esas tantas personas que se encontraban solas. Y es que, cuando escuchas historias de otros en la tele y empatizas, algo dentro de ti también se siente escuchado».

Nosotros podríamos haber dejado que Cristofer escapara, y no le dejamos precisamente por mantener la esencia del formato

En su caso, la actividad no ha cesado, sino todo lo contrario. Durante estos meses las audiencias de El cazador han sido muy positivas y el concurso ha renovado por una cuarta temporada. En pleno ‘boom’ de los realitys, y en manos de un experto de ellos, es cuanto menos asombroso que un concurso triunfe con elevados datos, sin embargo, Tomás considera que se debe a que «tiene un componente de verdad muy poderoso».

«Los cazadores son personas que han luchado y se han construido como grandes concursantes a base de estudio, lucha y mucho tiempo participando en un programa. No es un concurso al uso. No se enfrentan a su propio conocimiento sino al conocimiento de ‘grandes sabios’», justificaba.

Además, confiesa que posee uno de los ingredientes más importantes para que un formato triunfe, «el formato, formato, formato» y un «planteamiento contundente». «Nadie perdona, por muy buenos que sean los actores, el director o la premisa, que una película no esté bien contada. Es lo que ocurre con los programas. Soy un gran defensor de que hay que tener siempre muy claro cuál es la historia que estamos contando y cuáles son los mecanismos que hacen especial y diferente a ese formato y a esa historia».

Ejemplo de saltarse el ‘formato, formato’ es permitir que Melyssa de La Isla de las Tentaciones se escapara a la villa de los chicos o en el caso de La casa fuerte, que a las dos semanas de programa cambien las reglas y se incorporen nominaciones y expulsiones. «Cuando te sales del planteamiento inicial y vendes una historia, pero cuentas otra, o la cuentas mal o no se entiende o te saltas las propias normas del formato… la gente no lo entiende y se desengancha».

«Creo que en la segunda edición de La isla de las tentaciones han sido más flexibles y es lógico, porque cuando un formato está asentado el espectador es más permisivo. Pero nosotros podríamos haber dejado que Cristofer llegara a la villa de las chicas, y no le dejamos precisamente por eso porque soy un obsesionado de respetar y dotar de entidad al formato y mantener la esencia, en este caso la esencia de la separación».

En cuanto a esta exitosa producción confiesa que aunque el equipo «tenía confianza en que funcionara» en un principio «nadie se imaginaba el exitazo ni la repercusión que iba a tener entre el público y en las redes». Según este, la alegría fue enorme ya que «los realitys son muy bonitos de ver pero muy duros de hacer y requieren de un trabajo de siete días a la semana, 24 horas al día durante el tiempo que dure la grabación».

«Al final tus protagonistas son seres vivos e impredecibles que se pueden despertar por la noche con un ataque de ansiedad, dolor de cabeza…Es una atención constante la que necesitan», contaba, «siempre hacemos un estudio previo de los personajes, de las parejas, que te guía para saber cómo puede reaccionar cada persona en según qué situación. Pero creo que lo realmente bonito es que te sorprendan y que suceda todo de manera espontánea, natural y auténtica».

El consumidor de Sálvame, o de Semana puede leer también un libro de autoayuda o Hamlet

Esto al parecer no habría ocurrido con la segunda edición de dicho programa, y es que, según el profesional «los protagonistas tenían prisa en hacer las cosas». Con una primera temporada cargada de audiencia y fama, quizás las nuevas parejas ya venían predispuestos al show. «Creo que no se puede empezar la casa por el tejado. En la primera edición una cosa con la que disfrutamos mucho fue con la gestión de las tramas a fuego lento, como en una película. El espectador tiene que conocer a los personajes, a sus relaciones… Tiene que haber una progresión lógica en las emociones y para eso les dejamos espacio y tiempo».

«La hoguera de Susana y Gonzalo duró casi dos horas de grabación de las que luego solo se sacó parte porque tenemos que respetar la duración del programa, pero podría haberse emitido en bruto la hoguera completa y la gente no se hubiese despegado de la pantalla. Hubo tanta verdad, tanta emoción… Que allí en directo se te partía el alma. Tuvo a todo el equipo enganchado», confesaba.

El ‘hate’ hacia el reality

«No entiendo el rechazo al género del reality. Además, no es que solo pase con los realitys, sino que ocurre con programas como Sálvame también. Yo creo que el ser humano necesita consumir historias, desde una revista del corazón al libro de un nobel de literatura, un programa de tele o una conversación…Desde los trovadores y las pinturas rupestres, el ser humano ha tenido la necesidad de contar y de consumir historias», defendía.

No hay géneros o contenidos basura, hay momentos para cada historia

Acerca de esta imposición moral que lleva a cabo una parte de la población relacionando a gente vulgar o menos ‘culta’ con el hecho de ver programas de entretenimiento, el también guionista ha explicado que «no hay géneros o contenidos basura, hay momentos para cada historia».

Asimismo, ensalza la verdad que se esconde en ellos, sobre todo «con anónimos», porque «llega un momento en el que el equipo técnico se vuelve invisible para ellos. Les pesa más la experiencia que están viviendo, un amor, unas palabras que les han dolido o una preocupación que las cámaras, y de verdad que se olvidan. Eso es mágico».

«Si la gente que critica el género del reality se asomara al día a día de esa experiencia y viese cómo les cambian las vidas a los protagonistas cambiaría su percepción». Además, ha relatado que en sus ya numerosas experiencias de grabación «siempre hay un reality paralelo entre el equipo técnico y se viven grandes tramas, giros inesperados y vaivenes en las relaciones… Siempre decimos que es casi más interesante el que se vive ahí que el que se emite».

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