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Del triunfo de 'Cachitos' al especial de Mota y el monólogo de Blanca Portillo

Hemos visto los programas de nochevieja y esta es la puntuación que le damos.

Nadie lo ha dicho todavía, pero en este 2021 que se despidió hace tan sólo unas horas se cumplía un aniversario especial. Hacía exactamente ocho años que se inauguraban las dos tradiciones que más han marcado desde entonces la Nochevieja: adivinar qué vestido llevaría Cristina Pedroche, si es que llevaba alguno, y el especial de Cachitos en la Dos. Sí, fue en la Nochevieja del 2014 en que estos dos fenómenos aparecieron por primera vez. Y desde entonces no han parado de acaparar el interés mediático semanas antes de su emisión.

El vestido de la Pedroche: pieza de museo

En el 2014, Cristina Pedroche, asesorada por el estilista Josie, apareció con un vestido negro con transparencias, encajes y un marcadísimo escote diseñado por Charo Ruiz. Visto ahora parece incluso recatado, pero en aquel momento tuvo su punto arriesgado e hizo que muchos espectadores escogieran la Sexta para ver las campanadas. Las transparencias de la Pedroche consiguieron un récord de audiencia. Desde entonces, la presentadora madrileña no ha parado de subir el listón, cada vez con apuestas más radicales y donde más enseñaba (personalmente, creo que en el 2017, con un diseño de Hervé Moureau, es cuando más espectacular estaba).

Ayer, la Pedroche sorprendió a todos con un diseño tan radical como excéntrico. Acompañada por el chef Alberto Chicote (el cual, por cierto, se encargó de preparar el catering de todo el grupo de Atresmedia en las Campanadas), apareció al principio con una capa ala de Buj Studio que quería representar a “un insecto que hace una metamorfosis y cambia” — Pedroche aseguró que quería lanzar un “mensaje y reconstrucción”. El resultado, sin embargo, no fue tan poético y alguien en Twitter, con bastante gracia, dijo que se parecía más a “Ómicron”.

Por lo que se ha podido saber, el tal Buj Studio es una firma dirigido por Raquel Buj, una arquitecta que dio el salto a la moda. El traje de Pedroche ha llevado cuatro meses de elaboración, entre 250 y 300 horas, y se han empleado técnicas muy modernas para hacerlo, de impresión en 3D a corte por láser. El casco y los zapatos eran de Manuel Albarrán, un artesano del metal. Debajo de la capa —el gran secreto de la noche—, la presentadora llevaba un traje de museo: era un vestido del desaparecido Manuel Piña (1944-1994) y tenía más de 30 años (era de la temporada primavera/verano del año 1991). Claramente futurista, el traje estaba confeccionado con “tafetán calado iriscente y acabados metálicos” y portaba dos aros para “aportar volumen geométrico”.

‘Cachitos’ se afianza

Pero la noche no sólo tuvo como protagonista a la Pedroche. Si hay algún programa que está acaparando cada año más espectadores, ése es el especial de Cachitos que emite La2. En Nochevieja del 2014 se hizo un mix de los cinco programas emitidos durante el año y tuvo tanto éxito que, a partir de entonces, se decidió producir un programa especial.

El año pasado consiguieron 2.018.000 espectadores, un 13,3% de la audiencia. Pero lo más interesante es su repercusión en Twitter: seguir los comentarios de la gente sobre el programa se ha convertido en un ritual tan sagrado como las uvas. Algunos años, Cachitos ha llegado a ser Trending Topic mundial. Aún no tenemos datos definitivos de ayer, pero ya les adelanto que, sobre la una de la madrugada, eran el tema más comentado en Twitter, por delante del vestido de la Pedroche.

Una gran parte del éxito, por supuesto, se debe a la diversión ofrecida por los rótulos que acompañan a las canciones. Con un humor agudo, a veces mordaz, otras irónica, siempre inteligente, los comentarios ofrecen más crítica social y política que cualquier programa de tertulias.

El programa cuenta con un equipo reducido, lo que demuestra que no hace falta gastarse un dineral para ofrecer un programa de altísima calidad. Lo dirige Arantxa Soroa y lo presenta Virginia Díaz. Para el especial de Nochevieja, el programa cuenta con los rotulistas Antonio Vicente y Pablo González Batista, los responsables de los chistes que nos amenizan la entrada de año. Vicente es guionista de Hoy empieza todo en Radio 3 y escribe libros infantiles. Batista es fotógrafo y subdirector de Hoy por Hoy en la Cadena Ser.

Algunos de los comentarios de años anteriores han sido muy polémicos —como el año en que llamaron a Bertín Osborne “La Vox” o dijeron que Battiato era “el Franco bueno”—, pero los guionistas aseguran que ellos hacen humor y que critican a todos los partidos por igual. Este año, de hecho, la propia Macarena Olona, de Vox, se ha reído con una alusión que le hicieron en el programa.

El programa de este año de Cachitos ha contado con algunas novedades. Primero: antes de las campanadas, a las 22.40h, le dedicaron un Cachitos especial a Raffaella Carrá, titulado Santa Raffaella, que fue lo mejor para amenizar la espera hasta las uvas. Después, durante el Cachitos postcampanadas, los homenajes continuos a Antonio Gasset fueron preciosos.

El especial de José Mota

Menos mal, desde luego, a Cachitos, porque el programa de José Mota, el espacio que normalmente debería entretenernos hasta las uvas, no consiguió entusiasmar. José Mota lleva la friolera de veintiún años amenizándonos las Nochevieja (han leído bien: veintiún años). Desde El efecto 2000 (aún con Cruz y Raya y acompañado de Juan Muñoz) hasta el de ayer, titulado Cuento de Vanidad e inspirado en “El cuento de Navidad”, de Charles Dickens.

José Mota es un magnífico humorista, de eso no hay duda, y se ha ganado un lugar de honor en la historia de la televisión. Muchas de sus interpretaciones son icónicas y ha hecho reír a generaciones enteras. Además, conseguía cosechar éxitos de audiencia. Su programa La hora de José Mota consiguió arrasar. Pero el problema es que últimamente es tan repetitivo que se hace monótono, previsible y, siento decirlo, aburrido. El programa de ayer estaba bien planteado, con una crítica inteligente a las redes sociales y nuestra dependencia a ella, pero el conjunto no convenció a nadie. Lo único interesante fue el cameo de Santiago Segura y la parodia de El ministerio del tiempo para criticar la corrección política.

El monólogo de Blanca Portillo

Hay otra tradición que se afianza: que el “Telediario” de TVE escoja a un actor o actriz para “representar al año que se acaba” y le haga recitar un monólogo que resuma lo más destacado de los últimos doce meses. La tradición se inició en el 2019 con José Sacristán (soberbio) y siguió el año pasado con José Coronado.

Ante el patio de butacas semivacío del Teatro de la Comedia, Blanca Portillo recitó de manera magistral y consiguió darle el tono melancólico pero sobrio preciso. “Si me comparo con 2020, he sido mejor; si me comparto con 2019, peor. A veces, la medida de las cosas la da situarse”, dijo Portillo. El resumen estuvo bien logrado, aunque fue excesivamente largo y demasiado triste. Haber destacado alguna noticia alegre, haber puesto alguna nota de esperanza hubiese ayudado a que no acabáramos todos al borde de las lágrimas. Hay que decir, no obstante que el final, desde luego, fue muy bonito, con esa emotiva lectura de un poema “pare recordar a quienes ya no están” de Luis García Montero, pareja de la fallecida Almudena Grandes. El colofón, con esas palabras finales frente a la estatua de Federico García Lorca, fue, sin duda, el momento álgido: “Te dijeron maricón al pegarte un tiro, y 85 años después sigue habiendo delitos de odio. Pero sigue habiendo mucha más gente de tu lado, que del de los que odian”. Está bien recordado.

‘Se lo que hicisteis… los últimos diez años’

Hace diez años, en mayo del 2011, se puso fin a Sé lo que hicisteis.., un programa que en su día fue mítico y que enganchó a una audiencia fiel. Atresmedia decidió recuperar a muchos de sus integrantes para un especial de Nochevieja. Patricia Conde volvió a presentar el show y Pilar Rubio, Dani Mateo, Cristina Pedroche y Miki Nadal, entre otros, nos volvieron a hacer sonreír. Fue un programa divertido, simpático, con mucho recuerdo y algún que otro cameo. El único peo fue no contar con Ángel Martín (fue el propio Martín quien declinó la oferta).

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