En el Día Mundial del Arte, un demoledor incendio ha destruido la catedral de Notre-Dame, uno de los emblemas arquitectónicos, culturales e históricos de París y de toda Europa. Las espectaculares imágenes son ya historia audiovisual contemporánea y han herido hondamente el orgullo de una ciudad que en el último mes ha sufrido varios golpes decisivos contra su patrimonio.

La Fiscalía francesa investiga ya las causas que han provocado el incendio, aunque los portavoces oficiales citados por los medios franceses lo atribuyen inicialmente a los trabajos de mantenimiento que se estaban produciendo en el templo, construido entre 1163 y 1345. La enorme cantidad de madera que sustenta la estructura del edificio habría provocado la rápida expansión del fuego, que se declaró sobre las cinco de la tarde. Una hora después, la icónica aguja central, de 92 metros de altura, se desplomaba de forma espectacular sobre la nave, cuyo techo también ha colapsado.

El incendio de San Sulpicio

París se queda, parcialmente, sin su mayor iglesia católica y sin uno de sus principales símbolos hacia el exterior. Una catástrofe que se produce sólo 28 días después del incendio, en extrañas circunstancias, de la iglesia de San Sulpicio, la segunda más grande de París y otro icono arquitectónico y cinematográfico. Es el edificio en el que se rodó la recordada El Código de Da Vinci y está a poco más de un kilómetro de Notre-Dame.

El incendio se declaró el pasado domingo 17 de marzo, pasada la una del mediodía. Se prendió fuego a la entrada y parte de una de las escaleras del templo. No se han dado a conocer las causas que provocaron el siniestro, sofocado por los bomberos, aunque se produjo en medio de una oleada de ataques a iglesias e instituciones católicas en todo el país.

«Las imágenes de las llamas en San Sulpicio este fin de semana son un ejemplo más de la violencia cometida contra los católicos», declararon entonces Philippe Gosselin y Annie Genevard, diputados de Los Republicanos en la Asamblea Nacional. Ninguna autoridad ha confirmado que se tratara de un ataque intencionado.

Sólo unas semanas antes, una representación de la virgen María había sido destruida en un suburbio de París, una de Jesucristo decapitada en el municipio atlántico de Saint Gilles Croix de Vie -cerca de Nantes- y otras cuatro iglesias en Nîmes, Lavaur, Houilles y Dijon fueron vandalizadas, algunas con excrementos humanos.