Imagen de archivo de una manifestación feminista

Imagen de archivo de una manifestación feminista EFE

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"A España le hace falta memoria histórica feminista"

Sociedad Entrevista | Ana Bernal-Triviño

"A España le hace falta memoria histórica feminista"

A día de hoy, los nombres de 1.019 mujeres están incluidos en la trágica lista de asesinadas a manos de su pareja o expareja, dato que se registra desde el año 2003. En foros de redes sociales se ofrece siempre el dato de que hay 30 hombres asesinados por sus mujeres, cifra que nunca viene acompañada de una fuente real. Hay mujeres que matan. De hecho, el feminismo no niega su existencia, pero lo que sí es importante es revelar qué enunciados como esa supuesta lista de hombres muertos son erróneos. La periodista y profesora de la Universidad Oberta de Cataluña, Ana Bernal-Triviño, ha recopilado un total de cincuenta afirmaciones que son bulos en su nuevo libro No manipuléis el feminismo.

La autora hace hincapié en aquellas personas que afirman no ser «ni machistas ni feministas» y piden «igualdad». El feminismo defiende los derechos humanos, y esa postura de no posicionarse es a la que recurre la «gente que sigue creyendo el gran bulo de que el feminismo es contrario al machismo», cuenta Ana Bernal-Triviño en una entrevista concedida a El Independiente. La propia RAE indica que no son antónimos. «El machismo viola, mata, acosa, y el feminismo salva. A día de hoy no hay muertes en nombre del feminismo, es una revolución sin sangre». Sin embargo, no solo particulares recurren a bulos sobre la supuesta violencia que trae el feminismo. Incluso políticos, como Ortega Smith, utilizan argumentos que ni siquiera están basados en hechos reales.

Con estos bulos, se consigue no solo ridiculizar a las personas que conforman la lucha feminista, sino también a las víctimas de la violencia de género y machista. Esto ha pasado siempre, tal y como ha explicado la autora: «En la época de las sufragistas, se hacía una campaña de la ridiculización basada en caricaturas e insultos». Hoy, periódicos y partidos profieren burlas, pero «al final las feministas estamos muy curadas de espanto, de todas las cosas que nos han dicho». El machismo no descansa: «Hoy he escrito un artículo sobre la maternidad y es increíble la cantidad de hombres que me han hablado de la capacidad de ser madre, una propiedad de la que carecen».

Ana Bernal-Triviño anima a las personas que parecen odiar a las mujeres a que dejen de cuestionar el feminismo, ya que sus críticas afectan directamente a las víctimas. Si se empieza a «cuestionar la Ley de Violencia de Género, que está premiada internacionalmente, que tiene el respaldo internacional y que hace eco de las indicaciones que la ONU llevaba pidiendo desde 1994, lo único que se consigue es que la legislación se debilite y que cuando una mujer maltratada vaya a pedir auxilio no encuentre la respuesta que merece de las instituciones», sentencia la autora de No manipuléis el feminismo.

Debilitar la Ley de Violencia de Género dificulta aun más «un proceso frío, que está en manos de desconocidos», relata la periodista en relación al proceso de denuncia de una víctima de violencia de género. A la hora de denunciar, la víctima «tiene que contar aspectos de su vida privada nada agradables, revivirlos y confesar desde las cosas que te decía el agresor hasta confesar la violación». En relación a las denuncias, Ana Bernal-Triviño condena que se haga alusión a las que son falsas, ya que son más preocupantes aquellas en las que «el propio machista se hace pasar por víctima y denuncia a la mujer que le acusa de violencia de género». De este modo, evitan que la justicia recaiga sobre ellos.

Ana Bernal-Triviño ha confesado que los bulos más peligrosos «son los relacionados con la protección de la violencia de género y los mitos sobre la violencia sexual. «Siempre se cree que el violador es un desconocido que te va a asaltar por la calle. La mayoría de los agresores son conocidos o familiares». A esto se le suma el mito de que la mujer ha dado el consentimiento en una violación, como ocurre con La Manada. «Las violaciones son agresiones que ocurren en el ámbito más privado y al final, es la palabra de una persona contra la de otra».

Lamentablemente, aunque el cuerpo de la mujer violada hable, todavía hay personas que «siguen difundiendo el rumor de que ella consintió la relación». El equipo forense ya explicó cómo hay mujeres que reaccionan bajo una parálisis o mujeres que para superar el proceso que les viene encima hace una disociación cognitiva y entonces se relajan hasta el punto de que puede que no quede ningún tipo de marca durante la violación y eso no significa que lo haya consentido. «La asignatura que nos queda pendiente es entender el proceso psicológico por el que pasa una mujer víctima de la violencia de género o machista. Si no comprendemos las fases por las que pasa, difícilmente vamos a poder hacer cambios en la sociedad», afirma Ana Bernal-Triviño.

A pesar de que las feministas hayamos alzado la voz con más fuera en los últimos años, «también se ha fortalecido la reacción patriarcal», relata la autora. Con este esfuerzo de desacreditar al feminismo, lo que consiguen es que siga habiendo desigualdad «en lo público y, sobre todo, en lo privado». El feminismo avanza, y el machismo solo quiere callarlo. ¿Cómo? «Difundiendo falsas ideas que promueven una intoxicación y una desinformación», explica Ana. Actualmente, formamos parte de una saturación diaria de machismo que es muy peligrosa ya que «la sociedad puede acabar narcotizada ante la mentira».

El machismo es un proceso de aprendizaje cultural

Cuando naces no eres machista. Con el feminismo pasa lo mismo. «Yo no nací siendo feminista, me he construido a lo largo del tiempo conforme he ido aprendiendo de los derechos humanos que tenemos», cuenta Ana. El machista aprende lo contrario: «El ataque de los derechos, la misoginia y el hecho de que la mujer tenga un papel inferior a él en todos los ámbitos».

Lo curioso es que con el feminismo «también luchamos por los hombres». A la hora de hablar de igualdad no se lucha por tener una identidad masculina, sino «desarrollarnos de forma ajena a los mandatos de género y estereotipos». El feminismo combate la discriminación y la diferenciación que se nos impone desde pequeños, «cuando nos ponen pendientes, nos visten con ropa de un determinado color o nos comprar unos juguetes específicos».

La Ley de Violencia de Género insistía en una línea de prevención y educación. En lo relativo a educación, la autora del libro denuncia que «a España le falta memoria histórica feminista» ya que «si la educación igualitaria no llega a las aulas y al ámbito familiar, es imposible que construyamos esa sociedad», informa Ana. Al fin y al cabo, el individuo cuando es adolescente, incluso adulto, «recibe educación a través de la cultura, de los libros, películas y medios de comunicación». La periodista hace en esta ocasión un llamamiento a sus colegas: «Creo que cualquier persona que se dedica al periodismo debe ser consciente de la función social que ejerce, ya que crea una opinión pública que es la que va luego a depositar su voto en las urnas».