Un interno del Centro Penitenciario de Sevilla II, ubicado en la localidad sevillana de Morón de la Frontera, ha agredido este pasado miércoles a cinco funcionarios de la referida prisión a los que también ha amenazado de muerte. Según han informado fuentes penitenciarias a Europa Press, el interno que está catalogado como «muy peligroso» y «multirreicindente», suele proferir insultos graves a los funcionarios y se encuentra en primer grado –el más restrictivo dentro de prisión–.

Tal y como han indicado las mismas fuentes, el incidente ocurrió a la hora de la comida, cuando el reo activó el sistema de alarmas de incendios con un mechero, con el único objetivo que los funcionarios acudan a su celda. Personados estos, el interno, después de «amenazarles de muerte» les emplaza «a después de la siesta», porque afirma «que la va a liar después de descansar un poco».

Así, sobre las 16,30 horas, el interno comenzó a realizar daños en la celda en un estado de gran agitación, siendo preceptivo el acceso a la misma para intentar evitar males mayores. Al intentar entrar, los funcionarios se encuentran con que el interno ha trabado la puerta de seguridad y ha destrozado las sabanas y mantas colocándolas en tiras por toda la celda, con el objeto de entorpecer la labor de los compañeros, así mismo ha regado el suelo con agua y jabón, «con la clara intención de provocar caídas y lesiones a los funcionarios».

Los funcionarios, acto seguido intentan deponga su actitud a lo que el reo responde lanzando patadas y puñetazos, finalmente, consiguen reducirlo usando la fuerza mínima imprescindible. A tenor de ello, cinco trabajadores penitenciarios han resultado heridos con contusiones, golpes y esguinces, teniendo que ser asistidos por un facultativo de la prisión.

Al respecto, la asociación de trabajadores penitenciarios ‘Tu abandono me puede matar’ ha que deseado una «pronta recuperación» a los agredidos y ha querido apuntar que «el servicio penitenciario, básico en un estado de derecho, tiene a día de hoy un déficit de personal de más de 3.500 plazas, unos medios obsoletos y unas retribuciones congeladas desde hace casi 15 años, unas plantillas envejecidas, desmotivadas y perseguidas por los actuales dirigentes».