Las personas que como el Padre Ángel dedican toda su vida a las demás, a los más necesitados, los más vulnerables, proyectan optimismo incluso en aquellos llegares donde la esperanza es una palabra que cuesta pronunciar.

El Covid-19 ha cambiado la vida de todos, ha reventado nuestras vidas y devastado nuestro bienestar. Pero donde ha enseñado su cara más dura, más terrible, ha sido con las residencias de los mayores. Miles de muertos en casas que de repentes se han convertido en morgues. Muchas de ellas gestionadas por Mensajero de la Paz.

Pregunta.- ¿Cómo está llevando la situación, Padre Ángel? Supongo que habrá visto las imágenes de la Plaza de San Pedro del Vaticano, completamente vacía durante esta Semana Santa, ¿cómo se ha sentido respecto a esas imágenes? ¿Está usted también aislado?

Respuesta.- Sí, estoy aislado desde el día 11 de marzo, lo cual no me ha impedido seguir puesto en pie, también de rodillas rezando, y al frente de todo Mensajeros de la Paz, donde tenemos múltiples problemas y mucha preocupación, mucho dolor, pero también esperanza para seguir.

P.- El mundo entero, España y especialmente Madrid, han registrado cientos de muertes. Muchas personas han perdido a sus seres queridos sin poder despedirse de ellos, ¿qué le diría usted a esas personas?

R.- Yo les diría, a los que creen en Dios y tienen fe, que tengan mucha esperanza. A los que no tienen fe, como dice el Papa Francisco, “los que no creen siendo buenos, son también buenas personas”, les diría que tenemos que aprender a llevar las cosas, las realidades no son como nosotros merecemos. Nos sentimos entristecidos, con mucha preocupación, pero, hay que seguir de pie, seguir intentando salvar más vidas, porque las que se fueron ya no las podemos salvar.

P.- Mucha gente vive esta situación desde una posición muy débil. Trabajadores precarios, mujeres maltratadas, familias vulnerables… ¿Dónde pueden encontrar ayuda estas personas?

R.- Pueden encontrar ayuda en amigas y amigos, en los consultorios del teléfono que hemos puesto a su disposición en Mensajeros de la Paz y, sobre todo, mirando al futuro, abriendo la ventana, quienes tienen ventana, sabiendo que todavía quedan personas que quieren estar ahí, cerca de ellos y vamos a seguir estando, muy cerca de todas las personas, sobre todo de las que han perdido a sus familiares.

Nos ha faltado de todo, las residencias se han convertido en hospitales, lugares que no estaban preparados para ser hospitales»

P.- En las residencias de ancianos, algunas gestionadas por Mensajeros de la Paz, ha habido decenas de muertos, ¿podría haberse evitado? ¿Ha mejorado algo la situación? ¿Qué necesitáis en este momento?

R.- El drama es brutal. ¿Se podrían haber evitado? Seguro que se podía haber evitado. Seguro que hay responsabilidad en ciertas personas, vivimos momentos duros, podían haberme traído mascarillas antes, si nos hubieran hecho caso para preparar los centros de día, los que había que haber cerrado antes, como habíamos pedido. Pero no son momentos de buscar responsables, quizás después haya tiempo, lo importante ahora es seguir evitando muertes. Nos ha faltado de todo, las residencias se han convertido en hospitales, lugares que no estaban preparados para ser hospitales. Siento rabia, siento pena, pero también una gratitud inmensa a los trabajadores y las personas que nos ayudan. Hace unas horas, ha muerto uno de nuestros trabajadores, tenemos muchas personas de baja y muchas se nos han ido ya en las 120 residencias de ancianos que tenemos en toda España.

P.- ¿Ha pecado España de arrogancia? Pensando que esto era un problema lejano cuando lo veíamos en Italia o China…

R.- En una ocasión, durante una presentación que hicieron de un libro, un magistrado me decía que yo he sido mensajero de la paz, he sido abogado, pero lo que nunca he sido es juez. Quiero seguir sin serlo y no quiero juzgar a nadie.

P.- Médicos, enfermeros, transportistas, reponedores de supermercados, limpiadores, policías… ¿Tiene algún mensaje para todos los profesionales que nos cuidan?

R.- Sola uno, gratitud. En palabras del Papa Francisco, “ustedes no sólo son unos héroes, sino que ustedes son los santos de la puerta de al lado”. Esa es la única frase que puedo tener para ellos.

P.- Muchas personas han perdido su empleo a causa de esta crisis. ¿Qué cree que debe hacer el Estado para ayudarlas?

R.- Creo que el Estado merece también un aplauso, creo que está haciendo todo lo que puede hacer. El Estado nos va a ayudar, quiero decir una cosa muy clara y reprochar a algunas personas, que siguen diciendo que de esto solamente podemos salir con lo público, que solamente el poder público puede arreglar esto; no estoy de acuerdo, además, es una ofensa a las asociaciones privadas, a la Iglesia, a tantos voluntarios, a tantos cooperantes y vecinos que están subiendo y bajando las  escaleras para ayudar a los abuelos que están solos, a tantas ONGs y tantas cooperativas.

Cómo pueden tener la osadía para decir que sólo con el poder público saldremos adelante. Las organizaciones privadas aplaudimos al poder público y reconocemos lo que ha hecho y sigue haciendo. Los aplaudimos, pero, déjense de tantas críticas, de tanto menosprecio al particular. En España, como otros muchos países, sin esas personas, sin esas religiosas, sin esos cooperantes, sin esos periodistas, sin todos esos particulares que han arrimado el hombro con los poderes públicos y privados, no saldríamos de esta. Déjense de menospreciar, cuando no criticar, a los poderes privados o a las entidades privadas.

El drama es brutal. ¿Se podría haber evitado? Seguro que hay responsabilidad en ciertas personas»

P.- Padre, cuéntenos las labores que está llevando la Iglesia aquí, en nuestra comunidad. ¿Ha tenido ayuda de los gobiernos locales?

R.- He tenido la ayuda de los gobiernos locales, pero he de decir que tarde, sin reprocharles absolutamente nada. He tenido que acudir a ellos en varias ocasiones. He tenido ese cariño y ese aplauso, pero lo que necesitaba eran mascarillas, necesitaba medios para poder saber quién estaba contagiado. La Iglesia, sin duda alguna, sigue siendo pionera en obras sociales. Con los destrozos del ébola, los contagios del SIDA, con los inmigrantes y ahora también con todos los que tienen el coronavirus. Hay muchos sacerdotes, algunos de ellos han muerto porque se han contagiado al atender a los demás. La Iglesia no necesita aplausos, necesita reconocimiento de que lo que hace por amor, no solo a Dios, a los hombres también.

El coronavirus ha cambiado nuestro mundo totalmente. Por eso tenemos que reaprender, vamos a volver a nacer, vamos a saber cómo hay que saludar, cómo tenemos que vivir, cómo tenemos que ir de vacaciones, cómo tenemos que comer, a lo mejor tendremos que trabajar de noche a noche para levantar la familia, como han hecho nuestros padres y nuestros abuelos.

Tenemos que volver a repoblar los pueblos y los lugares lejanos, en vez de estar viviendo todos en la misma ciudad. Vamos a comenzar en un mundo nuevo; en muchas otras ocasiones hemos tenido mundos distintos, aquellos mundos de la posguerra, el mundo de la época de Franco, el mundo de las primeras democracias en España. Ahora vamos a tener un mundo distinto después de este coronavirus,

P.- Se habla mucho de una renta universal, ¿considera que es factible a nivel internacional?

R.- Es una bendición de Dios que dejemos ya de fabricar y comprar fusiles, bombas y tanques, y compremos medicinas, ropa y alimentos. El Papa Francisco tiene los pies en la tierra y la mirada en el cielo. Tenemos el ejemplo de este Papa, que antes estaba con los zapatos negros y los pies en la tierra y ahora sigue teniendo los zapatos negros y la mirada hacia arriba.

Podemos seguir este ejemplo, ayudar cada uno de nosotros primero, y segundo compartiendo, tenemos más de un par de zapatos. Con deseos de compartir la vida, esta vida que va a cambiar bastante, pues vamos a tener que compartir más, nos vamos a dar cuenta de que lo más importante es la salud, es el amor, es el cariño, y no son las propiedades ni las cosas, ni las riquezas; lo más importante en la vida es poder besar y abrazar a alguien.

P.- ¿En qué situación se encuentra actualmente Mensajeros de la Paz?

R.- Seguimos teniendo aquella misma ilusión que hace 60 años, cuando comenzamos allá en Asturias, con muchas dificultades, mucha pobreza y con muchas limitaciones, pero también con un montón de voluntarios, profesionales y gente con los que estamos unidos para poder sacar adelante a los hogares, residencias, mujeres maltratadas… Trabajamos por los demás para hacerles felices, por todos nuestros mayores para que sean también abrazados y acariciados, trabajamos para que haya menos soledad.

He tenido la ayuda de los gobiernos locales, pero he de decir que tarde, sin reprocharles absolutamente nada. He tenido ese cariño y ese aplauso, pero lo que necesitaba eran mascarillas»

P.- ¿Cuáles son sus necesidades actuales?

R.- Tememos otro arranque de la Covid-19; ya se nos han ido demasiados los abuelos, demasiadas personas, demasiados amigos y vecinos. Ese es un dolor que tenemos que ser capaces de superar. Más allá de las necesidades económicas, necesitamos entendernos y comprendernos los unos a los otros. Conseguir que la gente se pelee menos. Recuerdo una frase de hace 60 años, cuando iniciamos nuestra andadura, de un niño que me decía que lloraba mucho cuando sus padres discutían. Sufro mucho cuando veo esas peleas, a veces en algunos lugares que tenían que ser ejemplo de todo lo contrario.

P.- Ahora que ya han pasado unos días, ¿cómo interpreta lo qué pasó con la carta y Pablo Iglesias?

R.- Si te digo la verdad, me pregunto cómo alguien quiso interpretar que esa carta fue dirigida a él solo. En realidad, se envió a más de 300 personas, a ministros y presidentes de comunidades, a consejeros instituciones, etc. Tengo encima de la mesa cartas de muchísimas personas, desde el presidente de la Comunidad de Galicia, Madrid o Extremadura, al Ministro de Sanidad, de vecinos y vecinas, de obispos…

Esa carta la escribí a 300 personas y no solo a una. Lo único que buscaba en ellos era unidad, que se respirase humanidad. Me han querido sacar un poco de quicio y me han hecho sufrir. Han hecho creer que era responsabilidad de solamente una persona toda esta tragedia, que había quien quería matar a otras personas, o que han intentado que se mueran otras. No es cierto, todos tenemos algo de responsabilidad, todos podíamos haber hecho todavía un poquito más. Algunos quizás tendríamos posibilidad de haber hecho más. Pero bueno, si podían haber hecho más y mejor, eso no quiere decir que no hayan hecho lo que estaba en su mano.

Me falta una carta para vosotros los medios de comunicación, que también habéis intentado mover conciencias, recriminar lo que no se había hecho rápidamente, y también, para conseguir que todos ayudáramos a hacer la vida un poco más fácil.

Os quiero dar una primicia preciosa que me llego hoy mismo, escrito a mano por un señor cuya mujer ha fallecido: “Llevaba 50 años con ella, he perdido a mi mujer y quiero donaros nuestro anillo de compromiso, no sé lo que se puedan sacar de ello, para que podáis venderlo y ayudar a los necesitados”.

Uno de los textos más bonitos que he leído en mi vida. Dicen que nuestra sociedad esta enferma, pero no es así, estamos llenos de solidaridad, sanos y robustos, hechos unos campeones, tú y tantos de vosotros, sois unos campeones.