El Centro Penitenciario Madrid III, en Valdemoro, Madrid.

El Centro Penitenciario Madrid III, en Valdemoro, Madrid. EP

Sociedad

El Piojo, crónica de una fuga anunciada en la cárcel de Valdemoro

Jonathan, alias ‘El Piojo’, y Miguel Ángel Moñiz Alcaide se fugaron el pasado sábado del Centro Penitenciario Madrid III, situado en la localidad de Valdemoro. Estos dos «conocidos aluniceros», como los define la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid, se aprovecharon de los precarios sistemas de seguridad con los que cuenta la prisión en este momento para preparar su plan de huida. Iban acompañados de un tercer preso, al que interceptaron los trabajadores del centro.

La escapada se produjo «a la hora de la cena», que es un momento en el que los funcionarios tienen que llevar a cabo «una cantidad de burocracia con la que hoy en día nos tienen machacados en Prisiones», reconoce Manuel Galisteo, coordinador general de la asociación asindical y apolítica Tu Abandono Me Puede Matar (TAMPM). En ese turno, tan sólo había «un funcionario de prisiones en carrera y uno en prácticas» vigilando el reparto de comidas y realizando a su vez funciones de cacheos, distribución de medicamentos, metadona y comunicaciones a los 80 internos que habitan actualmente el módulo.

La hipótesis del portavoz de TAMPM apunta a que los hermanos Moñiz Alcaide no utilizaron una «llave como tal» para entrar al almacén desde el que iniciaron su fuga, sino que «se dice que en la celda fabricaron algo» similar a una «ganzúa» para manipular la cerradura que da acceso a esta instalación. Jonathan y Miguel Ángel cortaron uno de los barrotes con un objeto, al parecer «una pequeña sierra» que no fue detectada durante los cacheos ni en la revisión de estancias. «Las celdas están llenas de enseres, de ropa, de objetos, de comida. Cuando te pones a buscar algo, es muy difícil hacerlo sin desordenar nada», por lo que para los funcionaros de prisiones resulta complicado encontrar enseres tales como «una segueta que será más pequeña que un dedo, o incluso un móvil». 

Habría un coche esperando cuando saltaron el muro; se fueron echando hostias»

manuel galisteo

Precisamente a través de un móvil habrían contactado supuestamente los presos fugados con el conductor del vehículo que les recogió al saltar el último muro que separa el Centro Penitenciario de Valdemoro del territorio libre. «Después de haber apresado al que no se pudo fugar y por la rapidez» con la que desaparecieron los hermanos Moñiz Alcaide, «tuvo que haber un coche en ese mismísimo momento». El automóvil, según opina Galisteo, no llevaba «un rato esperando en el perímetro», sino que llegó en el momento adecuado para que estos delincuentes, expertos en butrones y robos a mazazos se marchasen de la zona «echando hostias». Cuando los trabajadores penitenciarios y los guardias civiles que vigilan el perímetro externo de esta cárcel acudieron al lugar de la huida, ya «no quedaba nada a vista de campo».

El Ministerio del Interior decidió en 2014, cuando el departamento estaba en manos de Jorge Fernández Díaz, trasladar el servicio de vigilancia del perímetro de las prisiones y de las cámaras de videovigilancia, hasta entonces dependiente de la Guardia Civil, a empresas privadas. Cuando hubo que renovar la concesión el año pasado, «ese concurso quedo vacío», asegura Manuel Galisteo, por lo que, al haber retirado efectivos de la Guardia Civil al no contar con los trabajadores de la seguridad privada, la reincorporación de agentes «no ha llegado y la merma de guardias civiles para vigilar el perímetro era inmensa», sostiene.

Esto va a traer seguro un ‘efecto llamada’ y Dios quiera que lo próximo que tengamos que lamentar no sea la muerte de un funcionario»

MANUEL GALISTEO

Si se añade a la escasez de los funcionarios de prisiones la disminución de la de la plantilla de la Guardia Civil fuera del centro penitenciario, así como los medios obsoletos y arcaicos, y que los delincuentes que se han fugado «eran de lo mejorcito que puede haber», se forma «la tormenta perfecta» para que ocurriese lo que ha ocurrido, resalta el coordinador general de TAMPM. Aun con todo, Galisteo incide en «el mérito que tuvo el compañero» que alertó de la huida del preso interceptado al ver la silueta de un hombre saltando el muro. En ese momento, la atención de los funcionarios se centró en la fuga abortada y no tenían constancia de que los hermanos habían conseguido completar su misión. «Los compañeros hicieron lo que pudieron con esa falta de efectivos y de medios» que existe, sentencia.

Galisteo se lamenta de que lo ocurrido el fin de semana pasado en Valdemoro era la crónica de una fuga anunciada, pero va más allá y afirma que «esto va a traer seguro un ‘efecto llamada’ y Dios quiera que lo próximo que tengamos que lamentar no sea la muerte de un funcionario». Hasta que los presos no lleguen a las calles, la sociedad «no se dará cuenta del problema que hay ahora mismo en prisiones». Antes, «era todo opaco, estaba entre muros», pero ahora «se ha trasladado el problema a la sociedad».

Jonathan y Miguel Ángel Moñiz Alcaide

Sobre los hermanos Moñiz Alcaide no pesa ningún delito de sangre, pero sí más de 50 acusaciones de alunizajes en Madrid atribuidas por la Guardia Civil hasta el año 2012. ‘El Piojo’ lideraba su propia banda, pero era requerido por otras pandillas que vieron en él dotes especiales para la delincuencia. Antes de ser detenidos en Ventorro del Cano, cerca del barrio getafense de Perales del Río, la banda Jonathan había sido la presunta responsable del robo de 19 coches de alta gama perpetrado a principios de febrero de ese año en un concesionario de coches del distrito de Fuencarral de Madrid. Además, se les atribuye otro robo en la denominada Milla de Oro, incluida una tienda de Loewe.

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