Sociedad

Los 4x4 denuncian amenazas y agresiones: "Si hay otra Filomena, en vez de salir 100 coches saldrán 50"

'El Independiente' habla con uno de los voluntarios acerca del rechazo de ciertos ciudadanos a la ayuda que sus vehículos han prestado durante la nevada

Efectivos de la UME trabajan en el centro de Madrid

Efectivos de la UME trabajan en el centro de Madrid EFE

Se convirtieron en una de las caras más solidarias cuando Madrid pedía refuerzos y una asistencia ininterrumpida a causa del temporal. Los voluntarios tras los vehículos 4×4 transportaron a pacientes, médicos y sanitarios a sus respectivos hospitales, ayudaron a limpiar la ciudad de los rastros que la imparable borrasca Filomena trajo con su ira histórica, y se presentaron en los rincones más recónditos y necesitados para asistir a los ciudadanos atrapados en carreteras, puentes y calles.

Ante el colapso de la ciudad de Madrid y la imparable nevada, que todavía afecta a la ciudad y sus aledaños -con restos de hielo y basuras sin recoger-, éstos crearon un grupo por Telegram, SOS 4×4, para ampliar así la red de socorro e intentar portar soluciones a los que, por edad, situación o complejidad en la movilidad, no pudieron hacer vida normal durante el paso de Filomena.

Unos días después de su pragmática y necesaria intervención, los 4×4 han denunciado ataques, agresiones y roturas de lunas en sus vehículos. «Hemos recibido insultos», admite a El Independiente Carlos Pascual, uno de los muchos voluntarios que han prestado su servicio, gasolina y tiempo para remediar los efectos de la nevada. «Nos han llegado fotografías con vehículos dañados, me parece bastante triste que salgas a ayudar y te rompan las lunas. Ninguno de esos coches son baratos, te juegas el patrimonio y el tipo», denuncia. «Lo único que consiguen con esto es que si hay otra Filomena, en vez de salir 100 coches salgamos 50», apunta.

Carlos Pascual indica que el sábado, el día con más trabajo, los ciudadanos «se tomaron las calles como peatonales. Les sentaba muy mal que pasáramos», relata. «Nosotros hemos sacado a gente, a ambulancias, hemos llevado a pacientes a los hospitales; hoy, por ejemplo, hemos dejado a una que tenía que recibir su tratamiento de quimioterapia», añade para engrandecer la confusión de los ataques al tratarse de un servicio que nace, única y exclusivamente, para prestar soluciones a problemas.

Una ayuda con «una respuesta muy positiva»

Filomena permitió al país volver a emplear el término solidaridad para referirse al conjunto de la sociedad española, pero cuatro días más tarde, la fraternidad se ha convertido en repulsa. Los ataques y agresiones, admite Pascual, «se reciben como una respuesta excepcional de cuatro dementes, porque también hemos recibido mucho cariño y apoyo», indica. «Nos han reconocido, animado y, en general, la respuesta es muy positiva».

Pascual considera que los ataques no llevan a ninguna conclusión concreta, ni se pueden relacionar con el hastío que los ciudadanos acumulan en las esferas políticas y sociales a causa de la pandemia, que tras la Navidad vuelve a ponerse cuesta arriba. «Nosotros somos ajenos, no creo que el Gobierno influya en que unos voluntarios, entre los que hay gente de todas las ideologías, presten servicio, pero sí creo que cada día perdemos más el respeto por los demás», espeta. Al final, «son cuatro tontos que en vez de dar cuatro berridos te lanzan cuatro piedras, pero no creo que sea una relación causa-efecto», explica.

Para el voluntario, la sensación generalizada es que «se están lanzando los mensajes erróneos con los usuarios del automóvil», y admite percibir «que la gente que utiliza los coches para algo más que el trabajo» está bajo la sombra de «una gran demonización».

Pascual va más allá y considera que el usuario medio del vehículo es visto por la sociedad «como ese elemento extraño que va en coche, esa es la tónica general desde hace 6 años: los automóviles se han convertido en el demonio, contaminan y nos llenan todo de mierda», ironiza. «Al final es muy triste que se nos dé esta respuesta, porque no tratas de fastidiar a nadie, únicamente ayudar y desplazarte», declara. «En los pueblos la respuesta es mucho más agradable que en Madrid».

La complejidad que Filomena ha generado en la ciudad y en otras Comunidades, así como la estampa de una España teñida de blanco, comienza a disiparse para dejar espacio a la dura realidad pandémica. Aún así, Carlos Pascual no cierra la puerta a seguir colaborando con las necesidades que puedan surgir: «Si nos piden que ayudemos, lo haremos».

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