El pasado 2020 parecía que iba a ser el año en el que el amor se agotase en algunas parejas, en parte por los casi tres meses de confinamiento domiciliario en los que la población española estuvo inmersa a causa del coronavirus. Sin embargo, los datos han contradicho esta hipótesis. No, 2020 no fue el año con más divorcios. De hecho, la reducción en la demanda de disoluciones matrimoniales ha sido la más acusada en los seis últimos años de descenso consecutivo.

Según los datos recogidos por el Servicio de Estadística del Consejo General del Poder Judicial hechos públicos este lunes, todos los tipos de demandas de disolución matrimonial presentadas en el año del coronavirus han reflejado una disminución conjunta del 13,3 por ciento respecto a 2019. Las que más han descendido han sido las demandas de separación contenciosa, un 18,3% menos (1.235), seguidas de las de separación consensuada, un 16% menos (2.697), las de divorcio contencioso, un 15,7% menos (36.090) y, finalmente, las de divorcio consensuado, un 11,4% menos (54.960) que en el ejercicio previo.

  • Gráfico de la caída de los divorcios y separaciones hasta el último trimestre de 2020.
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La principal diferencia entre el divorcio y la separación es que esta última «no disuelve el vínculo», como explica Cristina Aranzadi, de Aranzadi & Bendrihem, por lo que «si estás separado, no te puedes volver a casar». Para esta abogada, «hay muchos motivos para que se hayan reducido los divorcios, pero el principal es el tema económico». Históricamente se ha observado que «con las crisis económicas siempre se reducen los divorcios», aunque reconoce que «sí que hay muchas consultas pero, cuando les explicas un poco cómo se va a reorganizar su familia, se echan para atrás». En la misma línea, el letrado Jordi Pagès, de Pagès Advocats, indica que «hay mucha gente que ha perdido el trabajo o teme perderlo, y un divorcio o una resolución matrimonial es costosa, ya no sólo por el abogado y los costes judiciales, sino porque también implica que tengan que pagar otra casa, una pensión de alimentos o pensiones compensatorias».

Paloma López, del Despacho de Abogados Rivera Ruanova, achaca además el descenso de divorcios y separaciones al confinamiento, ya que «hubo una paralización absoluta de la Justicia y era imposible que se pudiera iniciar ningún tipo de demanda». En estos casos, tal y como expone Pagès, los abogados y los tribunales «siempre han insistido en que, antes de acudir a la vía judicial, se buscasen acuerdos para no colapsar los juzgados». No obstante, Carlos Díaz, de Díaz & Soneira Abogados, considera que «ya hace mucho tiempo que sí se ha permitido presentar demandas, como mínimo desde septiembre, y realmente no ha habido ese incremento de presentación de demandas en los juzgados».

Para este abogado, una de las principales causas de divorcio era la infidelidad de una de las partes. El confinamiento eliminó ese tipo de relaciones personales, por lo que Díaz opina que «es más difícil» que los matrimonios se hayan separado en 2020 por esta razón. Asimismo, justifica el hundimiento de las demandas de disolución matrimonial por el agotamiento mental de la población y la merma que ha experimentado «la capacidad de ilusionarse» con una nueva vida tras el divorcio. El letrado añade que «hay que tener en cuenta esta cifra comparada con el número de matrimonios. Si hay menos matrimonios, tiene que haber menos divorcios, porque realmente no se puede disolver lo que no hay».

Un 2021 con procesos acumulados

«Hubo una disminución en 2020, pero creo que habrá un incremento en 2021», considera Paloma López. El descenso tan acusado del pasado año y el posible ascenso del periodo en curso se justifica por los retrasos en los tribunales. «Como los juzgados han estado parados durante muchos meses, se ha dilatado todo mucho y la gente hace más esfuerzos, porque si un cliente viene en octubre y te dicen que tu sentencia no va a salir hasta abril del año que viene, se aprietan más para llegar a un acuerdo», señala Aranzadi. 

El «goteo» de demandas de divorcio y separación llegará después de verano, según afirma Pagès, dado que es en esa época «cuando hay más convivencia y generalmente se producen más divorcios». Para entonces, se prevé que la situación epidemiológica se encuentre más controlada, algo que podría animar a los matrimonios en crisis a poner fin a su relación más de un año después de la llegada del Covid-19 a España. «Un divorcio es como volver a empezar tu vida, por lo que ahora con la incertidumbre personal que tiene todo el mundo acerca de los horarios, de si se van a tener que incorporar a sus trabajos presencialmente, si no pueden echar mano de sus padres para que les ayuden… todo influye para estas decisiones tan importantes», completa Aranzadi.

Más acuerdos mutuos

Las estadísticas del CGPJ evidencian que las modificaciones de medidas de guarda, custodia y alimentos de hijos no matrimoniales consensuadas tuvieron un incremento interanual del 32%, hasta alcanzar las 6.995, mientras que las no consensuadas, 7.530, mostraron una disminución del 3%. Estos cambios de condiciones se producen cuando los divorcios han pasado por el juzgado y tienen una sentencia. Con los cambios de organización derivados de la crisis del coronavirus, alguna de las partes puede haber asumido funciones que no le correspondían inicialmente según el texto de su disolución matrimonial, por lo que la ex pareja habría solicitado un reajuste de las condiciones.

«El problema puede haber sido que, cuando llegó el confinamiento, los niños estaban con el padre y la custodia la tenía la madre, o al revés, y no se han podido realizar las visitas conforme ha venido estableciendo el convenio, por lo que ha habido un parón», señala López. Esta abogada se refiere a su vez a otra serie de situaciones, a las que denomina «espejismos», en las que una de las partes «a lo mejor ha tenido que sufragar muchos más gastos de los menores en vez de hacerse cargo de ellos la persona a la que le correspondía», así como que una de las personas responsables de los menores «no pudiese hacer frente a la pensión que estaba establecida, y si la otra parte pidiendo un aumento de la pensión, cambios de custodia o volver a regular el régimen de visitas».