Imagen de los autores de Territorio negro. Crímenes reales del siglo XXI y la imagen de José Bretón y la asesina del niño Gabriel

Los autores de 'Territorio negro. Crímenes reales del siglo XXI', fotografiados por Carlos Ruiz, junto a la imagen de José Bretón y Ana Julia Quezada. Carmen Vivas

Sociedad | Sucesos

"Los asesinos están a nuestro lado y son como nosotros"

Los periodistas Manuel Marlasca y Luis Rendueles indagan en su nuevo libro, 'Territorio negro', en los crímenes más mediáticos de los últimos 20 años en España

Han pasado 19 años desde que los periodistas Luis Rendueles (El Periódico) y Manuel Marlasca (La Sexta) escribieron su primer libro juntos. Desde ese Así son, así matan, «yo tengo el colesterol más alto, Manuel tiene menos pelo», pero también la profesión y los criminales han cambiado. Desde ese año 2002, en el que casi no había especialistas en true crime en los medios y que, de hecho, «ni siquiera se llamaba true crime«, afirma en una entrevista para El Independiente Rendueles, han ido apareciendo por goteo historias muy mediáticas, como las de José Bretón o Ana Julia Quezada, y otras menos conocidas, que van desde la de la filicida Mónica Juanatey o Rubén Maño, condenado a prisión permanente revisable por matar a Vanessa Ferrer.

Ahora, Rendueles y Marlasca vuelven a unirse para narrar los crímenes del siglo XXI en su nuevo libro Territorio negro (Planeta). «¿Cómo hemos evolucionado? Como el brontosaurio. Nos estamos convirtiendo ya en unos bichos que se están extinguiendo», suelta con ironía el jefe de Investigación de La Sexta. «El papel se ha ido desgastando, agonizando, ha cambiado un poco el lenguaje y la forma de contar las cosas», dice Rendueles, lo que ha desencadenado, como apunta su compañero, en que «ya casi nadie» haga periodismo de sucesos, salvo «en la prensa local, donde sí se sigue haciendo ese periodismo de calle y de fuentes». «Es el periodismo como dios manda», asegura Marlasca, que sostiene que ahora parte de su función es «transmitir ese legado y esos códigos que están desapareciendo».

Se mata más por pragmatismo, porque algo molesta, nos lo queremos quitar de en medio y nos lo quitamos a las bravas»

MANUEL MARLASCA

También los asesinos se han renovado, pero sólo un poco. «Afortunadamente, en España sigue invariable la cifra de homicidios», que se mantiene estable desde hace décadas, lanza Marlasca, y «se sigue matando por los mismos motivos que antes: la ambición, el sexo, el dinero, el poder, los celos». No obstante, los asesinos han ido adoptando dos aspectos básicos de este siglo, como son el pragmatismo y la tecnología. Las nuevas tecnologías se han incorporado al mundo del crimen, «no para matar a distancia ni para matar manipulando un marcapasos, por ejemplo, pero sí para montar coartadas, para controlar a alguien o para alimentar ese ego que tienen tantos asesinos», explica. Las fuerzas de seguridad también han avanzado en este sentido y ya «cualquier investigación policial encuentra muchas pistas muy válidas en las tecnologías», añade Rendueles, como ocurrió en el asesinato del concejal de IU de Llanes Javier Ardines.

«En consonancia con el tipo de sociedad que estamos teniendo, que busca una satisfacción más inmediata de todo y que busca un cortoplacismo en todo lo que hace, se mata más por pragmatismo, porque algo molesta, nos lo queremos quitar de en medio y nos lo quitamos de en medio a las bravas», explica el jefe de Investigación de La Sexta. José Bretón, Ana Julia Quezada, Sergio Morate y el resto de asesinos cuyas historias se recorren en el libro, excepto Thiago, el asesino en serie del confinamiento de Barcelona, «toman la decisión de matar siendo libres para no hacerlo». «No son personas que estén viviendo una situación angustiosa o que estén viviendo una situación en la que la única salida que queda es matar a alguien, sino que ellos, por distintas razones y fruto de una explosión más o menos controlada, adoptan la decisión de acabar con la vida de alguien. Es el rasgo común que hay» entre los criminales de Territorio negro, dice Manuel Marlasca. Los asesinos, recuerda Rendueles, «están a nuestro lado y son como nosotros, salvo los enfermos mentales».

Además, las historias de José Bretón, que drogó y quemó a sus hijos en la hoguera para causar el mayor daño posible a su ex mujer, Ruth, y Ana Julia Quezada, que asfixió a Gabriel Cruz, el hijo de su pareja, de 8 años, también confluyen en algún punto: «Los dos tienen una historia anterior ya conflictiva», apunta Rendueles. Bretón intenta suicidarse cuando hay una novia que le deja, pero es una persona «más adaptada, que consigue casarse, tiene buena relación con sus padres, va teniendo empleo, es soldado en Bosnia». Sin embargo, a Ana Julia le persigue la inestabilidad desde los 18 años, cuando «cae en una red de prostitución, es explotada en un club de alterne en un pueblecito de la provincia de Burgos y de ahí sale muy pronto con un cliente que, digamos, la saca de esa vida».

«Lo que Ana Julia hace es un constante ejercicio de agarrarse a hombres, exprimirlos y sobrevivir», señala el especialista en sucesos de El Periódico. «Yo siempre cuento la historia de un hombre de Burgos que está agonizando por un cáncer y ella dos días antes en el hospital, delante de la familia, consigue que le firme un crédito de 6.000 euros para poder aumentarse el pecho. Yo creo que Ana Julia tiene una trayectoria más continuada, más lineal. Hay cuatro o cinco hombres, que sepamos, que han sido víctimas de Ana Julia. Y el último no es un hombre, el último es un niño, precisamente porque ella piensa que le estorba y le roba parte del cariño de un hombre», del padre de Gabriel.

Mujeres en el crimen

«Por este libro pasan mujeres que mueren y mujeres que matan», adelantan Rendueles y Marlasca en el prólogo de Territorio negro, que toma su nombre de la sección que hacen juntos en el programa Julia en la onda. «Ha crecido el número de mujeres que se incorporan al crimen como agentes activos», dice Marlasca, aunque destaca que la cifra de mujeres víctimas y mujeres asesinas no es «en absoluto» comparable. La única estadística «algo fiable» de la criminalidad en España, la que publicó la Secretaría de Estado de Seguridad, apuntaba que el 90% de las personas encarceladas o detenidas por homicidio o asesinato eran hombres y el 10% eran mujeres, por lo que el porcentaje de estas últimas había crecido en cinco puntos desde el siglo pasado, expone el jefe de Investigación de La Sexta.

Las criminales del siglo XXI se alejan de «aquellas envenenadoras del siglo pasado y del siglo anterior ya están extinguidas». «No encontramos esos crímenes dulces en los que una mujer envenenaba poco a poco a su marido», aunque «sí que sigue habiendo mujeres que utilizan intermediarios para matar, es el caso de Maje», la ‘viuda negra’ de Valencia. Pero no son todas. Ahora, hay mujeres que matan y lo hacen «sin necesidad de intermediarios».

La labor de la Policía y la Guardia Civil

«Si algo hemos aprendido en estos últimos 20 años ha sido a valorar y a darnos cuenta de la calidad profesional y humana que tienen nuestra Policía y nuestra Guardia Civil», destaca Marlasca. Se trata de una afirmación que también comparte Rendueles, que recalca que se ha dado cuenta en las últimas décadas de que las autoridades son «cruciales» para la población de clase media y trabajadora. «Están para ayudarles y para protegerles, y eso sólo lo saben las personas que han sufrido la desaparición de un familiar o algún suceso traumático», afirma. Desecha, por tanto, el comentario generalizado de que la Policía y de la Guardia Civil están «al servicio de los ricos o de la casta», dado que «la gente que es de verdad rica y de la casta no necesita a la Policía, porque tienen ya seguridad privada».

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