Sucesos

El acusado de querer asesinar a Sánchez pide perdón: "Mi conciencia no me dejaría matar a alguien"

Manuel Murillo (i), el hombre acusado de organizar la 'operación Valkiria' en España. Europa Press

Manuel Murillo, el hombre acusado de conspirar para terminar con la vida del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha pedido este miércoles perdón ante el tribunal de la Audiencia Nacional que le juzga por las «animaladas» que escribió en WhatsApp, dejando claro que su conciencia no le «dejaría matar a alguien».

«En realidad me arrepiento mucho de lo sucedido porque todo fue, como han dicho, fruto de que en estos momentos estaba sintiéndome con esta soledad y con todos los problemas que tenía necesitaba tener una válvula de escape y hablar con alguien», se ha justificado durante el turno de última palabra, que ha aprovechado para insistir en que el juicio le ha servido de «buena lección».

Como ya hiciera durante su declaración en la vista oral, Murillo ha insistido en que los mensajes en los que ensalzaba al dictador Francisco Franco o llamaba a terminar con Sánchez los escribió bajo «el efecto de la bebida y al haber tomado trankimazin». Una mezcla que le «producía estas ensoñaciones o alucinaciones» que, sin darse «cuenta», le sumían en un estado de euforia.

«Al acabar de comer me retumbaba un poquito y contactaba con alguien y sacaba de dentro como una película porque hay whatsapp que los he visto y no me he podido creer que haya escrito esto. Pinto lo contrario de lo que soy en persona, quizás es lo que vivía viendo películas de guerra», ha argumentado.

Dice haber aprendido la «lección»

El acusado, para quien la Fiscalía solicita 13 años por un delito de homicidio en grado de proposición y otro de depósito de armas y municiones de guerra, ha insistido en que nunca pensó que se le «pudiera venir» encima un «lío tan grande». Fue en el momento de su detención, después de que le mostrasen sus mensajes, cuando se dio cuenta de la gravedad de los hechos.

Eso le sirvió como punto de inflexión: «Gracias a la Audiencia que me dejó salir en prisión provisional y he vuelto a trabajar, he continuado mi vida, no me he fugado ni he demostrado ser tan peligroso porque ya prácticamente no escribo Whatsapp ni digo más tonterías. Ya me sirvió de buena lección».

En esta línea, Murillo ha recalcado que creció en una familia que le inculcó férreos valores morales y religiosos, lo que le llevó a «tener una conciencia más bien de tener buen corazón». «Y sería impensable matar a alguien», ha continuado dejando claro que, si habló de atentar contra el jefe del Ejecutivo, lo hizo sin ser consciente.

«Que al haber bebido soñara…por eso hacía referencia a ‘Una bala para el Rey’, me imaginaba que era un héroe y salvaba la patria, pero luego ni lo recordaba», ha afirmado el acusado, que ha explicado que a veces terminaba de escribir esos textos «con gritos» como los que profería su padre, que fue «jefe local de la Falange» durante la época de Franco y alcalde de Rubí.

Su propuesta no era «algo imposible»

«Decía: España una grande libre, y lo dije en Whatsapp porque me salió. Era una revivencia de mis recuerdos de la infancia. Yo venía a intentar decir que no quería que hubiera otra Guerra Civil. Pero era una animalada, yo no soy un francotirador ni nada. Yo cerré los ojos y estaba ensoñado», ha incidido, para después recitar un refrán justificando que no tenía intenciones reales: «Perro ladrador, poco mordedor».

Antes de que el juicio quedase visto para sentencia el fiscal ha expuesto su informe, en el que ha puesto el foco en que las manifestaciones de Murillo no eran «una locura» o «algo imposible». «Se podrá alegar que era un pobre hombre que se explayaba con demasiada exhibición de sus ideas… pero leyendo su whatsapp lo compara con el asesinato de Kennedy», ha apuntado.

El representante del Ministerio Público ha utilizado este punto para recordar que el hombre que terminó con la vida del presidente estadounidense, Lee Harvey Oswald, no era «un militar fornido». Bastaba, simplemente, con «tener un arma de precisión y esa voluntad» de perpetrar un magnicidio: «Y las dos cosas las tenía el acusado».

Para reforzar su teoría, el fiscal ha apuntado que «no hay que ser un historiador para saber que» en la época contemporánea en España «ha habido cinco asesinatos de presidentes del Gobierno». «Desde Prim a Cánovas del Castillo, Eduardo Dato, Canalejas y Carrero Blanco. Un presidente asesinado cada 30 años. No propuso una locura: desgraciadamente es algo posible», ha sostenido.

«Incapaz de matar a un animal y menos a un humano»

Por su parte, el abogado de Murillo ha solicitado la absolución de su representado asegurando que la prueba practicada durante el juicio «es ilícita porque no hay garantías de que los efectos que se intervinieron» hayan sido preservados en su integridad, sin sufrir alteraciones. «Consideramos que se ha quebrado la cadena de custodia en tres momentos distintos», ha asegurado.

Además, el letrado ha apuntado que para acusar por un delito de homicidio en grado de proposición la invitación o la propuesta debe ser «suficientemente seria y mínimamente eficaz». Algo que, a su juicio, no se da en el caso de Murillo: «Es incapaz de matar a un animal pese a practicar tiro, y mucho menos a un ser humano».

Su abogado también ha puesto el acento en que, en el momento de escribir los mensajes amenazantes, «la vida de Murillo era complicada». «No solo porque tenía que ayudar a su hermana para el cuidado de su madre con Alzheimer. Tiene problemas probados con el sueño. No es cualquier cosa: eran trastornos que le llevan hasta a atarse por la noche», ha argumentado.

Todo ese «cocktail» puede llevar a concluir «la necesidad de Murillo de desahogarse» y de utilizar el teléfono como una «válvula de escape». «Todos somos humanos. Era un hombre solitario, no tenía amigos y con personas que conocía muy poco se desinhibía y hablaba de cosas que no tenía que hablar», ha zanjado.

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