No lo parece, es cierto, pero estamos en otoño. Mientras los grandes almacenes gastan su fortuna en anunciar que entre sus paredes ya luce orgullosa la nueva colección de la temporada, en la calle se resisten las sandalias, la manga corta y los tirantes. El otoño ha llegado y, aunque no nos hemos dado ni cuenta, la naturaleza sí. Los árboles lo saben. La mutación ha comenzado. Si paramos un momento y nos dedicamos a mirar por encima de nuestras cabezas veremos que las copas de los árboles comienzan a tener un ligero tono amarillento. Es la estación del ocre, la caída está cerca y para disfrutar de esa explosión de color lo más recomendable organizar una escapada al campo.

Selva de Irati, el bosque encantado

Cualquier momento es bueno para visitar el segundo hayedo  más extenso y mejor conservado de Europa, después de la Selva Negra de Alemania. Pasear por la Selva de Irati es un lujo, pero, sin duda alguna, si hay una época en la que esta inmensa mancha verde de unas 17.000 hectáreas se convierte en todo un espectáculo es el otoño. Tupidos hayedos, pastizales y abetos colorean un paisaje en tonos rojizos y ocres que sorprende al caminante.

La Selva de Irati es un tesoro natural de gran valor ecológico, cuenta con una red de 16 senderos señalizados de distintos niveles de dificultad y extensiones. Los hay para todos los gustos. Es muy habitual que senderistas avezados se topen con familias con niños. Sus caminos guían al visitante por los rincones del bosque regalándole un espectáculo estremecedor en la época de la caída de la hoja.

  • Cómo llegar: Se puede llegar de dos formas: por Orbaitzeta, en el valle de Aezkoa, o por Ochagavía, en el de Salazar. A ambos pueblos se llega en coche desde Pamplona.
  • Los dos valles cuentan con 7 miradores ubicados en zonas estratégicas. Hay que pagar el mantenimiento en ambos puntos de información (va incluido un mapa de Irati y una guía de buenas prácticas en el monte). El precio es de 1,5 euros para las motos, 5 euros, los coches y desde 30 euros para los autobuses.
La ruta del Cares es espectacular, pero no está exenta de zonas con desniveles.

La ruta del Cares es espectacular, pero no está exenta de zonas con desniveles.

Ruta del Cares, Garganta Divina

La Ruta del Cares es una senda creada por el hombre cuyo principal objetivo fue el aprovechamiento hidroeléctrico del agua del Río Cares. Se trata de una de las rutas más famosas y más espectaculares de toda Europa.

Conocida como Garganta Divina, esta ruta de casi 12 km de longitud (en un sólo sentido) parte de Caín (León) y llega hasta Poncebos (Asturias). Discurre todo el tiempo por una estrecha senda en la ladera de la montaña y junto al curso del río Cares.

La ruta se realiza en unas 3 ó 4 horas, yendo a una velocidad de paseo media, pero la duración real dependerá de las paradas que se hagan para contemplar y fotografiar los paisajes que regala el camino. Es una ruta de una complicación media.

El sendero tiene un ancho aproximado de metro y medio, ya que se hizo para que circulara un carro, siempre hay que caminar con precaución, desde luego no es apta para aquéllos que sufran vértigo. La ruta del Cares es espectacular, pero no exenta de zonas con desnivel. De hecho, no recomiendan hacerla con niños pequeños. La edad mínima es 12 años.

  • Cómo llegar: Desde Caín. Hay que llegar hasta Posada de Valdeón. Desde Asturias, hay que coger la N-625 desde Cangas de Onís y atravesar el desfiladero de los Beyos en dirección a Riaño. Desde la zona de León, debemos llegar a Riaño y tomar la misma carretera hasta Posada de Valdeón.
  • Desde Poncebos: Hay que llegar a Arenas de Cabrales. Desde Cantabria o desde Cangas de Onís hay que coger la AS-114. Una vez en Arenas de Cabrales, en el medio del pueblo hay una bajada que es por donde se coge la carreta de Poncebos que está a unos cinco kilómetros.

Una de las espectaculares caídas de agua del río Piedra.

Monasterio de Piedra, arte y naturaleza

En el municipio aragonés de Nuévalos se encuentra el Monasterio de Piedra, uno de los escasos rincones en los que se fusionan arte y naturaleza. Fundado por 13 monjes cistercienses en el año 1194 a instancias del rey Alfonso II de Aragón, el recinto traslada al visitante a la Edad Media. El 7 de octubre los monjes anunciaron que están a 80o días de celebrar su 800 aniversario (16 de diciembre de 2018), fecha que se conmemorará con una serie de actos institucionales. El río junto al que se construyó el edificio da nombre al monasterio que está declarado Monumento Histórico Artístico desde el año 1983.

Lo más espectacular de este paraje, lo que convierte a este enclave en uno de los lugares con más encanto de Aragón es el parque natural que envuelve al edificio. Se trata de un camino sencillo que se puede recorre en un par de horas, incluso con niños de todas las edades. Lo impresionante del sendero son las espectaculares cascadas entre las que destaca la llamada Cola de Caballo, un salto de agua de varias decenas de metros.

  • Cómo llegar: Se accede desde la autovía A-2, salida Km. 204 (Alhama de Aragón – Monasterio de Piedra).
  • Horarios y precios: De abril a septiembre, de 9.00 a 19.00 horas. De octubre a marzo de 9.00 a 18.00 horas. Adultos: 15.50 euros. Niños: (4-11 años) 11.00 euros. Senior (mayores de 65 años): 11.00 euros. La entrada incluye visita al Parque Natural, exhibición de aves rapaces (desde mediados de marzo hasta el 31 de octubre) y una visita guiada Monasterio Cisterciense.
Una vista del Caminito de Rey restaurado.

Una vista del Caminito de Rey restaurado.

Caminito del Rey, retando al vértigo

Hubo un tiempo en que el Caminito del Rey fue considerado el sendero más peligroso del mundo. Se trata de un paso construido en las paredes del desfiladero de los Gaitanes, en forma de pasarela peatonal, adosada a la roca en el interior de un cañón, con tramos de una anchura de apenas un metro que cuelgan hasta 105 metros de altura sobre el río, en unas paredes casi verticales que son la alegría de los escaladores.

El paseo cuenta con un recorrido total de 7,7 kilómetros, de los cuales 4,8 son accesos y tres de pasarelas.  Es necesario andar unos dos kilómetros para llegar hasta el control de acceso, situado en la cabecera del embalse del río Guadalhorce, desde allí parte el verdadero Caminito del Rey. En la entrada, los responsables de la visita entregan a los senderistas un casco que es obligatorio llevar durante el recorrido.

El camino tiene un único sentido descendente al que acompañan las aguas del Guadalhorce. La primera pasarela surge como aperitivo de un viaje que promete impresionante. El primer kilómetro y medio se camina de manera relajada y permite disfrutar de la belleza del entorno. La pasarela se transforma en sendero cuyo paisaje poco a poco se violenta hasta llegar a la entrada del desfiladero de los Gaitanes. El plato fuerte de la ruta. Sin previo aviso se elevan sobre el camino monstruosas paredes de roca. El cañón se eleva por encima de los 700 metros y la pasarela alcanza los 105 metros de altura respecto al agua. Una experiencia no apta cardíacos. Atentos a esta parte del camino porque entre las paredes se esconde un amonite de tamaño descomunal. En uno de los giros se encuentra el balcón colgante transparente en el que pueden posar aquellos que deseen retar al vértigo y al vacío.

El último tramo de la pasarela cruza el desfiladero por un puente colgante y continúa por las paredes salientes del otro lado de la montaña. Una dura subida hasta alcanzar tierra firme te guía al puesto de control de Álora donde finaliza la ruta.

  • Cómo llegar: Ardales está a 45 minutos de Málaga capital por la A-357. Una vez pasado el pueblo por la carretera de los embalses se llega al punto de información que cuenta con un aparcamiento vigilado.
  • Los niños menores de ocho años tienen prohibida la entrada. ¡Ojo! Piden documento que acredite la edad del menor.

‘Arco Iris’, una de las obras con las que Agustín Ibarrola inmortalizó el Bosque de Oma.

Bosque encantado de Oma

En el interior de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai  aguarda al caminante un rincón muy especial construido a pachas entre el hombre y la naturaleza. Se trata del Bosque de Oma, un valle donde los árboles pintados por el artista vasco Agustín Ibarrola componen figuras visuales que sólo se pueden descubrir desde una perspectiva, mirando desde el punto de vista que se indica con unas flechas amarillas numeradas que se encuentran en el suelo. Artista comprometido, Ibarrola siempre ha luchado contra las injusticias y su filosofía de vida ha quedado plasmada para siempre en este bosque donde el artista dialoga con la naturaleza en lo que se ha convertido en un himno a la libertad.

Para llegar al bosque encantado hay que recorre un camino de 7,4 kilómetros a pie, con bastante pendiente en algunos tramos, principalmente en las escaleras de la parte final. El camino es sencillo, hasta llegar al último tramos de escalera, sus peldaños son muy empinados y complicados de remontar. Una vez allí, lo peor ya está hecho. Sólo queda disfrutar de las 47 figuras y del entorno ideado por el artista.

Visitar el Bosque de Oma y no pasar por las cuevas de Santimamiñe sería un pecado. Descubiertas en 1916, las pinturas que albergan entre sus paredes datan de la época Magdeleniense (más de 13.000 años). Las cuevas de Santimamiñe constituyen un yacimiento arqueológico único en Vizcaya, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2008.

  • Cómo llegar: Desde Gernika-Lumo hay que tomar la circunvalación, dirección Lekeitio, por la BI 638 hasta la rotonda de Barrutia, para continuar por la BI 2238. Tras pasar el barrio de Idokiliz, se debe coger el desvío a la derecha por la BI 4244 que conduce hasta el fin de la carretera, el aparcamiento está en el restaurante Lezika.