Para Sócrates la verdad no se descubría a través de espectaculares discursos sino entre todos, en el ágora, a través del diálogo. No en vano fue el filósofo de la palabra y, aún más, el de la pregunta. Heredero de las tesis de Sócrates, Gonzalo Mendoza, un ejecutivo procedente de la alta banca, fundó en 2004 la Escuela de Filosofía con la intención de ayudar a los banqueros, brokers y ejecutivos a pensar más en valores humanos y menos en valores de mercado.

“Cuando me incorporé al mercado laboral trabajé en banca de inversión, me dejé llevar por el ritmo, fue muy duro. Te metes en ese fragor profesional y ya no sabes cómo salir. Echaba de menos detenerme, parar, analizar hacia dónde me estaba llevando la vida. Hoy en día vivimos todos un poco así, sin parar, sin pensar. Hay mucha gente a la que no le gusta su trabajo y se queja; cuando, en realidad, ni siquiera se ha parado a pensar qué trabajo le gustaría hacer o qué vida le gustaría llevar”.

Ex de Andersen Consulting, ex del Banco Urquijo, incluso ex de S.G. Warburg, Mendoza un día decidió trabajar por su cuenta y matricularse en un curso de Filosofía de la Universidad Pontificia. Las clases de su profesor, Miguel García-Baró, le tocaron tanto el alma que pensó: “Esto lo debería conocer todo el mundo”. Dejó todo, se empeñó en buscar una oficina (que hoy es la sede de la escuela), elaboró un programa y creó “un espacio de encuentro para que la gente entre en contacto con los tesoros intelectuales de la Historia de la Filosofía”.

La Escuela de Filosofía ha encontrado en los altos ejecutivos su nicho de mercado

La escuela no posee una orientación prioritaria hacia el entorno económico, pero es entre sus paredes donde ha encontrado el core que le permite vivir. Los altos ejecutivos son su nicho de mercado, por no alejarnos de los términos económicos que manejan sus alumnos. Influido por sus experiencias laborales, Mendoza lleva 12 años luchando por cambiar la mentalidad que tenemos de lo que debería ser una empresa. “No es sólo un lugar en el que se busca el beneficio económico, es también un espacio en el que la gente pasa gran parte de su tiempo que deberíamos cuidar. En esa tarea de mejora, la filosofía puede ser muy útil. La teoría tan arraigada que tenemos de ‘a trabajar se viene llorado’ es un error, un tremendo error. En el trabajo se debe luchar por establecer un diálogo que permita que la gente se sienta bien”.

Es el diálogo para la búsqueda del yo la actitud que el director de la escuela quiere fomentar en sus aulas. “Queremos que la gente piense, que no sea necesario convertirte en un ermitaño para que pienses la vida. La Filosofía puede aportar muchas cosas, desde un bagaje cultural que puede ser puesto en valor en la vida laboral, hasta una ampliación de la razón que incluye aspectos emocionales. La enseñanza principal de la escuela tiene que ver con el ejercicio de hablar y escuchar al modo filosófico”.

Queremos que no sea necesario convertirte en un ermitaño para que pienses la vida»

Los cursos, divididos en especialidades y por épocas, “están dirigidos a cualquier adulto que quiera pasar una tarde o una mañana a la semana para entrar en contacto con la Filosofía”. Sus precios oscilan entre los 2.375 euros que cuesta el curso de Historia del Pensamiento: el mundo clásico el mundo moderno; hasta los 4.750 que hay que pagar para asistir a Una Historia de la Filosofía en el siglo XX o a los cursos de Temas escogidos. Con estas tarifas, muchos podrían acusarle de elitista. “Sin duda, el precio marca distancia, pero tenemos una fundación que beca a alumnos que no pueden pagar los cursos. Es cierto que, hasta ahora, se han matriculado muchos altos directivos, presidentes de empresas y consejeros de bancos. No puedo decir los nombres porque ellos quieren preservar su intimidad. Ahora pretendo dar un paso más y llegar a las grandes empresas para dar cursos entre los mandos intermedios».

Las clases son muy sencillas. “Cada día damos una lectura de textos originales, que procuramos que sea leve; los alumnos se la llevan a casa para trabajar. En la siguiente sesión, el profesor construye la clase en torno a esos textos; en esta clase el alumno viene preparado y puede confrontar ideas”. ¿Algo así como un caso en un máster? «Sí, salvo que aquí el caso es el texto y, de manera soterrada, uno mismo. Cuando hablas de la libertad, del bien, de la justicia, en el fondo lo estás confrontando con tu idea de libertad, tu idea de justicia, con lo que ha sido tu vida. En el fondo, el caso somos todos”.

El poder disruptivo de un rostro es mucho más fuerte que cualquier mensaje de Whatsapp»

La escuela de Filosofía, a contracorriente de las tendencias, exige a sus alumnos presencia física, nada de cursos on line. “El poder disruptivo de un rostro que te mira es mucho más fuerte que cualquier mensaje que esa misma persona escriba en su Whatsapp. No es comparable con nada”, explica el director.

Nos estamos preocupando mucho por el deshielo de los polos, por la capa de ozono, porque  ha desaparecido el ahorro o porque tenemos un endeudamiento brutal y, para Mendoza, la madre de todas las desapariciones es la falta de comunicación. “Ya no nos paramos a hablar en la calle con los otros. Las conversaciones cotidianas sin propósito alguno han saltado por los aires porque siempre encontramos una excusa para no pararnos. En estos encuentros cotidianos era el lugar desde donde dábamos sentido a todo lo demás y buscábamos soluciones”.

El director de la Escuela de Filosofía lo tiene claro, El cambio de esta actitud ante la vida debería llegar desde la educación: defiende que a los niños deberíamos enseñarles a estar con otros niños y a pensar. Quienes enseñan Humanidades preparan a sus alumnos para ser mejores personas; no tiene nada que ver con encaminarles hacia el éxito económico, social o político.

En esa misma línea de cambio, Jaime Nubiola, profesor de Filosofía en la Universidad de Navarra, sostiene que el problema radica en que «la derecha neocapitalista que dirige el país no quiere que los ciudadanos piensen, por eso en la LOMCE (que cuenta con un futuro muy dudoso) sólo se puede llegar a la Filosofía por una línea». La batalla de la falta de peso de las Humanidades se libra entre los políticos «que pretenden tener a los ciudadanos entretenidos».

«Para que la gente triunfe en la vida tiene que pensar, leer y escribir. Hoy hemos sustituido la información por el entretenimiento y somos esclavos de la fuente de entretenimiento. Vamos por la vida enganchados a una máquina como los personajes de Aldous Huxley lo hacían al soma. Los que enseñamos Humanidades, enseñamos un estilo de vida, menos consumista y más dedicado a la confrontación, enseñamos a crear diálogo», añade el maestro.

Para el profesor Nubiola, discípulo de Hilary Putnam, el problema radica en que la enseñanza de la Filosofía en este país «está enferma de academicismo», dirigida a los exámenes y, hasta hace unos meses, a la selectividad. «Los colegios matan la creatividad. La filosofía es mucho más que eso. Deberíamos orientarla a problemas, no a teorías. Por ejemplo: ¿Por qué no establecer en clase un debate sobre el bulling o los toros? Las cosas interesan cuando afectan a las personas. Estableciendo discusiones los alumnos se darían cuenta de que existen diferentes opiniones». ¿Podemos llegar a un acuerdo? Eso es lo de menos. No en vano, de eso va la Filosofía, de reflexionar sobre la propia acción. Ya lo decía Sócrates, “una vida sin examen no merece ser vivida”.