El XIX fue un siglo rico en cambios políticos y sociales pero, también culturales y, cómo no, de los usos y costumbres. Esta transformación fue posible gracias a la burguesía, el grupo social más pujante, que gozaba de un poder económico alto merced a la propiedad de la tierra, y a su dedicación en la industria y en empresas financieras y comerciales. Cada vez eran más las personas que gozaban de mayor riqueza y disponían de tiempo libre para celebrar bailes y veladas musicales en las suntuosas casas-palacio que aún pueden verse en ciudades como Madrid, Barcelona o Cádiz, o para charlar en cafés sobre política o literatura. Estas diversiones, hasta entonces sólo accesibles a una élite, pasaron a ser habituales en un gran segmento de la población y, claro, tanta soirée requería un vestuario apropiado.

La moda es uno de los fenómenos sociales más interesantes del siglo XIX: triunfan los primeros sastres con firma propia, aparecen las revistas que contribuyen a democratizar la indumentaria y a introducir gustos internacionales (principalmente parisinos) y, damas y caballeros modernos sucumben, por primera vez en la historia, a los cambios de temporada con sus tendencias particulares. En aquella etapa, el vivir cotidiano estaba unido a la observancia de unas rígidas costumbres establecidas. El estricto protocolo disponía qué había que ponerse en cada actividad: el paseo, el baile, la visita de cortesía… e, incluso, en actos políticos o religiosos.

El Museo del Romanticismo de Madrid inaugura, el martes 25 de octubre, la exposición La moda romántica, compuesta por 22 modelos originales, procedentes de la propia institución y del Museo del Traje, además de figurines de la época y fotografías estereoscópicas de comercios y talleres especializados.

En este viaje en el tiempo, las prendas seleccionadas parecen cobrar vida situados en los espacios en los que fueron vividos. Fracs, levitas y chalecos masculinos, vestidos femeninos de paseo, goyescos, de baile o de novia e, incluso algunos trajes infantiles conforman La Moda Romántica que, además, analiza cómo evoluciona el estilo entre 1828 y 1868. Durante esos años, la silueta femenina sufre espectaculares cambios: desde el traje imperio, fruto del furor neoclásico con el que se inicia el siglo hasta las impresionantes y voluminosas faldas ahuecadas con crinolinas de los años 60, pasando por la austeridad del vestir en 1840, o el desarrollo del busto y las prominentes mangas de los años 30. Mientras, el atuendo masculino permanece casi inmutable durante toda la centuria y, el infantil, hasta entonces copia exacta del adulto, comienza a adquirir cierta independencia.

  • La exposición La moda romántica estará instalada, del 25 de octubre de 2016 al 5 de marzo de 2015, en el Museo del Romanticismo (San Mateo, 13. Madrid). La entrada cuesta 3 euros.
  • La institución invita al visitante a viajar en el tiempo analizando, además, cómo evoluciona el estilo y las tendencias entre 1828 y 1868.