Esta mañana en las cocinas de medio país volverá a escucharse el soniquete. De nuevo rutinario, de nuevo nostálgico. El mismo eco que cada 22 de diciembre reparte la fortuna y anuncia que la Navidad ya está aquí. Un puñado de agraciados volverá a abrir el telediario y una masa de frustrados millonarios repletos de salud volverá a verlos con desdén. El bando de la fortuna o de la salud lo decidirá un bombo y lo anunciará una niña nerviosa o un niño de voz preadolescente.

A Potxola le dará igual, con ella también habrían jugado no hace mucho a la lotería. Sería el particular premio gordo de Santo Tomás. Lo hicieron con sus antepasados durante siglos, convertidos en objeto de deseo de una rifa popular. Ella ha corrido mejor suerte. Nada habrá cambiado esta mañana. Seguirá arrastrando sus 410 kilos de peso con andares torpes dispuestos a activarse para llevarse algo más a la boca. Quizá recuerde que ayer fue el centro de miles de miradas y la imagen de no menos fotografías. Estaba llamada a ser sacrificada para convertirse en objeto de recaudación benéfica pero los nuevos tiempos le han librado de ser el otro gordo de Navidad, la gorda de entre los gordos.

En Bilbao y San Sebastián, cada 21 de diciembre, a la Lotería Nacional le ha precedido la feria de Santo Tomas

No lo sabe, pero la fiesta de la gula de la que ha estado disfrutando los últimos meses se ha acabado. Es hora de ponerse a dieta. La ley ha indultado a esta cerda navarra. Seguirá viviendo, aunque no lo hará de mismo modo. La barra libre alimenticia que le ha llevado hasta su actual silueta, de proporciones gigantescas, terminó anoche, rodeada de miles de curiosos y bajo la protección de Santo Tomás, el santo de las mayores ferias agrícolas de Euskadi. Potxola, la cerda de San Sebastián, puede al menos estar satisfecha de ser la propietaria de un nuevo registro de obesidad porcina que la sitúa por encima de sus antecesores. La mayor parte fueron la atracción principal de la feria que antecede a la Navidad en las capitales de Vizcaya y de Guipúzcoa tras la venta de boletos para hacerse con sus kilos de chorizos, chuletas, jamones y lomos.

Una cerda de 410 kilos

Que se lo digan a la saga de los Tiberio, convertidos en una lista de reyes porcinos, desde Tiberio I hasta Tiberio VIII, que año en año fueron adjudicados al propietario del boleto agraciado en la rifa del cerdo de Santo Tomás. Todos ellos fueron paseados por el centro de la ciudad, bajo miradas curiosas e indignadas, luciendo sus 350 o hasta 390 kilos de peso, como atracción de la feria agrícola más popular de cuantas se celebran en Euskadi y que atraen cada año a alrededor de 250.000 personas. En Bilbao ayer 286 puestos expusieron sus mejores frutos y productos y en San Sebastián lo hicieron 216.

Potxola sólo tiene tres años. Los últimos meses los ha disfrutado como nunca. Su dueña, Kristina Saralegi sabía que debía acelerar si quería que su pequeña dejara huella. Sus compañeros del mundo rural acudirían con sus mejores productos: verduras, hortalizas, quesos, txakolí, sidra, etcétera, y ella debía sorprender con la cerda más imponente que jamás se haya visto en la Plaza de la Constitución de San Sebastián. En su caserío, Arro, en la localidad navarra de Leitza, los últimos días han sido intensos. Había que rematar el engorde de Potxola: más kilos de bellotas, más nabos, más maíz, cebada y más paseos por el campo hasta lograrlo.

Potxola, con 410 kilos, ha superado a Engraxi de 350 kilos y Maikruz de sólo 360 kilos

Por fin, el que durante siglos fue el gordo de la lotería rural más popular del País Vasco, ayer estaba listo para sorprender a la mayoría… e indignar a otros pocos. Potxola había dejado muy atrás a su antecesora, Engraxi, otra cerda que en 2015 que sólo alcanzó los 335 kilos o Maikruz, un año antes, con 360 kilos.

En Bilbao y San Sebastián, a la Lotería Nacional le ha precedido la feria de Santo Tomas, la misma que hace siglos -y coincidiendo con el solsticio de invierno- atraía hasta las ciudades a agricultores y ganaderos pagar a sus administradores o dueños de sus caseríos la renta anual y abonar los dos capones de rigor. Hoy, el mundo rural exprime la festividad para hacer caja y vender una buena parte de su producción. En Bilbao hace unos años que suprimieron el paseo y exhibición del cerdo que aún se conserva en la feria de San Sebastián, la más antigua de las dos.

El indulto de ‘Tiberio V’

Hasta entonces, el cerdo de Santo Tomás se convertía en el principal atractivo popular. Lo recaudado con la venta de boletos siempre ha ido destinado a fines sociales, fundamentalmente a la Real y Santa Casa de Misericordia, dedicada a la atención de huérfanos y ancianos. En no pocas ocasiones el el gordo porcino quedó desierto, al no aparecer a reclamarlo el o la afortunada. Quienes sí pasaron a manos de nuevos dueños terminaron siendo alimento para organizaciones benéficas, restaurantes o más de un arcón. Llevarse a casa un cerdo de más de 350 kilos no parece una tarea sencilla… También ha habido indultos. Aún es recordado el caso de Tiberio V, cuyo afortunado ganador decidió no sólo perdonarle la vida y no sacrificarlo sino indultarlo para darle una vida mejor en la dehesa extremeña.

Cada año un cerdo de dimensiones récord eran paseado por las calles de Bilbao y San Sebastián, y de otros municipios vascos que cada 21 y 22 de diciembre celebran esta festividad. Puercos convertidos en loterías de cuatro patas, en premios gordos a las puertas de la Navidad y que eran sacrificados con fines benéficos. Así ha sucedido desde 1831. Pero la historia ha ido cambiando. La sensibilidad también, y las leyes han cerrado el paso a esta tradición. Desde 2001 la Ley de Protección de Animales de Euskadi prohíbe el sorteo de animales vivos. Una restricción que sin embargo ha sido esquivada organizando rifas, por parte de comerciantes y asociaciones locales, ofreciendo el cerdo en cuestión ya envasado en lotes de productos porcinos.

Durante siglos el puerco ha sido el ‘premio gordo’ de una rifa popular con decenas de miles de adeptos

Por eso a Potxola no se la han rifado, tan sólo se ha exhibido. Indultada por la ley, el día después de Santo Tomás que otros puercos no pudieron contar, será diferente para Potxola. El gordo se lo quedó su dueña, Kristina Saralegi, que conservará su compañía. Asegura que ya tiene planes para ella. Ninguno de ellos pasa por sacrificarla… sino por convertirla en madre. “Le vamos a inseminar para que pueda parir”, asegura su dueña. Un ejemplar como éste es demasiado especial para no probar fortuna y “ver cuantas crías hace”. Sacrificarla por tanto no parece una opción. “No, por ahora no, algunos años más sí la tendremos”. Kristina lleva 13 años engordando el cerdo que cada Santo Tomás se exhibe en la Plaza de la Constitución de San Sebastián. Lo hace por encargo del Ayuntamiento que confía en esta ganadera navarra, “nosotros tenemos más cerdos, nos dedicamos a esto”.

feria santo tomás

Coincidiendo con el solsticio de invierno, la feria atraía hasta las ciudades a agricultores y ganaderos pagar la renta anual.

Una lotería agro que también disfrutaron los productores vascos que vieron como la afluencia de decenas de miles de visitantes, en vísperas de Navidad y en un ambiente festivo adelgazaban sus carteras con menos resistencia. “Ha sido una buena feria, mejor de lo que pensaba”, aseguraba Enkarni mientras recogía el poco género que le quedaba. Una valoración compartida por sus compañeros de puesto en Bilbao satisfechos de que la lluvia se hubiera resistido a aparecer.

Entre talos, alubias y ‘txakoli’

La tradicional guerra de precios ahuyentaba a algunos, convencidos de que en las ferias se mira pero no se toca, “es que se pasan mucho, con eso de que estamos todos animados”, lamentaba Antonio en busca de alguna oferta que llevarse a la mesa de Nochebuena. La mayoría, en cambio, optó por recurrir al “un día es un día” para adquirir productos de primer nivel ignorando el precios –alubia de Gernika a 20 euros el kilo, nueces a 7 euros, la botella de sidra a 4 euros o la de txakoli a 5 euros­-. Sin duda, el factor estético se ha convertido en el mejor márketing rural, capaz de hipnotizar al cliente por la belleza de los coloridos con los que se decoran los puestos. De nuevo el talo con chorizo o morcilla –harina de maíz, sal y agua- y su novedad, con bacalao, fueron el producto estrella.

Y así hasta dentro de un año, cuando otra cerda, la elegida, volverá a disfrutar de meses de abundancia para encarrilarla a su engorde infinito para exhibición en la feria más antigua y multitudinaria de Euskadi. Para entonces, Potxola quizá haya recuperado la figura, no recuerde que un día pudo haber sido el gordo de Navidad más porcino del año y su único cometido sea… amamantar a sus crías.

feria de Santo Tomás

El factor estético se ha convertido en el mejor márketing rural.