Cuando la amistad entre Julio Cortázar y Cristina Peri Rossi cruzó la línea, o por lo menos lo hizo en la mente de él, éste le escribió el siguiente poema: “Creo que no te quiero, que sólo quiero la imposibilidad de quererte. Como el guante izquierdo enamorado de la mano derecha”. Fue una declaración que se sabía de antemano rechazada. Peri Rossi era homosexual. Esa misma sensación, ese sentimiento de error, de equivocación, de no encajar, es el mismo que millones de personas han tenido a lo largo de los siglos. La impresión de que su amor no era lo correcto, no era lo esperado, que era sólo un tropiezo. Sólo que al contrario de Cortázar, ellos amaban a su mismo sexo.

Ahora que World Pride vuelve a invadir Madrid, el Museo del Prado ha querido asumir su función de público y cómo ha dicho su director Miguel Falomir: “Representar a todos, incluir en vez de excluir”. Asegurar que el guante izquierdo le sienta genial a la mano derecha. Para ello, acaba de inaugurar cuatro recorridos que pretenden mostrar al visitante cómo el arte, cómo algunos artistas, de todas las épocas, de todas las ideologías, vieron que el amor carecía de modelo. Lo hacen en La mirada del otro. Escenario para la diferencia con la colaboración de la Comunidad de Madrid.

Hemos seleccionado 30 obras que son un exquisito testimonio de fórmulas afectivas diferentes, minoritarias y, a veces, silenciosas”

“Hemos seleccionado 30 obras que son un exquisito testimonio de fórmulas afectivas diferentes, minoritarias y, a veces, silenciosas”. Lo han hecho con cuatro temáticas distintas que quieren poner en relieve que “el amor entre iguales libres en el mundo clásico evolucionó a una persecución en la nueva era cristiana”. Empiezan con Amistades inmortales, un recorrido que nos llevará a las relaciones sentimentales entre personas del mismo sexo, a cómo éstas eran mitificadas y cómo “supusieron el punto de partida para la creación de una identidad alternativa autorizada por la Historia”.

El segundo recorrido da un paso hacia atrás aunque avanza en años, se trata de las persecuciones a las que se vieron sometidos artistas por ser considerados sadomasoquistas, nombre que se le daba antes a las personas con preferencias sexuales distintas. Así, hablan de Leonardo, de Botticelli, de cómo tuvieron que pasar por juicios de moral. Además, desde El Prado han querido dedicar uno de estos recorridos a la identidad. A las Engañosas apariencias. “La desobediencia a lo normativo del cuerpo se manifiesta en representaciones históricas, como el Hermafrodito o las mujeres barbudas de Ribera y Sánchez Cotán, a los que se añaden ejemplos del travestismo o intercambio de roles de género”, aseguran.

La libertad para los privilegiados, incluso la sexual”

Por último, hablan del mundo clásico, de su falta de prejuicios, de su amplitud de miras. Amar a los dioses es la última etapa de esta iniciativa del Prado, de esta exposición, en la que muestran “relaciones entre iguales en escenarios ajenos al mundo real y que fueron destinadas a espacios privados reservados a la mirada del poder”. La libertad para los privilegiados, incluso la sexual.

Así, y hasta el próximo 10 de septiembre, la institución quiere poner su grano de arena en la celebración del Orgullo, en la necesidad de normalizar una situación que todavía parece incomodar a muchos. Quizá, si lo dice El Prado, todo es más fácil.