Tres mil personas fueron encarceladas por ser homosexuales durante la época franquista, algunos denunciados por sus madres mal aconsejadas, otros por merodear por zonas que se consideraban oscuras, otros simplemente por querer sin acometer. La pena era de tres años. Más de treinta meses sin libertad por querer de una manera que más que poco convencional, debía mantenerse de puertas hacia dentro. Algunos de ellos son ahora los protagonistas de una historia, de una narración a través de fotografías que pretende dar a conocer una panorámica del colectivo LGTB en nuestro país.

No están solos, les acompañan personas de la tercera edad que empezaron a ser libres siendo ya adultos con canas, de adolescentes que aún temen que sus sentimientos estén dados la vuelta, lesbianas embarazadas, matrimonios homosexuales. Del miedo a la esperanza nos llevan Isabel Muñoz y Arturo Arnalte en El derecho a amar, una muestra que acoge CentroCentro Cibeles Madrid hasta el próximo 1 de octubre, dentro de la programación del World Pride Madrid 2017, y que a través del cuerpo nos narra la libertad.

Sólo desde la normalidad conseguiremos que los armarios queden vacíos»

Se trata de 90 fotografías acompañadas por un pequeño libro explicativo, en el que Arnalte, ilustrado por las fotografías de Muñoz, nos lleva por historias que parecemos olvidar a medida que adquirimos derechos. Por esas personas que lucharon por que su corazón latiese al ritmo que le diese la gana, que disfrutase sin tener en cuenta el sexo que aparecía en su DNI. Como asegura la alcaldesa Manuela Carmena, en el prólogo de este libro, «sólo desde la normalidad conseguiremos que los armarios queden vacíos». Y Arturo e Isabel dan con la normalidad.

Fotografía de Isabel Muñoz.

Fotografía de Isabel Muñoz.

Con el derecho a cambiar de aspecto y, sobre todo, a que éste sea respetado por ley. «Ahora en las cárceles, aunque el cambio de sexo no sea completo, no tienes porqué acudir al modulo de hombres cuando en realidad eres una mujer. Además, se está permitiendo a los presos modélicos compartir habitación con sus parejas del mismo sexo. Es un gran avance. Fuimos a hacer fotografías y no nos pusieron ningún impedimento. Están dentro de la cárcel pero fuera del armario», asegura Arnalte.

Fotografía de Isabel Muñoz.

Fotografía de Isabel Muñoz.

También han acudido a centros de la tercera edad, a residencias donde los homosexuales, los transexuales pueden vivir como les dé la gana y que han pedido su sitio dentro del colectivo. Que no se olviden de que ellos fueron los primeros en dar pasos hacia delante. También a colegios, donde cada vez se normaliza más la orientación sexual de cada uno pero donde la palabra «marica» sigue teniendo una connotación negativa. «Son adolescentes que siguen teniendo miedo al rechazo, a la exclusión. Ahora se trabaja bastante más con los jóvenes para que esto no ocurra, pero sigue pasando», asegura.

Lo mismo que en las zonas rurales. Aunque, como bien cuenta Arnalte en su libro, se han organizado caravanas del Orgullo que acuden de vez en cuando a los pequeños pueblos, su situación siempre es peor que en las grandes ciudades. En la publicación mencionan la frase de Ocaña, «la mariquita de pueblo, denostada de día, visitada de noche»; y los protagonistas de estas historias aseguran que en la ciudad se sienten más libres, menos observados. La exposición trata de eso, de darles visibilidad a todos ellos para que cada día se les observe menos.