En otoño a todos aquellos que digan iros en vez de idos o íos no les vamos a poder corregir. La RAE acaba de aceptar su uso, tal y como uno de sus académicos, Arturo Pérez Reverte, ha anunciado en su cuenta de Twitter, “pues nadie decía idos o íos”, como sería correcto.

La decisión de la Real Academia no ha tardado en ser rebatida. Muchos se han preguntado porqué la institución da cabida a este tipo de usos incorrectos del lenguaje, a lo que los académicos responden que esto se debe a su función de dejar constancia de “cómo hablamos”.

 

Pero iros no es el primer término que causa revuelo por su incorrección. Son los llamados coloquialismos errados y siempre van acompañados de un vulg (vulgar) para que el usuario que consulta la RAE sepa que no es su uso correcto.

Algunos son tan conocidos como almóndiga (de albóndiga), murciégalo (de murciélago), madalena (de magdalena), vagamundo (de vagabundo), dotor (de doctor)  y otubre (de octubre). Y aunque no tendemos a oírlos de forma común y su uso nos provoca arqueamientos de cejas, si está en la RAE es que se han utilizado en algún momento y en la Academia quieren dejar constancia de ese uso.

Culamen, muslamen o amigovio

Pero si nos damos un paseo por su página web, también podemos ver cómo otras palabras que nunca pensaríamos que han sido discutidas por los académicos, tienen un hueco en su diccionario. Durante la historia de la Academia se han aceptado términos como culamen (para referirse a las nalgas), muslamen (para los muslos), papichulo (hombre muy atractivo que es objeto de deseo), toballa (para toalla) y el ya famosísimo amigovio (el sinónimo fino de follamigo).

 

También nos encontramos con cederrón (de CD-ROM), okupar (para el que ocupa una propiedad que no le pertenece), ño (como diminutivo de señor) y Abracadabrante (para algo que nos provoca sorpresa). Y estas son sólo las aceptadas en los últimos años, ya que algunos vocablos en desuso, que a día de hoy nos suenan muchas veces a chino, también están incluidos en su diccionario.