Los platos de este menú que rinde tributo a Picasso están inspirados en la vida del artista malagueño.

Arroz de Costa Malagueña, uno de los platos del menú tributo a Picasso en restaurante Arzábal Reina Sofía. Arzábal

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Comer en honor a Picasso

Un espeto de sardinas y el Guernica. Málaga y Picasso. Gastronomía y arte que se dan la mano. El restaurante Arzábal y el Museo Reina Sofía se han unido para rendir homenaje al artista, primero en las salas y luego en la mesa.

Admirar el Guernica y las 180 obras que componen la muestra que se expone hasta el 4 de septiembre en el Museo Reina Sofía resulta aún más apetecible si el colofón son cinco platos inspirados en la vida del artista, en su Málaga natal, en sus gustos y en su obra.

Ese ha sido, al menos, el objetivo de Álvaro Castellanos e Iván Morales, chefs de Arzábal, al elaborar el menú homenaje al padre del cubismo, para el que han contado con la supervisión del museo.

El menú tributo a Picasso esperan que pueda ser el primero de muchos 'maridajes' de arte y gastronomía.

Iván Morales y Álvaro Castellanos, chefs del restaurante Arzábal.

Arranca el menú, como no podía ser de otra manera, un espeto de sardinas reinterpretado con «crujientes de verduras frescas y brasas de aceitunas negras». Es la vuelta al origen de Picasso, nacido en Málaga en 1881. «Acudimos a sus raíces y allí estaba el espeto, como él mismo recordó en alguna entrevista», explica Castellanos. Un plato clásico que vive aquí en versión contemporánea.

Seguimos imaginando a Picasso antes del Guernica, mucho antes, cuando llega el arroz de costa malagueña. Imaginamos más bien a un niño jugando en la playa y siendo llamado a disfrutar de un plato de arroz en un día soleado. «Investigamos y era uno de sus platos favoritos», afirma Castellanos, que incide en las referencias que relacionan los cinco pasos del menú con el autor de las Señoritas de Avignon.

La terraza acristalada de Arzábal resiste con éxito a las temperaturas veraniegas que acompañan – y acompañarán – a lo que queda del menú Picasso, que al igual que la exposición podrá degustarse hasta el 4 de septiembre. La lubina frita, la versión más malagueña que han encontrado sus autores para este pescado salvaje, llega acompañada de ajo blanco y moscatel de alejandría. Los estómagos menos acostumbrados empiezan ya a decir basta aunque aún nos esperan el rabo de toro y la torrija con helado.

El rabo de toro representa a un animal «muy presente en la obra de Picasso», como recuerda Castellanos, tanto a través del Guernica como otras de sus obras. No en vano el niño ya solía acudir con su padre a la plaza y quedaba fascinado por las corridas. La torrija es más un bien una concesión de Arzábal con uno de sus clásicos, ya que el de Castellanos y Morales es uno de los pocos restaurantes donde se puede degustar este postre típico de Semana Santa durante todo el año. Pero no defrauda.

Uno de los platos del menú largo de Picasso, pargo del Peón y arroz de caracoles.

Además de este menú, durante la exposición se ha puesto en marcha, solo bajo reserva, la posibilidad de concertar una visita privada a la exposición junto a un menú más largo que recorre la obra del artista. En ese caso el precio conjunto de visita y menú es de 185 euros.

Ésta es la primera experiencia de los chefs del restaurante del Reina Sofía en maridar arte y gastronomía. «La comida y el arte son una buena pareja de baile», defiende Castellanos, «así que esperamos que la idea se pueda repetir».

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