Sedujo al mundo con una mirada transparente, una sonrisa castigadora y esa cadencia porteña en el habla que trae por la calle de la amargura a las damas y, por qué no, a los caballeros que saben apreciar la belleza masculina. Ricardo Darín se plantó en el siglo XXI acompañado por la fama. No era un novato. El niño Darín debutó en el teatro con 10 años empujado por sus padres. El veneno de la interpretación se apoderó de él en cuanto subió por primera vez a un escenario.

Antes de abrazar la fama internacional, ya arrastraba una notable carrera televisiva. Una carrera que en sus primeros años de actor le regaló estabilidad gracias a los papeles de galán en las telenovelas de la época. Sin formación académica teatral, sus indiscutibles dotes interpretativas también le abrieron las puertas del teatro. El cine se le resistió algo más, pero cuando la crítica posó su mirada en su Ernesto Vidal de Perdido por perdido la bombita argentina ya era imparable. A la ópera prima de Alberti Lecchi le siguieron El faro de Eduardo Mignogna; El mismo amor la misma lluvia, de Juan José Campanella y la arrolladora Nueve reinas.

A las puertas del siglo XXI El hijo de la novia ya enganchaba un proyecto

A las puertas del siglo XXI El hijo de la novia ya enganchaba un proyecto tras otro, estableció en Madrid su segundo hogar y comenzó la cosecha de premios. Por sus manos han pasado cinco premios Cóndor, el Premio San Jorge, el Goya al Mejor Actor, el Premio Gaudí, el Feroz, el Forqué y así una lista interminable de galardones que el Festival de San Sebastián va a coronar con la entrega del Premio Donostia el próximo 26 de septiembre.

“Probablemente sea el premio más importante de mi vida. Para mí no es un premio, es un reconocimiento, no sólo por lo que significa, sino por de quiénes viene, en una ciudad que adoro y de una gente que me ha abrazado desde el primer día”, explica Darín.

Ricardo Darín obtuvo en 2015 la Concha de Plata a Mejor Actor en el Festival de Cine de San Sebastián por Truman (ex aecuo con Javier Cámara). Esta vez regresa a San Sebastián para recoger la estatuilla más preciada del festival, un reconocimiento que también recibirán Monica Bellucciy Agnès Varda.

Probablemente el Premio Donostia sea el más importante de mi vida»

“Todavía no me he puesto en serio. Cada noche, cuando me voy a dormir, tengo media hora de repasar posibles discursos de agradecimiento en mi cabeza y cada uno es más genial que el otro, pero luego a la mañana no me acuerdo de nada”, confiesa el protagonista de Kamchatka. “Voy a tener que sacarme la papela, algo que detesto porque cuando me toca el plano emocional, me pongo a llorar como una cocinera pelando cebolla y se me olvida agradecer a quien corresponde. Me voy a tomar el trabajo de ser lo más sincero posible en ese momento”, matiza.

Ricardo Darín

Ricardo Darín y Andrea Pietra, en un momento de ‘Escenas de matrimonio’.

A Darín le espera una temporada turbulenta. El 20 de septiembre se subió a las tablas de los Teatros del Canal para protagonizar Escena de la vida conyugal de Ingmar Berman, lo hizo acompañado por Andrea Pietra y dirigido por Norma Aleandro. Tras su fugaz viaje a San Sebastián, donde además de recoger el Premio Donostia, presentará  La cordillera, de Santiago Mitre, el incombustible Darín tiene previsto sumarse al rodaje de Todos saben, de Asghar Farhadi con Penélope Cruz y Javier Bardem. “Lo que me espera es un torbellino. Cuando asumí la idea de volver a los Teatros del Canal no imaginaba que el destino me iba a trastocar los planes. Estaré un tiempo haciendo teatro por la noche y rodando de día. Ya veremos cómo termino la temporada”, bromea.

Además de su presencia en Escenas de la vida conyugal, Darín tiene previsto sumarse al rodaje de Todos saben

Sostiene Darín que a estas alturas de la vida resulta muy cálido el hecho de que te reconozcan, te valoren, te abracen, te feliciten y te besen. “Lo que pasa es que la suma de estas cosas te coloca en un lugar incómodo: el consagrado. No sabes muy bien en que parte del camino estás; todo el mundo supone que si estás consagrado estás de vuelta. Y la verdad es que yo me siento permanentemente de ida. No sólo en mi vida personal, sino frente a cada trabajo. Por ejemplo, Escenas de la vida conyugal. La he hecho ya con tres actrices distintas: con Valeria Bertucelli, durante mucho tiempo, con Érica Rivas y ahora con Andrea Pietra. Puede parecer que reestrenar no es más que un trámite. Y no lo es. Ineludiblemente me coloco frente a un abismo cada día. Es un nuevo desafío. A pesar de ser una obra conocida, se ha movido el 50% de la pieza y todo eso te obliga a cambiar, por no hablar de que el público es distinto al igual que el teatro, el espacio donde vamos a trabajar. Todo esto te provoca mariposas en el estómago».

La obra de Bergman es compleja. Al igual que la película, narra la historia de un matrimonio a través del tiempo. “Bergman eligió momentos determinados de la historia de estos personajes, y los hace saltar al vacío. Pasa una escena a la otra prácticamente sin solución de continuidad; salvo en las dos primeras, que sí tienen una continuidad cronológica. En la tercera han pasado meses; en la cuarta, años y en las otras dos, más años aún. Es una obra que mueve muchos resortes. Nos sumerge en ciertas profundidades de las relaciones humanas que no son necesariamente agradables, que pueden ser muy ácidas”.

Actor por vocación, Darín sabe que puede prescindir del cine, pero no del teatro. “el trabajo en un rodaje surge parcelado, es difícil encontrar satisfacción real hasta que uno no ve el resultado. En una función no hay intermediarios.Se abre el telón, ahí estamos parados, en una reunión extraña.Y si la cosa funciona bien, todos saldremos reconfortados y modificados. Si eso no ocurre, será una decepción».