Fue capaz de ver belleza donde otros apenas la intuían. De crearla empleando recursos, materiales, técnicas y tecnologías cotidianas ideadas para otro fin. Lo hizo durante sus 94 años de vida, hasta su último suspiro. En su lecho de muerte su amigo Nicholas Fox Weber, hoy responsable de la fundación que lleva su nombre, prometió a Anni Albers que su legado artístico jamás se perdería. No lo hará. Ahora el Museo Guggenheim Bilbao inaugura una amplia exposición dedicada a esta autora alemana, nacida en el Berlín de 1899, y que tras convertirse en un referente del ‘arte textil’ (fiber art) tras dirigir el taller textil de la Bauhaus de Weimar, tuvo que huir de la Alemania nazi antes de que las tropas de Hitler cerrarán la institución artística más vanguardista del país.

Fue allí donde conoció a Josef, su marido, un pintor con el que trasladó a los Estados Unidos, donde trabajarían como profesores hasta convertirse en referentes de la Black Mountain Gallery de Carolina del Norte. Los dos compartieron su pasión por el arte precolombino, no se cansaron de recorrer Perú, Cuba y México, países que inspiraron muchos de los trabajos de Anni, aquella tejedora del taller de Bauhaus que vio en el arte de tejer mucho más que la fabricación de tapices, alfombras o telas.

Convirtió el telar en un ‘laboratorio’ de formas, trazos y figuras con las que transformar el arte en diseño y el diseño en arte para ser divulgado

Anni no era una mujer más. No quería serlo. Ya lo demostró de niña, cuando acudió a una escuela de pintura y osó pintar en negro pese a la reprimenda del profesor. Ella quería experimentar y el telar lo convirtió en un laboratorio de formas, trazos y figuras con las que transformar el arte en diseño y el diseño en arte capaz de ser divulgado gracias a la floreciente industria textil de su época.

Su mirada iba más allá y su actitud, tenaz y dinámica siempre le impulsó a experimentar por una paleta de materiales hasta entonces ignorados por las corrientes artísticas. Su primera gran inspiración nace del empleo de materiales textiles, de telas, algodones, linos y sedas para crear formas y nuevas perspectivas empleando como lienzo, y con la técnica de las tejedoras, tapices y alfombras. Durante toda su vida experimentó en el tratamiento de las tramas en los tejidos, en la búsqueda de motivos, nuevas formas y funciones a través de los tejidos.

El artista como diseñador

Anni concebía el arte como una forma de diseño, el artista como diseñador. “Fue una figura clave en la redefinición del artista como diseñador, entendía el arte y el diseño como dos caras de una misma moneda”, recordaba hoy el director del Museo Guggenheim Bilbao, Juan Ignacio Vidarte. La pinacoteca bilbaína inaugura mañana la exposición Anni Albers: tocar la vista, que permanecerá abierta hasta el 18 de enero próximo, en el que se conmemora el vigésimo aniversario de la inauguración del Guggehmeim.

Tras abandonar el trabajo en el telar, Albers realiza diversas colaboraciones con fabricantes industriales de telas, algunas de las cuales están presentes en la exposición. Se le recuerda por su capacidad para renovar y experimentar con el arte textil y por haber incorporado el lenguaje gráfico moderno a las prácticas tradicionales de las tejedoras. Recurriendo también a los grabados, en sus obras se perciben motivos de gran sutileza y complejidad.

A comienzos de los años 60 Albers dio un paso más en su experimentación y encontró en las técnicas de la impresión otro campo en el que crear. Técnicas como la serigrafía, las aguatintas, las litografías o las ediciones offset reemplazarían al tejido como material de trabajo en su obra. Todo ello concebido también como un diseño capaz de ser extendido a la gran producción para acercarlo al gran público.

En los años 60 Albers dio un paso más con las técnicas de la impresión como la serigrafía, las aguatintas, las litografías o las ediciones offset

“Ella pensaba en el arte como un lugar de paz, como algo capaz de abstraernos de la cotidianiedad”, aseguraba hoy Fox Weber. Su amigo y hoy responsable de la Fundación Josef y Anni Albers ha subrayado cómo ella fue una mujer inquieta dispuesta a experimentar nuevas formas de diseñar, de hacer arte empleando “todo tipo de tecnologías y maquinaria”.

En 2007 el Museo Reina Sofía de Madrid exhibió parte de la obra de Albers, pero la que desde mañana se podrá ver en el Guggenheim Bilbao es la muestra más extensa de su trabajo jamás vista en nuestro país. Recorre los 70 años de actividad creadora de la autora a lo largo de tres salas de la pinacoteca en las que se exhiben obras jamás expuestas y muchas de ellas procedentes de diversos museos de los Estados Unidos y de la Fundación Albers.