Nació negro y pasó por blanco toda su vida. George Herriman le hizo creer a todo el mundo que era de otra raza y lo hizo para poder vivir con normalidad. El grande del cómic del siglo XX, el tipo que consiguió ser considerado un intelectual dentro de un gremio al que tachaban de «arte menor», guardó su secretó hasta 30 años después de estar bajo tierra. Quizá por eso los personajes de su tira más conocida, Krazy Kat, se mostraban opuestos a lo que eran en realidad. El gato que amaba al ratón, el ratón que maltrataba al gato y el perro que protegía al primero. Un caos de cambios de identidad que mucho tenían que ver con su caos personal.

Su obra, publicada durante décadas en grandes medios de comunicación estadounidenses, llega ahora al Museo Reina Sofía de Madrid. Se trata de la primera vez que la institución abre sus puertas a lo que durante años no se consideró a la altura de ninguna muestra importante. «El cómic no tiene que subir a los museos, estos tienen que llegar al cómic», aseguraba el director del Reina en la rueda de prensa de está exposición que se inaugura el 18 de octubre y que permanecerá abierta hasta el próximo 26 de febrero.

Herriman nació en Luisiana pero su familia no tardó en hacer las maletas e irse a Los Angeles, una ciudad más agradable con su color de piel, con su mestizaje. Con 20 años se trasladó a Nueva York buscando oportunidades y las encontraría como ilustrador de New York American. Este trabajo le abrió las puertas de Los Angeles Times y Los Angeles Examiner.

La obra más divertida, fantástica y satisfactoria», según el gran Gilbert Selves

Sería en 1913 cuando, tras años publicando sus tiras en distintos medios, vería la luz su obra maestra. Krazy Kat apareció por primera vez en el New York Journal y nueve años más tarde el gran crítico Gilbert Selves aseguraría que era «la obra más divertida, fantástica y satisfactoria» que se estaba produciendo en aquel momento en Estados Unidos.  Se trataba de la primera vez que un cómic se considerada arte, aunque fuese en un grado menor.

Autorretrato de George Herriman junto a sus personajes.

Autorretrato de George Herriman junto a sus personajes.

«Se trata de un cómic complejo que contiene elementos y formas experimentales y en el que despliega un juego de tensiones discursivas y metafóricas tan enriquecedor para el arte como revelador de la sociedad en la que surgió», asegura Brian Walker, comisario junto a Rafael García de esta muestra.

En total 160 obras que abarcan casi todo el trabajo del estadounidense y que nos muestran la gran influencia que su creación artística tuvo  en artistas, intelectuales o escritores como Philip Guston, E. E. Cummings o T. S. Eliot. «Las peculiaridades del medio obligan a una economía narrativa que Herriman supo completar a través del uso de mezclar idiomas, insertar onomatopeyas o a elevar el elemento lingüístico», añade.

«Es la exposición más grande que se ha hecho de Harriman. Llevo 43 años haciendo exposiciones sobre el arte del cómic, pero la exposición del Reina Sofía es un gran salto adelante para el reconocimiento del arte de las tiras cómicas», ha dicho Walker, a lo que García ha añadido que «hoy es un día especial porque esta exposición borra esa frontera entre la alta y la baja cultura«.

Para los dos comisarios, Herriman nos dejó estas creaciones con las que podemos aprender sobre la humanidad y el sentido del humor. «En su tiempo fue conocido como un dibujante de dibujantes, para periodistas, poetas o escritores. Después de su muerte se ha convertido en un autor de culto para autores como Chris Ware», han añadido sobre el dibujante al que esperaban con ansia Stein o Picasso.