“El coleccionismo se ha convertido en un misterio inextricable. Ya no entiendo quiénes compran, por qué y qué les gusta. Hay demasiada niebla entre este mundo y yo”. Así valora el ceutí Jesús Zurita la venta del Salvator Mundi de Leonardo da Vinci por 382 millones de euros. “Lo único positivo es que ha aparecido una nueva pintura de Leonardo. Si es que es de Leonardo, porque muchos lo ponen en duda”, añade.

Aunque a la mayoría no le suene, Zurita (1974) es uno de los pintores e ilustradores mejor valorados del panorama español emergente. Sus obras han viajado de Berlín a México o Nueva York, han sido compradas por museos, bancos y fundaciones. Zurita está dispuesto a venderlas a un precio accesible a la mayoría de los bolsillos. Y no porque esté en fase de liquidación por cierre. Sino porque le gusta que una obra suya pueda estar colgada en el salón de una casa.


Vídeo: G. M. Piantadosi

Zurita y otros 15 jóvenes artistas son los protagonistas de la Feria Marte. No, Zurita y sus colegas no vienen de un universo paralelo, aunque podría parecerlo. “El nombre surgió por casualidad. Queríamos unir la palabra arte a la eme, que sabe a Mediterráneo, porque Castellón está al lado del mar. Luego nos dimos cuenta que nuestra propuesta efectivamente tenía algo de marciano”, dice a El Independiente Joan Feliu, codirector de Marte, la Feria de arte contemporáneo de Castellón. “Atreverse a hacer algo así,en Castellón donde prácticamente no hay mercado de arte es una idea marciana”, apunta Enrique Bocángelus, que acompaña a Feliu en las tareas de dirección de la feria.

Precios asequibles

Marte ha llegado este año a su segunda edición y espera siete mil visitantes. Las galerías invitadas son un un número selecto, 15, y proceden de toda España. Durante los tres días de feria se podrán ver obras de artistas consolidados como Santiago Talavera, Marcey Pey, Nuria Torres y Yolanda Domínguez, además de las ‘performances’ de Miss Beige. Normalizar el mercado del arte, este es el ambicioso objetivo de esta periférica capital de provincia española. Las guías turísticas describen Castellón como una ciudad fea. Tampoco la crónica periodística ha sido amable. Cuna del fabrismo, durante años desde su aeropuerto no despegó ni aterrizó algún avión. Ahora, en la plaza de la catedral cuelga una pancarta con el texto “Refugee welcome”.

“Cuando decimos que España no apoya el mercado del arte como otros países europeos, no queremos decir que falten grandes compradores. Falta gente normal y corriente que compre tres o cuatro obras de arte a lo largo de su vida cuando no tengas que cambiar las cortinas o pintar el salón. Este es el comprador que buscamos y que queremos fomentar”, explica Feliu.

Falta gente corriente que compre tres o cuatro obras de arte a lo largo de su vida

La horquilla de precios es realmente baja. Hay obras que cuestan entre 300 y 400 euros. El tope roza los 6.000 euros. Estas son las cantidades que se manejan entre las 15 galerías de Marte Curated, la selección de galerías que participan en esta feria comisariada, un punto intermedio entre una exposición y una feria comercial convencional. “Siempre nos ha gustado la vertiente más perturbadora del arte contemporáneo. Un arte que muevas las conciencia y haga replantearse las cosas”, dice Bocángelus. Es Marte social, la pata no comercial de esta feria, donde hay performances sobre del síndrome de down, de VIH o de la diferencia de género. Feliu subraya que en Marte hay una paridad de género real: el número de artistas mujeres es igual al de los hombres.

El artista estuvo aquí

El arte parece buscar una y otra vez el contexto, el cercano, incluso el compromiso. Quizá porque no le quedaba otro lugar después de la crisis. Por lo menos en Marte, en Castellón y quizá también en algún otro mundo posible. Efraín Ortega, el artista premiado por el jurado de Marte, presenta como obra un trozo de madera con la inscripción “el artista estuvo aquí”, testimonio, sobre un material degradable, de una civilización en riesgo de extinción.

Organizar una feria de arte en Castellón, donde prácticamente no hay mercado, es una idea ‘marciana’

¿Para qué sirve el arte en un mundo sobrepoblado de imágenes de librería y de instagramming? El coleccionismo es cosa de posesión. Es un mono, una adicción compulsiva. Todo lo que no está en un museo es susceptible de acabar colgando de las paredes de casas. A la mayoría de los coleccionistas de calado le interesa sobre todo el arte comprometido y político, como si fuera una forma de expiación o de testimonio. Los organizadores de Marte confiesan que por lo menos 20 coleccionistas españoles de calado se han comprometido a visitar la feria. El único indicio es un grupo de chinos que pasea sonriendo por los pasillos. Quizá Marte, el dios romano de la guerra, esté a punto de convertirse en el protector de quienes aman el arte pero no está dispuestos a gastarse millones para ser coleccionistas.