Todo empieza a ir mal cuando una familia de afroamericanos – los Meyers – llega al barrio. Suburbicon es una monótona, supuestamente idílica, urbanización para blancos de clase media en los Estados Unidos de finales de los años cincuenta. Sin embargo el tema del conflicto racial y de los derechos civiles es poco más que un barniz en la película que llega a las salas este viernes.

Suburbicon va de un hombre blanco y de bien, Gardner Lodge (Matt Damon), que se las apaña como puede para manejar su matrimonio con Rose (Julianne Moore) del que en secreto se arrepiente. Lo acompañan un hijo introvertido (Noah Jupe), su nuera Margaret (interpretada también por Moore) y un yerno católico que es un estorbo (Gary Basaraba). Los ingredientes para la comedia negra están servidos.

Más comedia que negra, Suburbicon es la segunda película dirigida por George Clooney con Matt Damon como protagonista después de Monument Man (2014). Una amistad que dura veinte años, pero que todavía no ha conseguido el aprobado de la crítica. Sin embargo Suburbicon se fluye rápida y consigue atrapar la atención del espectador. A veces con previsibles chorrazos de sangre, pero nunca aburrida.

Para Suburbicon, Clooney rescató un viejo guión de los 80 de los hermanos Coen, reescrito a cuatro manos con Grant Heslov. El resultado es una mezcla de historia americana sobre la narración original de los Coen, centrada en la figura criminal de Garden Lodge. Chillona pero nunca desagradable, cautiva el ojo la reconstrucción retro de los años 60 de la mano del director de la fotografía Robert Elswit.

La película no convenció al jurado del Festival de Venecia cuando se presentó a concurso el pasado septiembre. Los periódicos estadounidenses han criticado la superficial caracterización de la cuestión racial, rescatando la buena actuación del pequeño Noah Jupe y de Oscar Isaac, que interpreta los mejores momentos de Suburbicon.