Rosalía se ha alzado esta semana con el III Premio Ruido, otorgado por los periodistas musicales españoles y que distingue al mejor disco de 2017 tras un sistema de votaciones en dos rondas. Así es como los profesionales especializados han decidido que su álbum Los Ángeles -hecho junto al productor Raúl Fernández, Refree– merecía una mención especial por encima del resto.

Este galardón sirve como colofón a un año triunfal para la cantaora (Barcelona, 1993) en el que incluso llegó a estar nominada en los Grammy Latinos en la categoría de Mejor Nuevo Artista. Un reconocimiento que la ha colocado súbitamente en el centro de todas las miradas y que la mantiene rodeada de rutilantes expectativas.

De esta manera, sin grandes aspavientos pero recogiendo muchos jugosos frutos, se ha convertido la barcelonesa en referente de una nueva generación del flamenco (o algo parecido aún por definir y en inquietante evolución) que, en pleno siglo XXI, es abiertamente aceptada por el universo hipster y más premeditadamente moderno. Algo impensable hace no tanto tiempo, pero que ahora sencillamente está pasando.

Sin ánimo académico (que lo estudien los flamencólogos), en la escena flamenca conviven la tradición con la fusión en un género sin complejos y desarraigado étnica y geográficamente (no hace falta ser gitano y del sur) y, sobre todo, está muy feminizado. El flamenco está instalado en otra era. Y estos son algunos de sus protagonistas, con muchas armas de mujer.

Rosalía

Tiene 24 años pero lleva ya toda una década cantando, si bien ha sido en el último lustro cuando ha dado un salto cualitativo y cuantitativo, desconcertando a los puristas y atrapando a todos los demás que se cruzan en su camino. Actuando en el Primavera Sound con Rocío Márquez, colaborando con C. Tangana y deleitando en tablaos. Tradición e Instagram, sin barreras, sin etiquetas, con magnético descaro.

Niño de Elche

Francisco Contreras Molina (Elche, 1985) regresa este año con un disco -con participación también de Refree– cuyo título lo resume todo: Antología del cante flamenco heterodoxo. En esta entrega, el que fuera primer ganador del mencionado Premio Ruido en 2015 con Voces del extremo, vuelve a remover el género con saetas, fandangos, seguiriyas o tanguillos, que al pasar a través suya, se convierten en rompecabezas sonoros. Siempre resultó imposible encasillarle, pero su reciente unión con la banda de rock instrumental Toundra para formar Exquirla no hizo más que aumentar su poderío transgresor.

Soleá Morente

Tras comenzar su carrera juntándose con Los Planetas en el grupo Los Evangelistas, Soleá (Madrid, 1985) publicó en 2015 Tendrá que haber un camino, un disco de debut en el que se reafirmaba en su posición intermedia entre el pop-rock independiente y el flamenco clásico. Avalada por su condición dinástica, este año regresa con su segundo disco, cuyos singles de adelanto nos dejan vislumbrar influencias setenteras de funk y R&B. Aunque en realidad etiquetarla así es reducirla en demasía su amplia propuesta.

Alba Molina

Sin llegar a cumplir veinte años debutaba la hija de Lole y Manuel en 1997 apadrinada por Alejandro Sanz con un primer disco, Despasito, que llegó a despachar 50.000 copias. Muchos proyectos siguieron después, como el álbum con el cantaor Colele, el R&B aflamencado de su grupo Las Niñas, colaboraciones con Navajita Plateá en Noches de bohemia (2005) y Pereza (2006)… Diversidad de registros para esta sevillana nacida en 1978 que disfruta conjugando su alma flamenca con su vocación jazzística, y que en 2016 viajó hacia sus propias raíces con Alba canta a Lole y Manuel, un homenaje a sus padres hecho solo con voz y guitarra.

Rocío Márquez

Comenzó su andadura en la Peña Flamenca de Huelva con tan solo nueve años. En 2008 consiguió diversos reconocimientos en el Festival del Cante de Las Minas, entre ellos la Lámpara Minera. Este premio dio el aval de la facción más conservadora del flamenco a una Rocío Márquez (Huelva, 1985) que, sin embargo, se caracteriza por su osadía. Eso queda claro en Firmamento (2017), su más reciente álbum, en el que el flamenco convive con el jazz para reformular el folclore y conseguir que siga siendo popular. Que sea pop, en definitiva.

Antonio Lizana

Antonio Lizana (San Fernando, Cádiz, 1983) es versatilidad en estado puro, ya sea como cantaor o con su sempiterno saxofón. Representante destacado del jazz fusión y el flamenco, se adentró en la música recuperando viejos vinilos de los setenta que su padre tenía por casa y, aunque inicialmente quiso aprender a tocar la guitarra eléctrica, terminó con el saxo casi por casualidad. El resto es una historia de pasión, intuición, formación y liberación musical. Artistas como Jorge Pardo, Javier Ruibal o La Mari de Chambao figuran en la lista de ilustres admiradores su arte. Básicamente porque nunca se oyó cantar a un saxofonista ni tocar el saxo a un cantaor.

Silvia Pérez Cruz

Ganadora en 2013 de un Premio Goya por No te puedo encontrar, tema flamenco por bulerías de Chicuelo y Pablo Berger, Silvia Pérez Cruz (Palafrugell, Girona, 1983) se ha instalado ya como reconocida intérprete de diversos géneros de música popular. También abiertamente alérgica a los corsés de las etiquetas, durante su carrera se ha acercado también al jazz, a los boleros, la canción de autor o el fado, entre otros muchos géneros. Su disco Granada (2014) supuso su consagración definitiva y en 2017 ganó su segundo por Ai, ai, ai, de su disco Domus (2016) y que forma parte también de la película Cerca de tu casa, por la que también fue nominada como Mejor Actriz Revelación.

Celia Romero

Nacida en 1995 en Herrera del Duque (Badajoz), Celia Romero irrumpió con fuerza en 2011 cuando ganó la Lámpara Minera del Festival de Cante de Las Minas con tan solo 16 años. Con el empuje del prestigioso premio flamenco, lanzó en 2012 su primer disco, de título homónimo, con tangos extremeños, bulerías o soleás. Embajadora cultural de Extremadura aún con gran recorrido por delante, actúa por todo el mundo y muy recordada es su actuación de 2016 en el Teatro Romano de Mérida.

Lela Soto

Hija de Vicente Soto Sordera y Luisa Heredia, esta jerezana de 25 años es la heredera más joven de una de las dinastías flamencas más relevantes y que parece que tiene asegurada su continuidad, pues Lela ganó en 2017 el Concurso Talento Flamenco de Cante por Cantiñas en Cádiz. Cantaora tradicional, aporta al género su dimensión artística y contemporánea de la vida siendo sobrina, además, de artistas de la talla de José Mercé, José Soto, Sorderita; Enrique Soto y Ray Heredia.

Triana Heredia

La hija de Ray Heredia también es una figura emergente en este flamenco de claro empoderamiento femenino. En el reciente álbum de homenaje a su padre, Triana, de 27 años, comparte plantel con Vetusta Morla, Alejandro Sanz o Pablo López. No sorprende por ello que declare que se siente más cercana al pop que al flamenco puro, algo que ya su progenitor vislumbró en los primeros pasos de Ketama. Triana prepara ahora su primer disco, que incluirá temas inéditos escritos por su padre. Siempre abriendo horizontes.