Lana del Rey es una intrusa en el mundo del pop del siglo XXI. Una diva vintage que no pertenece a este tiempo fugaz en el que abundan las estridencias para llamar la atención y conseguir los quince segundos de fama pasajera. Y que no pertenece tampoco a esta época voraz en la que es infinito el apetito del consumo instantáneo de usar y tirar.

Con un glamour más propio de una princesa europea de mediados de la pasada centuria y con su aura etérea, Elizabeth Woolridge Grant -su verdadero nombre, Nueva York, 1985- ha dibujado un personaje que es más bien una ensoñación, un recuerdo siempre difuminado en la memoria. Un icono volátil siempre apetecible pero imposible de atrapar.

Porque, al menos en la zona más rutilante del firmamento pop, donde abunda el plástico y el cartón piedra, ella es una sutil rareza. Ajena al efectismo y los estribillos del pop bailable de sus contemporáneas, la neoyorkina engatusa tanto por su ensoñador dream-pop como por una imagen evocadora de portentoso poder seductor.

Al mismo tiempo, se fogueaba con grabaciones en las que buscaba su razón de ser artística con escaso éxito”

Antes de encontrarse a sí misma, eso sí, la joven Elizabeth titubeó, jugando al ensayo y error como cualquiera, adoptando nombres como May Jailer, Lizzy Grant, Lana Rey Del Mar, Sparkle Jump Rope Queen o incluso Lana Del Ray. Al mismo tiempo, se fogueaba con grabaciones en las que buscaba su razón de ser artística con escaso éxito. Llegó a lanzar un primer álbum homónimo que pasó desapercibido y que no la dejó en absoluto satisfecha.

Su suerte cambió en 2011, cuando cambió de discográfica y consiguió al fin un contrato solvente con Stranger Records, Interscope y Polydor. Con el viento aparentemente a favor, publicó en su canal de YouTube los vídeos de Video games y Blue jeans, que rápidamente se hicieron virales y se convirtieron en sus primeras composiciones con popularidad exponencialmente creciente. Este sí era su verdadero comienzo, dejando atrás el debut errático.

El clip de Video games, con sus imágenes caseras y cotidianas, fue una poderosa carta de presentación de Lana Del Rey en sociedad, pues ya desde ese primer contacto hay una clara intención en resultar sugerente y despertar la curiosidad del público con delicadeza, elegancia y porte cinematográfico de un pasado en el que el glamour no podía comprarse. ¿Quién demonios es esta chica? ¿De dónde ha salido? ¿Será familia de Grace Kelly?

Para cuando en enero de 2012 llegó su segundo disco y primero con una multinacional, Born to die, ya parecía que Lana Del Rey había estado siempre aquí. Y aunque su famosa actuación en el programa Saturday Night Live no salió tan bien como a ella le hubiera gustado, su debut llegó al número 1 en Reino Unido y al 2 en Estados Unidos.

Objetivo conseguido, con los más desconfiados entreviendo que todo en ella era una calculada estrategia de mercadeo. Ella, a lo suyo, encadenando singles de éxito como Summertime sadness o National Anthem y colocando Born to die como el quinto álbum más vendido de aquel año con 3,4 millones de copias despachadas.

El público había caído rendido ante Lana Del Rey y veía en ella más un personaje cinematográfico del Hollywood dorado de los cincuenta y sesenta que una frívola estrella de pop del siglo XXI. Por eso no sorprendió que escribiera Young & Beautiful, la inquietante y oscura canción principal de la película El Gran Gatsby (2013) de Baz Luhrmann -después le cogió el gusto a las bandas sonoras-.

Young & Beautiful se convirtió rápidamente en uno de sus temas más exitosos al contener todos los ingredientes de su propuesta: Una balada intensa en la que profundiza en su estilo trágico, romántico y melancólico. “¿Seguirás queriéndome cuando no sea joven y bonita?”, se pregunta.

Lana Del Rey ha reconocido diversas influencias literarias para componer sus canciones. Entre ellas, clásicos anglosajones como Anthony Burgess y su novela La naranja mecánica, Allen Ginsberg y su obra Howl (Aullido) y Vladimir Nabokov y su Lolita.

Fan de Kurt Cobain y Guns n’ Roses -tiene una canción llamada como el grupo de Axl Rose, con quien se la relacionó-, también ha declarado Lana su pasión por el cine de David Lynch. Además, ha expresado admiración por figuras simbólicas de la cultura contemporánea de Estados Unidos como Elvis Presley, Audrey Hepburn, Jim Morrison, Marilyn Monroe y John F. Kennedy. Así de altas son sus miras.

Lanzó en 2014 su segundo disco, Ultraviolence, para el que trabajó con Dan Auerbach de The Black Keys”

Sin duda aspirando a ser relevo para toda una nueva generación de estos grandes nombres, Lana Del Rey lanzó en 2014 su segundo disco, Ultraviolence, para el que trabajó con Dan Auerbach de The Black Keys. El primer anticipo fue el single West Coast, con un videoclip filmado en blanco y negro en una playa californiana con una ambientación sugerente y de nuevo con un cuidado y premeditado punto amateur. El número 1 en Estados Unidos, Reino Unido y otro buen puñado de países era ya inevitable. Y así fue.

Sin dejar de actuar por el mundo, Lana Del Rey ha matenido un ritmo elevado de trabajo, entregando otros dos álbumes en 2015 (Honeymoon, número 2 en EEUU y 1 en UK) y 2017 (Lust for life, de nuevo 1 en EEUU y UK). Perfeccionando su propuesta musical abriéndose a otros estilos como el trip-hop e incluso un poquito de rap, así como dibujando con trazos más finos su propia imagen en videoclips como High by the beach (2015), en el que contra todo pronóstico termina destruyendo un helicóptero disparándolo con una tremenda ametralladora (¿o es algún tipo de bazuca?) en plan inesperada heroína guerrillera.

“Miraos niños, con vuestra música vintage, topándoos con satélites mientras trasnocháis. Sois parte del pasado, pero ahora sois el futuro. Las señales que se cruzan pueden volverse confusas”, canta la neoyorkina con su atmosférica voz en Love, su más reciente single, perteneciente a su último disco, Lust for life. En el que aún recita estos versos: “Me preparo, me visto de manera elegante, para ir a ningún sitio en particular. No importa si no soy suficiente para el futuro o las cosas que están por venir. Porque soy joven y estoy enamorada”.


Apropiarse del pasado pero al mismo tiempo ser representación del presente y un futuro sin fecha. Porque mientras Lana Del Rey encabeza las listas de éxitos y llena grandes recintos en 2018, en absoluto desentonaría en la icónica portada del Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967) de los Beatles, aquella plagada de rostros populares de la década de los sesenta del siglo XX.

Podría ser que, si lo revisáramos ahora, encontráramos a Lana al lado de Johnny Weissmuller y no nos hubiéramos dado cuenta hasta este preciso momento. Y lo mejor de todo es que no nos sorprendería descubrirlo en pleno 2018, aunque siempre hubiera estado ahí. Ese es el perfecto truco de trilera de Lana Del Rey. ¡Tachán!

Lana Del Rey actúa este 19 de abril en el Palau Sant Jordi de Barcelona y el 20 de abril en el Palacio Vistalegre de Madrid.