En la anteiglesia de Barinaga, en el pequeño municipio vizcaíno de Markina, entre ganado, pienso y montes comenzó a fraguarse la revolución económica más internacional jamás surgida en Euskadi. Lo hizo allá por 1915, cuando la guerra civil ni se intuía, la posguerra ni se imaginaba y el capitalismo salvaje estaba aún por envalentonarse. Allí nació, en la austeridad del caserío Barinaga, el hijo de Tomasa Madariaga y José Luis Arizmendiarrieta, el mayor de sus cuatro hijos al que llamaron José María. Fue el que perpetuaría el apellido paterno a 50 kilómetros de allí, en la vecina Guipúzcoa, en la localidad de Mondragón que terminaría por transformar para siempre como uno de los núcleos empresariales más importantes de nuestro país. Fue José María Arizmendiarrieta quien impulsó la creación de la que sería años después la mayor corporación cooperativa del mundo.

Como muchos de los varones primogénitos de aquella Euskadi rural, el pequeño José Mari ingresó en el seminario con apenas 12 años en busca de su vocación religiosa. La encontró pero compaginándola con la de periodista asiduo en revistas nacionalistas y con la de ‘empresario social’. Hombre de carácter y constancia, con capacidad de liderazgo e iniciativa, se propuso hacer con su sacerdocio algo más que una oportunidad para hablar desde los púlpitos.

En aquellos años de posguerra que le tocó ejercer Arizmendiarrieta quiso transformar la sociedad aplicando el magisterio de la Iglesia que había aprendido en el seminario; evangelizar transformando la economía y a través de ella la sociedad. Lo hizo primero abriendo la educación a todos los jóvenes mediante un pequeño taller que más tarde se convertiría en el germen de Fagor electrodomésticos y poco después de MCC, un grupo que hoy da trabajo a 70.000 personas en 268 empresas a lo largo de 150 países con el modelo cooperativo como motor y fórmula de justicia social.

La película repasa la vida del cura vizcaíno que hizo del cooperativismo un modelo de transformación social alternativo al capitalismo

Su historia ha saltado ahora al cine a través de un documental titulado Arizmendiarrieta, el hombre cooperativo, obra de Gaizka Urresti y que se estrenará en primer lugar en el municipio donde comenzó todo, Mondragón, el próximo 4 de mayo. Fue allí donde poco después de ordenarse sacerdote, en 1941, fue destinado y de donde no saldría. Apenas tardó dos años en ser consciente de que la difícil posguerra y la crisis económica requería una respuesta distinta para los jóvenes del municipio.

 

Ideas que sean obras

Arizmendiarrieta acostumbraba recordar que si “las ideas no se transforman en obras no sirven para nada”. También que “las necesidades unen”. El tenía una idea y muchas necesidades para cubrir. Ganada la desconfianza inicial en el pueblo, por su discurso y modos, aquel sacerdote que sorprendía por su deseo de  crear empresas y riqueza comenzó por crear una escuela politécnica. Hoy ese centro se ha convertido en la Universidad de Mondragón.

Es en aquella sencilla escuela, en la que desarrollo su modelo cooperativo como alternativa a las empresas tradicionales, obsesionadas por el enriquecimiento y la facturación para enriquecimiento de sus propietarios a costa del trabajo de los trabajadores. Arizmendiarrieta defendía el cooperativismo como un modelo “natural” de hacer las cosas, de situar a las personas “en el centro de las empresas y no a la economía”. Los trabajadores no eran meros subordinados sino que deberían ser dueños y responsables de la empresa, participar de modo igualitario en la toma de decisiones y en el devenir de la misma.

“Fue un visionario. Impulsó la educación para todos e innovó con la investigación y el desarrollo, así como en dar participación a los trabajadores en la gestión y la propiedad de una empresa”, asegura el director de la película. Una visión novedosa a comienzos de los años 50 que se basaba en intentar transformar la sociedad con “el trabajo y la cooperación como ejes”.

Fue un visionario que impulsó la educación, innovo con la investigación y en dar la gestión y propiedad de una empresa a sus trabajadores”

Junto a cinco socios aquel cura de gafas que había perdido la visión de un ojo, constituyeron en 1959 en el barrio de San Andrés de Mondragón, la primera cooperativa del grupo, que se llamó ULGOR, con la inicial de cada uno de sus creadores. Acababa de nacer el germen de Fagor y de Mondragón Corporación Cooperativa (MCC). Después llegaría la creación de su propio banco para financiar a la corporación, Caja Laboral, o de otras cooperativas emblemáticas como Eroski, Lagun Aro, etc.

Crítico con el consumismo sin alma, Arizmendiarrieta no compartía que en una empresa unos vivieran a costa de otros. El cooperativismo comenzó a extenderse como fórmula de éxito al mismo ritmo que la corporacion que él había inspirado se extendía. “Él aplicaba su visión del desarrollo del hombre según la visión dela Iglesia. Desarrollo económico junto a desarrollo social”, señala el director del documental. Su modelo buscaba el equilibrio entre la economía, la competitividad y los valores humanistas que defendía la Iglesia a la que pertenecía.

El objetivo de ‘Arizmendiarrieta. El hombre cooperativo’ es difundir su figura y su historia, “que no es muy conocida ni siquiera entre muchos cooperativistas”, señala Urresti y cuya vida “ejemplar” confía en que pueda llegar a toda España. Asegura que mientras el cooperativismo sigue siendo una fórmula con vigencia y reconocida en todo el mundo, su impulsor sigue siendo un perfecto desconocido en muchos ámbitos.

A través de 40 entrevistas, Urresti nos acerca su figura, tanto desde el punto de vista espiritual como empresarial y social. En la cinta “que no es una historia de la Iglesia”, puntualiza, se puede escuchar los testimonios de algunos de los que fueron considerados sus “apóstoles” como impulsores de la primera cooperativa, de la que surgiría poco después Fagor.

La película repasa la vida del cura vizcaíno que hizo del cooperativismo un modelo de transformación social alternativo al capitalismo.

“Con él Fagor no hubiera caído”

Es el caso de José María Ormaetxea, uno de los fundadores del movimiento cooperativo de Mondragón y primer presidente de Caja Laboral. Asegura que José María Arizmendiarrieta era una persona “que atraía con su mensaje, alto, erguido, muy simpático, muy acogedor, íbamos a donde él dijera”, recuerda. Una capacidad de liderazgo que se destaca en la película y que según Ormaetxea hoy hubiese sido necesaria para evitar situaciones delicadas en el movimiento cooperativo como la crisis de Fagor, “Si don José María hubiese estado no habría caído”, afirma.

Otro de sus “apostoles”, Alfonso Gorroñogoitia recuerda que Arizmendiarrieta tenía dos virtudes esenciales: “sentido común y un nivel de exigencia moral alto” y que en el “dilema entre lo individual y lo comunitario siempre tenía la certeza de que debía prevalecer lo comunitario”.

Arizmendiarrieta creó con sus cinco ‘apóstoles’ Ulgor, el germen de Fagor y de lo que luego sería MCC

El actual decano de la Deusto Bussines School, Guillermo Dorronsoro defiende la vigencia del mensaje del impulsor del cooperativismo. Subraya que el capitalismo ha funcionado bien durante un periodo pero ahora no es capaz de crear riqueza al mismo tiempo y la distribuye de modo irregular: “Hay que cambiar el modelo y es importante que doctrinas y pensamientos inspirados por la justicia vayan poco a poco calando para entender otro modo la empresa y la economía”.

La figura de Arizmendiarrieta está hoy inmersa en un proceso de canonización.

La figura de Arizmendiarrieta está hoy inmersa en un proceso de canonización.

La película, de 97 minutos de duración, cuenta con la colaboración del trikitilari Kepa Junkera, quien ha realizado la banda sonora de ‘Arizmendiarrioeta. El hombre cooperativo”. El director de la película asegura que no se han evitado los temas más delicados, como la crisis de Fagor, presente en la película como elemento de reflexión sobre el futuro del modelo cooperativista. Tampoco la idea extendida en algunos ámbitos de vincular al movimiento MCC con el entorno de la violencia. “Era un personaje y una historia con muchas aristas. Algunos lo veían como un ‘cura rojo’, otros como un ‘cura vendido”.

Urresti reconoce que aún existen “prejuicios” hacia lo que representa MCC, tantos que la propia Televisión Española se negó a apoyar el proyecto aduciendo este tipo de “prejuicios ideológios”, asegura el director. Finalmente, incluso el Ministerio de Cultura ha respaldado la cinta, que también cuenta con el apoyo del Gobierno vasco y ETB y que será estrenada en Mondragón con presencia de las principales instituciones vascas y del ámbito empresarial de Euskadi.

Fallecido en 1976, la figura de Arizmendiarrieta también está siendo motivo de análisis en profundidad e investigación en el ámbito eclesiástico. Aquel niño que con 12 años accedió al seminario y terminó por transformar la sociedad en la que ejerció su labor pastoral-empresarial está hoy inmerso en un proceso de canonización que en su fase inicial ya ha proclamado al fundador de la mayor corporación cooperativa del mundo ‘hombre venerable’.