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Fabiano Caruana, a la izquierda, en una de las partidas del Mundial frente a Magnus Carlsen. EFE

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El hombre que se inventó al nuevo Bobby Fischer

Bobby Fischer eso uno de los pocos personajes de la historia cuya vida real está pareja con la leyenda que le rodea. Paranoico, genio, solitario, desequilibrado… se la llamaron muchas cosas en vida, durante su breve reinado del mundo del ajedrez, y se le han llamado muchas cosas tras su fallecimiento por un fallo renal, dicen, en el año 2008 en la Reikiavik que le convirtió en un mito.

El duelo con el soviético Boris Spassky en el Campeonato del Mundo del año 1972 en la capital islandesa lo tuvo todo. En plena Guerra Fría un estadounidense nacido en Chicago se plantó delante de todo el imperio ajedrecístico soviético para destronar al campeón de un continente, porque la URSS lo era, donde el ajedrez era el deporte nacional y una cuestión de estado.

La historia es de sobra conocida: Fischer ganó por cuatro puntos a un Spassky que nunca se recuperó de la derrota. Todavía hoy, a sus 81 años, su nombre está muy por detrás de sus compatriotas Karpov, Kasparov o Korchnoi en cuanto a reconocimiento. El campeón, a sus 29 años, desapareció de la vida pública, renunciando a la defensa de su título, hasta que fue detenido en Pasadena, California, en el año 1981, cuando le confundieron con una atracador de bancos.

Tras problemas legales con su país natal, incluida una larga detención al intentar entrar en Japón cuando Estados Unidos le había suspendido el pasaporte, Islandia le concedió la residencia y fue allí donde murió hace ahora una década, a los 64 años.

El heredero, medio siglo después

Han pasado ya 46 otoños desde que Fischer destrozara a Spassky, y a toda la infraestructura soviética, en la película de espías, con la CIA y el KGB jugando su propio torneo paralelo, en la que se convirtió el Mundial de 1972.

Desde entonces, y ya hace casi medio siglo, Estados Unidos no ha tenido un campeón del mundo de ajedrez, una sequía para la que se ha encontrado una espita que ha canalizado el talento, la inversión y las ganas de hacerse con el trono del país más poderoso del mundo: Fabiano Caruana.

A sus 26 años, Caruana no puede ser más diferente que Fischer pero, por mucho que haya intentado evitarlo, le ha caído la etiqueta de heredero del malogrado genio de Chicago. Nacido en Miami, pero criado en Brooklyn y educado en España, Caruana se convirtió en Gran Maestro a unos días de cumplir los 15 años.

En la vida deportiva de Caruana hay dos figuras que han tenido un peso especial. El hombre que lo crió, ajedrecísticamente hablando, fue Boris Zlotnik, un ruso afincado en Madrid que estudió en la misma escuela soviética que dio forma a Karpov y Kasparov. Cuando sólo tenía 12 años, Caruana llegó a Madrid con su familia para continuar su formación y, tras tres años en manos de Zlotnik, obtuvo el vitalicio título de Gran Maestro.

Si el soviético le enseñó el arte de los escaques, fue un compatriota suyo el que le dio todas las armas que necesitaba fuera del tablero para competir por el título mundial. Rex Sinquefield es un experto en finanzas que, a sus 74 años, ha decidido que no quiere morirse sin recuperar el trono del ajedrez para su país. Y su sueño no anda lejos.

El mecenas

Sinquefield es una suerte de mecenas del ajedrez estadounidense, toda una comunidad que ahora se ha personificado en el bueno de Caruana. Nacido en San Luis, Sinquefield hizo su fortuna como pionero en la gestión de fondos conocidos como ETF, que se dedican a replicar el comportamiento de un índice en concreto creando una cartera en la que cada valor tiene el mismo peso específico que dentro de ese índice.

Con la vida resuelta gracias a su buen hacer en los mercados, y tras haber servido en la inteligencia estadounidense durante la Guerra de Vietnam, Sinquefield se retiró a su ciudad natal y comenzó su tarea filantrópica. En la última década ha invertido, sólo en el club de ajedrez de San Luis, la friolera de 50 millones de dólares, casi 45 millones de euros, para convertirlo en referencia en el mundo.

Cuando una persona hace tanto por el ajedrez de una ciudad, ¿cómo se le demuestra el agradecimiento? Creando un torneo con su nombre. Así, la Sinquefield Cup es uno de los grandes torneos del calendario, y se celebra por invitación desde el año 2013.

Un año después de su inicio, en 2014, un jovencísimo Fabiano Caruana se plantó en San Luis y destrozó a todos sus rivales, incluido el noruego Magnus Carlsen, que a sus 23 años ya tenía en el bolsillo el título de campeón del mundo. Sinquefield lo vio claro desde el principio: era su hombre.

La relación entre ambos comenzó a ser muy estrecha, tanto que el jugador estadounidense se mudó hasta San Luis y estableció allí su hogar. Con la ayuda financiera de Sinquefield ambos comenzaron a preparar el asalto a un título que exigía antes superar un escollo muy importante: el Torneo de Candidatos. Celebrado en Berlín en marzo de este año, Caruana debía vencer al todavía subcampeón del mundo, Serguei Karjakin, y a nombres importantes como Levon Aronian o Shakhriyar Mamedyarov, números cinco y dos del mundo.

El dominio de Caruana no tuvo mucha discusión y ganó cinco de las 14 partidas que disputó, suficiente para anotarse nueve puntos y alzarse como el nombre llamado a desafiar al todopoderoso Magnus Carlsen en la serie por el título mundial que se celebraría en Londres.

La pelea contra Carlsen

Precisamente ese Campeonato del Mundo se está celebrando estos días en la capital británica, con Carlsen y Caruana en una pelea muy igualada en la que el europeo no está sabiendo cómo atacar las duras defensas de su rival.

Ambos representan las dos vertientes del ajedrez. El noruego es un digno heredero de Kasparov, que fue su entrenador durante el año 2009, con sus ataques en tromba y su gusto por salirse del guión para romper la preparación del rival. Por su parte, Caruana es el ajedrez más teórico, un auténtico manual andante de aperturas con una preparación durísima que, además, ha llevado a cabo en España entre baños en el Mediterráneo y sesiones de yoga.

De momento, ninguno ha conseguido imponerse y tras 10 partidas el marcador está empatado a cinco puntos, si bien algo cambió en la décima partida. Ambos se lanzaron al ataque y abandonar la cautela que había sido la tónica habitual, llegando a poner en boca de algunos analistas la palabra “aburridos” cuando describían como estaban siendo los choques.

El duelo se reanudará este sábado con la undécima partida, con Carlsen jugando las blancas, en The College, edificio de Holborn, en Londres, en el que se está celebrando el Mundial y que ha dejado de ser una escuela de arte y diseño, de la que salió por ejemplo la diseñadora Stella McCartney, para acoger las partidas.

En caso de que continúen las tablas el título se decidirá en las partidas rápidas que empezarán tras el duodécimo choque. Y ahí, la preparación de Caruana pierde importancia porque, a con menos tiempo, es muy difícil contener el genio de Carlsen. Por lo tanto, al estadounidense le quedan dos duelos para ponerlo todo a su favor. Seguramente este sábado, con las negras, no le quede mucho más que buscar las tablas y, con la ventaja de las piezas, intentar llevarse el título sobre la bocina.

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