Carteles de las películas '39 escalones', 'Vértigo' y 'Psicosis', dirigidas por Alfred Hitchcock. C.V.

Cine | Tendencias 40º ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE ALFRED HITCHCOCK

De 'Psicosis' a 'Rebeca': las ocho mejores películas de la filmografía de Hitchcock

Desde sus primeras películas mudas en la década de los veinte hasta su última creación, 'La trama' (1976), el director no dejó de experimentar con la imagen y el sonido para asustar al público

Alfred Hitchcock (1899-1980) será recordado en la Historia del Cine con mayúsculas por haberse convertido gracias a su extensa filmografía en el genio del suspense. Desde sus primeras películas mudas en la década de los veinte, entre las que se encuentra La muchacha de Londres (1929) -primera película británica completamente sonora-, hasta su última creación, La trama, estrenada en 1976, el director no dejó de brillar.

Hitchcock filmó en 1922 Number 13 (conocida también como Mrs. Peabody) una cinta que nunca llegó a terminarse ni a estrenarse comercialmente. De hecho, ni siquiera se conserva la copia de la ópera prima del regidor británico y se cree que el material de este filme se perdió o fue destruido por los productores.

Hitch (como era conocido en su entorno) le concedió a la técnica el papel protagonista, al darle a las imágenes, el sonido y los ruidos una total preponderancia sobre los diálogos. El británico estableció una estrecha relación de complicidad con los espectadores, que conocían antes que los propios protagonistas la personalidad y las intenciones del resto de personajes.

El cineasta es conocido también por sus cameos: en casi 40 de sus 53 películas hizo una aparición fugaz. Una de sus reglas era presentarse en los primeros minutos de la obra para evitar que el público se distrajera de la trama buscándole.

39 escalones (1935)

Es la principal película de la etapa británica de Hitchcock. Un thriller perfecto: un protagonista inteligente y una protagonista poliédrica, un asesinato temprano que enciende la trama, un ritmo frenético y las continuas casualidades.

39 escalones muestra de la forma más evidente el humor británico del director. Richard Hannay (Robert Donat) se topa sin saber cómo ni por qué con una acusación de asesinato. Entre huidas y cigarrillos, Hannay termina esposado a una hermosa rubia (un rasgo común entre las protagonistas de las cintas de Hitchcock), interpretada por Madeleine Carroll, a quien debe convencer de que es inocente.

A diferencia de las películas de su era estadounidense, en 39 escalones utiliza el silencio en lugar de la música para generar tensión en el espectador. No obstante, esa intranquilidad nunca llega a ser tan intensa como en Psicosis o Los Pájaros.

Rebeca (1940)

«Anoche soñé que volvía a Manderley». De esta forma comienza Rebeca, la primera película de Hitchcock al llegar a Estados Unidos. Durante la primera media hora, el directo británico plantea una bonita historia de amor entre una joven inocente (Jean Fontaine) y el atormentado Maxim de Winter (Laurence Olivier) que desconcierta al espectador y le aleja del suspense que venía trabajando Hitchcock en sus cintas rodadas en Reino Unido.

La segunda mujer de De Winter vive un continuo ataque psicológico al llegar a la finca inglesa de Manderley, donde se ve a la sombra de Rebeca, la perfecta primera esposa de Maxim que falleció al parecer en un trágico accidente en el mar. Es en la gran mansión de Cornualles donde la historia da un giro de 180 grados y toma un cariz tenebroso. La ahora esposa de De Winter conoce a una sirvienta, la Señora Danvers (Judith Anderson), que trata de hacerle la vida imposible convocando en todo momento al fantasma de Rebeca.

Anoche soñé que volvía a Manderley»

Señora De Winter

La admiración de la Señora Danvers por Rebeca ha hecho que se le atribuya una relación lésbica con la anterior mujer de De Winter. Es esa pasión imposible por la protagonista invisible es la que lleva al ama de llaves a terminar su historia de amor con la quema de Manderley y su propio suicidio.

Rebeca fue una de las tres películas de Hitchcock adaptadas de libros de Daphne du Maurier, además de Jamaica Inn (1939) y Los Pájaros (1963), que sembraron el disgusto de la escritora por las libertades que se había tomado el director británico a la hora de reescribir el guión.

La soga (1948)

La soga fue sin duda uno de los mayores experimentos cinematográficos del director. Alfred Hitchcock grabó esta película en un plano secuencia que se movía por el salón en el que transcurre la trama, pese a la imposibilidad tecnológica de la época de grabar más de 10 minutos seguidos.

Sin embargo, la importancia de este filme no reside únicamente en la experimentación visual, sino también en su importancia filosófica. Hitchcock traslada a la pieza cinematográfica la teoría filosófica de Friedrich Nietzsche del superhombre. Y después de exponerla e incidir en ella, la destroza.

Dos jóvenes aspirantes a superhombres, Brandon (John Dall) y Phillip (Farley Grange), estrangulan a su amigo David (Dick Hogan) con el único objetivo de demostrar que son capaces de cometer el crimen perfecto. Esconden su cuerpo en un arcón que servirá de mesa durante una cena a la que asisten la novia de David, un viejo novio de ésta y Rupert (James Setewart), antiguo profesor, que ha ejercido una notable influencia sobre los asesinos por sus teorías sobre la condición humana.

Ahora sé que todos somos personas individuales, simples seres humanos, con derecho a vivir, a pensar y a trabajar con plena libertad»

Rupert Cadell

Rupert, que había llevado sus ideas al límite, comprueba entonces que sus discípulos habían convertido la teoría en práctica al asesinar a David. «¿Recuerda cuando dijimos que la vida de los seres inferiores carecía de importancia? (…) Que los conceptos morales del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, no son válidos para los seres intelectualmente superiores? (…) Convertimos en realidad lo que usted y yo teorizábamos», trata de explicar Brandon.

«Brandon, hasta este mismo instante, este mundo y las personas que lo habitan siempre me habían resultado oscuros e incomprensibles. He intentado abrirme camino ejercitando mi lógica y superior intelecto. Acabas de arrojarme a la cara mis propios argumentos, Brandon, y tenías derecho a hacerlo. Un hombre debe mantener lo que expresa», responde Rupert, el superhombre caído.

El profesor pasa a ser en ese momento la encarnación del fracaso de las ideologías totalitaristas: «Desde un principio ha existido un sentimiento criminal dentro de ti que te ha hecho cometer un acto así. Sin embargo, dentro de mí hay algo superior que nunca me lo hubiese permitido. (…) Esta noche, me has hecho avergonzar de cuantos conceptos he sostenido en mi vida sobre seres superiores e inferiores. (…) Ahora sé que todos somos personas individuales, simples seres humanos, con derecho a vivir, a pensar y a trabajar con plena libertad».

La ventana indiscreta (1954)

«La ventana indiscreta no es una película sobre la ciudad [Nueva York], sino, sencillamente, una película sobre el cine, y yo conozco el cine», le dijo François Truffaut, que convirtió a Hitchcock en la personificación del séptimo arte, a un crítico estadounidense.

Los espectadores, como el lesionado Jeff (James Stewart), pasan a ser voyeurs del pequeño vecindario. Conocen al compositor fracasado, a la soltera que busca un marido, a la pareja de recién casados, a la preciosa bailarina y a los Thorwald, un desdichado matrimonio que no para de discutir.

En esta cinta, basada en una historia corta de Cornell Woolrich y en dos asesinatos reales en 1910 y 1924, Hitchcock jugó con el punto de vista y con la imaginación convertida en pericia policial de Jeff, que descubre que su vecino de enfrente, Lars Thorwald, había asesinado a su esposa, Anna.

Para esta película, muy oportuna para este periodo de confinamiento, Hitchcock eligió como protagonistas a dos de sus actores fetiche: James Stewart y Grace Kelly. Stewart trabajó para el cineasta en La soga, El hombre que sabía demasiado y Vértigo, mientras que Kelly protagonizó Crimen Perfecto y Atrapa a un ladrón.

Vértigo (1958)

El detective John Scottie Ferguson (James Stewart) vive un traumático episodio, después de que uno de sus compañeros se desplomase desde el tejado a la calle cuando ambos perseguían a un delincuente. En ese momento, los médicos detectan que John padece acrofobia (temor a las alturas), por lo que debe abandonar el Cuerpo de Policía.

Su antiguo amigo Gavin Elster (Tom Helmore) le pide que siga a su esposa Madeleine (Kim Novak), que está obsesionada con su antepasada Carlotta Valdés. La protagonista padece una fuerte propensión a la melancolía y al suicidio, y es en un intento por quitarse la vida cuando coinciden John y ella. El personaje de Stewart salva al de Novak.

Cuando Madeleine aparece ante la casa de John para agradecerle que le salvase, comienza una historia de amor y muerte entre ellos. «Aquí hay un aspecto que llamaría sexo psicológico, y es la voluntad que anima al hombre para recrear una imagen sexual imposible», indicó el director.

Hay un aspecto que llamaría sexo psicológico, y es la voluntad que anima al hombre para recrear una imagen sexual imposible»

Alfred Hitchcock

En la novela De entre los muertos, en la que se basa la película, el protagonista es impotente sexual y, en la adaptación cinematográfica, Hitchcock se divierte salpicando al espectador con alusiones a la sexualidad de John.

Cuando Madeleine muere, aparece en la trama Judy Barton (también interpretada por Kim Novak) que en la segunda parte de la película se enamora del ex policía y se convierte en Madeleine para conquistarle.

Con la muerte en los talones (1959)

El thriller preferido del propio Hitchcock sitúa a un hombre corriente en una situación extraordinaria, uno de los rasgos más repetidos de sus tramas. Roger Thornhill (Cary Grant) es un publicista al que unos espías confunden con un agente de la CIA llamado George Kaplan.

El director refleja en esta historia su mayor miedo: «La policía me infunde un verdadero terror», afirmó Hitchcock en una entrevista. Cuando era niño, su padre le hizo estar unos minutos en una celda sólo para que sintiese cómo era estar encerrado.

La elección de un maduro Cary Grant -tenía 55 años- no convencía a la Metro-Goldwyn-Mayer, que quería que fuese Gregory Peck quien protagonizase la cinta. Sin embargo, Grant, otro de los actores fetiche del británico, deslumbró con su interpretación más icónica, en parte debida a la confusión que Hitchcock le provocó al sorprenderle con cada escena, ya que el actor no supo todo lo que le pasaba a su personaje hasta que la película se proyectó en las salas.

La famosa secuencia en la un avión persigue a Cary Grant volando a ras de suelo se reduce a siete segundos llenos de tensión. La escena fue grabada con una aeronave real que se acerca peligrosamente a Thornhill, aunque el momento en el que se estrella contra el camión de gasolina fue realizado con maquetas.

Psicosis (1960)

En la cima de su carrera, Hitchcock decidió rodar una película de poco presupuesto: en blanco y negro, con actores que generaban menos dinero en taquilla, rodada en 41 días y con un coste total de 800.000 dólares. Pero, gracias en parte al icónico asesinato en la ducha, Psicosis sigue considerándose 60 años después de su estreno como una de las grandes cintas de terror de la Historia.

Marion Crane (Janet Leigh) y su amante Sam Loomis (John Gavin) desean casarse, pero su frágil situación económica supone un gran obstáculo. Marion roba a su jefe 40.000 y huye de la ciudad en coche. En la carretera, una intensa lluvia le obliga a interrumpir su viaje y para en un motel, regentado por Norman Bates (Anthony Perkins), para descansar.

En el ecuador del filme, Marion es asesinada en la ducha. La locura de Norman queda de manifiesto en su actitud tras el crimen: primero se horroriza, para luego proceder a limpiar meticulosamente la escena.

La firma del director se refleja en su juego con los planos -destaca el fotograma de la muerte del detective, grabada con el actor sentado en una silla y con la cámara situada por encima de él- y en el uso de la música como hilo conductor de la trama.

Audrey Hepburn declinó participar en esta obra después de leer una escena una escena de violación que debió parecerle demasiado escabrosa. Psicosis fue una de las películas más rentables de la carrera del director, dado que en menos de cuatro años recaudó 13 millones de dólares.

Los pájaros (1963)

Muchos espectadores habrán desarrollado un miedo a las aves después de ver esta cinta. Sus graznidos y los continuos ataques inexplicables a los personajes les habrán hecho cerrar los puños con fuerza y apretar los dientes. Es una de las mejores representaciones de la continua tensión que generaba Hitchcock con sus escenas.

El coqueteo en una pajarería de Melanie Daniels (Tippi Hedren) y Mitch Brenner (Rod Taylor) lleva a la protagonista a visitar Bodega Bay, el pueblo de Mitch. El primer ataque de las aves se produjo cuando Melanie, que conducía una lancha, recibe el picotazo de una gaviota.

Se trata sólo del inicio de la tragedia. Las bandadas de pájaros que habitan en el pueblo comienzan a arremeter de forma muy violenta y en oleadas incontrolables contra los ciudadanos. Llegan a hacerse con el control de la localidad y provocan una huida masiva de la población. Los vecinos culpan a Melanie de haber traído la desgracia a su pueblo.

Finalmente, Melanie, Mitch y la familia de éste, después de intentar confinarse sin éxito en su casa, deciden huir para salvar la vida de la protagonista, que se encontraba gravemente herida por la última embestida de las aves.

Tippi Hedren reveló en 2016 que Alfred Hitchcock le había agredido sexualmente mientras trabajaban en Los Pájaros y en Marnie, la ladrona. El cineasta supuestamente se lanzó sobre ella e intentó besarla mientras viajaban en limusina y, cuando recibió la negativa de la actriz, comenzó a coaccionarla con usar cuervos reales en las escenas más míticas de Los pájaros, como la de la cabina.

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