Si a finales de agosto su escenario fue Diez Minutos, esta vez ha elegido Vanity Fair. Irene Montero vuelve a hablar en una entrevista sobre cómo es su vida privada desde que es ministra de Igualdad. Lo hace en medio del acoso que sufre junto a su pareja, Pablo Iglesias, en su chalet de Galapagar, y entre los rumores sobre una supuesta infidelidad por parte del vicepresidente segundo. «Quien se inventa esas cosas no conoce nuestra vida. Cualquiera que vea nuestra rutina se reiría mucho, como les ocurre a nuestros escoltas y a la gente que trabaja con nosotros».

Durante la entrevista, que se publica este miércoles, Montero repasa también temas como la Monarquía, el feminismo, su currículum y niega la existencia de una ‘caja B’ de Podemos.

La ministra defiende a su pareja y asegura que cuando se le acusa de macho alfa forma parte es por la «intencionalidad de construir una imagen determinada». «A Pablo es fácil juzgarlo. No solo ha mostrado autoridad como secretario general, sino que ha sido el primer político que ha cogido tres meses un permiso de paternidad para cuidar a dos hijos prematuros mientras su compañera cumplía con sus tareas laborales».

En este sentido, Montero insiste en que «si Pablo no fuera una persona extremadamente sensible, hubiese sido muy difícil transitar en nuestras condiciones los acontecimientos que hemos vivido». «No es que me haya apoyado, es que lo hemos sufrido, reído y vivido todo juntos», explica. 

Montero se define a si misma como una persona conservadora en algunos aspectos de su vida. «Por ejemplo, en mi concepción de las relaciones de pareja». Y nada de tener una relación abierta. «En eso soy conservadora y no lo digo como virtud. Soy consciente de que soy así y no es una de mis prioridades de transformación», reconoce. Al ser preguntada sobre si ha tenido relaciones con mujeres, la titular de Igualdad responde: «He probado cosas, claro… En la adolescencia, en mi juventud. Pero siempre me he sentido heterosexual».

Irene Montero. VANITY FAIR

Montero admite que lo que más le ha afectado es el acoso que sufren en los alrededores de su polémica vivienda y las amenazas a sus hijos: «Claro que pusimos una denuncia, es nuestro deber como padres. Ahí operan una derecha y una ultraderecha que solo sobreviven a través del odio. Creen que amenaza su forma de vida, y no solo tratan de dañarnos personalmente, también quieren convencer a la gente de que está mal comprarte una casa con tu dinero e hipotecarte a 30 años».

Aún así, la ministra confía en las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. «Se trata de una operación política y lo quiero poner en perspectiva. Mucha gente ha dado su vida por defender la libertad y la justicia social, por tanto, no vamos de víctimas aunque no nos parece un buen precedente democrático».