Casas sobre las rocas en Porís de Candelaria (Santa Cruz de Tenerife)

Casas sobre las rocas en Porís de Candelaria (Santa Cruz de Tenerife) Ayuntamiento de Tijarafe

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El pueblo en la cueva en el último confín de España

La acción de la naturaleza, tan azarosa como inimitable, creó esta gran cavidad, donde se levantan e incrustan unas 40 casetas o casas cueva

Lo que popularmente se conoce como «primera línea de playa» es una minucia en comparación con Porís de Candelaria. Allí, en Tijarafe (Santa Cruz de Tenerife), en La Palma, las olas rompen contra la piedra volcánica y salpican -de manera literal- los hogares. El hechizo del entorno es único. Tanto, que desde el propio risco sobre el que se incrustan las casas, la vista dibuja la silueta de la Isla Bonita.

Las 40 viviendas que se mantienen al margen de una ley de costas que algún día las hizo peligrar colorean la postal de Porís de Candelaria. Durante el año no vive gente de forma habitual, es más un «donde nuestros vecinos veranean y pasan determinadas épocas», señala en conversación con El Independiente Diana Lorenzo, concejala de Turismo del Ayuntamiento de Tijarafe, municipio del que forma parte este rincón en el Atlántico.

Casas cueva de Porís de Candelaria

La estampa paradisiaca permanece ajena de cualquier tipo de proyecto turístico megalómano. Sólo se puede acceder en barco o a través de un sendero hasta el que sí se puede acceder en coche, pero los últimos «no más de diez minutos» hay que recorrerlos a pie, hasta descender a los pies de la cueva. Este lugar también tiene su historia. «No siempre ha sido lo que es hoy. Hace varias décadas, este punto de la zona costera fue importante para los lugareños» apunta Lorenzo, que explica que «eran muchas las mercancías, productos y utensilios que entraban al municipio por mar a través de los desembarques en la bahía, subidos hasta el casco del pueblo por burros, caballos o a hombros de los propios vecinos».

La acción de la naturaleza, tan azarosa como inimitable, creó esta gran cavidad. Aquel paraje fue elegido en su momento por los tijarafeños con un gusto propio de los arquitectos más ambiciosos: «Existen casetas o casas cueva que los dueños disfrutan de forma conjunta con sus propias familias y con los vecinos del lugar, además de acoger con los brazos abiertos a todo aquel que pase por allí coincidiendo con ellos (…) Son muchos los que se van con la barriga llena y el corazón contento» confiesa Lorenzo.

Qué ver en Tijarafe

Los poco más de 2.500 habitantes de Tijarafe están más que acostumbrados a la llegada de turistas, aunque no de manera masificada por el momento. «Son muchos los encantos de este lugar que atrae a cientos de visitantes durante todo el año y que el municipio recibe alegremente». Esta actividad, junto con el negocio del aguacate y del plátano, «son las principales actividades económicas del municipio» argumenta Lorenzo.

La representante del concejo comenta que «esta zona fue desarrollándose de forma progresiva hasta convertirse en lo que conocemos hoy día, sitio de recreo y expansión de muchos. Este lugar se promociona sólo, a través de las redes sociales de todos aquellos que nos visitan, el Porís de Candelaria ha llegado a cualquier parte del mundo». Además, añade que la playa de La Veta, situada muy cerca del Porís, «ha sido escenario de largometrajes, anuncios publicitarios y videos musicales».

La peculiaridad de la localidad tinerfeña la completa su conocida ‘Danza del Diablo’, fiesta declarada como bien de interés cultural y posteriormente, como bien de interés turístico. La noche del 7 de septiembre es testigo de como una estructura que representa la figura del diablo llena de fuegos de artificio «danza acompañado de gigantes y cabezudos». Antes de que la pandemia del coronavirus cambiase el mundo, miles de canarios procedentes de toda La Palma se congregaban en la plaza del pueblo cada noche del 7 de septiembre.

El colofón se produce cuando los fuegos de artificio que van explotando de forma progresiva a medida que avanza la danza explotan la cabeza del diablo, «dando lugar a la alegoría de que el bien vence sobre el mal y es la Virgen de Candelaria la que pone fin a este ser infernal», zanja Lorenzo.

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