Fotografía aérea de la playa de Marina d´Or

Marina d´Or Twitter / @MarinadOr

Tendencias

¿Qué fue de Marina d'Or, la ciudad de vacaciones insaciable?

«Marina d’Or, ciudad de vacaciones, ¿dígame?«. Aquella campaña publicitaria retumba en la cabeza de los españoles con la misma entonación y capacidad de hipnosis con la que lo hacía en la primera década del siglo. Se trata de su etapa más dorada, en las postrimerías del «España va bien», cuando Fernando Alonso coleccionaba mundiales de Fórmula 1 y Melendi llevaba rastas. Entonces, el sueño de convertirse en un magnate del ladrillo habitaba en los pensamientos de los emprendedores más diligentes.

La marca Marina d’Or nació en 1983, cuando su fundador Jesús Ger -un comercial de colchones y electrodomésticos barcelonés- fantaseó con convertir la costa de Oropesa en mucho más que un pueblito donde veranear. Ger vislumbró un proyecto megalómano: hoteles, miles de apartamentos, parques temáticos, un balneario, restaurantes… El primero de los sueños se cumplió en 1997 con la inauguración del Hotel Marina d’Or 3*. Después se levantarían tres más, de cinco, cuatro y tres estrellas, así como 15.000 apartamentos; mientras que en los planos se quedaron 20.000 viviendas, campos de golf y versiones de la Torre Eiffel, de la Torre de Pisa y del Arco del Triunfo.

El fenómeno Marina d´Or experimentó a primeros de los años 2000 su época más gloriosa con Anne Igartiburu como representante. «La gran profesionalidad y encanto de la modelo vasca, cuya imagen es atractiva y simpática para todos los miembros de la familia» fueron los motivos que empujaron al grupo a decantarse por su elección como rostro de Marina d’Or. Poco después, la crisis de 2008 asestaría un golpe casi definitivo al entramado de Marina d’Or.

Los peores años de la ciudad de vacaciones

El boom inmobiliario hizo honor a su distinción onomatopéyica y estalló. Los planes para este enclave residencial se truncaron y, por consiguiente, las edificaciones ya construidas perdieron valor al poco tiempo de ver la luz.

Comercializadora Mediterránea de Viviendas (Comervi), la empresa constructora y promotora de los apartamentos, entró en concurso de acreedores en 2014. Tras declararse como insolvente, Comervi se vio obligada a atravesar este procedimiento legal. Este duro episodio económico sólo involucró a una de las tres sociedades conglomerado, por lo que la firma Hoteles Marina d’Or y la dedicada a proyectos internacionales se mantuvieron bajo la administración habitual.

Las utópicas construcciones que planteaba Ger para redondear su proyecto se quedaron en eso. Las complicaciones evitaron que existiese una pista de esquí artificial a la orilla del mar, unos canales navegables al más puro estilo veneciano o un hotel sobre la mayor «pecera» de Europa.

El resurgir de Marina D’Or

El empresario barcelonés se resiste a que su mayor ambición acabe abandonada, entre escombros y presa de los grafiteros que suelen decorar estos paisajes. A todos los problemas ya mencionados, se unió la crisis del coronavirus.

La evolución de las sociedades que forman Marina d’Or ha sido positiva en los últimos ejercicios. Ya superado el concurso de acreedores, Comervi facturó 18 millones de euros y obtuvo un beneficio de 1,9 millones de euros en 2019, tal y como refleja el Registro Mercantil. Asimismo, la matriz de Marina d’Or facturó un total de 23 millones de euros en 2020, para ganar siete millones de euros.

El fondo de inversión americano Farfallon compró el pasado diciembre unos 107 millones de euros de la deuda de Marina d’Or. Este cambio ha llevado al frente del mando hotelero a Gestión de Activos Turísticos (GAT). La compañía ha realizado una inversión de 10 millones de euros para devolver a Marina d’Or a sus días más brillantes. Los paquetes vacacionales con ofertas de hasta un 35 % en el renovado Marina d’Or impulsan su resurgir, 38 años después del inicio de la ciudad de vacaciones donde todo parecía posible.

Te puede interesar

Comentar ()